domingo, 9 de junio de 2019

cornudo pero contento

intercambio de parejas
Aquel día salí antes del trabajo así que entré cuidadosamente en casa para darle una sorpresa a mi mujer. Pero la sorpresa me la llevé yo.
Según avanzaba por el pasillo empecé a escuchar ruidos que procedían del dormitorio. Eran gemidos. No lo podía creer.
Me acerqué a la puerta y asomé sigi
losamente la cabeza. Allí estaba mi mujer haciéndole una mamada alucinante al socorrista de nuestra urbanización. Era increíble. A mi nunca me la había chupado con tantas ganas la muy puta.
Se la metía hasta la garganta, incluso dando arcadas. Era increíble. Estaba desatada. Yo estaba a punto de entrar y matarlos a los dos pero incomprensiblemente y a pesar del enfado sentí una enorme erección. La polla me palpitaba y me puse muy cachondo así que me la saqué y me empecé a hacer una paja grandiosa.
Me excitaba muchísimo ver a mi mujer como una auténtica cerda a pesar de lo traicionado y cornudo que me sentía. Después de hacer la mejor mamada de su vida se subió encima de él y empezó a cabalgar fuertemente.
-Tócame las tetas,vamos. Le dijo.
Conmigo nunca decía nada cuando lo hacíamos. Sólo soltaba algún gemido tímido y poco más. Era una sosa. Por eso flipé al verla en esa actitud, chupar una polla con tantas ganas, y verla tan suelta follando.
– Vamos, no pares de follarme,así, así. Decía la muy guarra.
Entonces el la puso a cuatro patas y se la empezó a follar salvajemente. Ella gemía sin parar. Su cara estaba desencajada. Nunca había visto esos ojos de viciosa.
-Así,así. Follame. Follame vamos!
Yo estaba haciendome la mejor paja de mi vida cuando de repente dijo:
-Ahora métemela por el culo.
Y por ahí si que no pasé. A mi nunca me había dejado darla por el culo. Y todo a pesar de haberla comido incluso el culo en varias ocasiones. Y bien comido. Pero luego no se dejaba. Y ahora iba a dejar q se la follara por detrás cualquiera.
Así que entré en la habitación. Los dos empezaron a taparse como pudieron.
-Cariño! Me dijo. Yo no la dejé seguir hablando.
-Ya veo de lo que eres capaz puta. Querías que éste te follara el culo?
-Vístete y vete de aquí chaval. El chico agachó la cabeza y obedeció. Cogió sus cosas y se fue.
Mi mujer estaba tumbada en la cama tapada con las sábanas.
-Ahora no te tapes puta. Ya he visto demasiado. No tengas vergüenza ya. No te preocupes, no me enfado y nunca te volveré a hablar de esto. Pero ahora te voy a dar por el culo hasta reventarte.
Ella estaba avergonzada y muy cortada así que la dije dulcemente:
-Vamos acércate.
Ella vino hacia mi y yo me saqué la polla y la acerqué a su boca. Ella empezó a chupar tímidamente.
-He visto de lo que eres capaz cariño, chúpamela con las mismas ganas con las que se la chupabas a el. No! Con más ganas.
Ella comenzó a tragar como nunca. Se la metía hasta los huevos y con cada metida daba una fuerte arcada.
-Así, eso es, guarra. Chúpala, así…
Así estuvo un rato hasta que le agarré la cara y la dije:
– Date la vuelta. Ella obedeció.
– Ahora pídeme que te folle el culo.
-Follame el culo. Dijo ella.
-No, quiero que me lo supliques, que me lo pidas con ganas, que lo desees con todo tu cuerpo.
-Oh, dame por el culo ya por lo que más quieras, vamos! Destrózame!
Eso era lo que quería oír así que cogí mi polla y puse la punta contra ese ano que tantísimo tiempo llevaba deseando y que había estado a punto de disfrutar otro.
Primero escupí abundantemente en su culo y entonces fui metiendo lentamente mi polla.
-Espera, despacio. Dijo ella.
-Seguro que eso no se lo hubieras dicho al otro, puta.
Así que empecé a darla su merecido por haberme engañado. La volví a escupir en el ano y entonces la  follé salvajemente durante unos minutos, entonces dijo:
– Aaah, así, así.
-Te gusta, puta? Le dije.
-Si, me encanta. Vamos no pares de follarme, aaaahh.
Era una sensación gloriosa. Había visto a mi mujer chupandosela a otro como si no hubiera un mañana y follandoselo como una cerda y ahora era yo quien la estaba reventando ese culito de zorra.
Pero no iba a acabar ahí la cosa. Se la saqué del culo y me acerqué a su cara.
-Ahora viene lo mejor, nena. Ahora me voy a correr en tu boca por primera vez. Y no puedes negarte. No después de haber visto de lo que eres capaz, de lo guarra que eres.
Sin dejarla mediar palabra cogí su cabeza y empecé a meterle la polla en la boca fuertemente. Entonces ocurrió algo maravilloso. Ella apartó mis manos de su cabeza y siguió chupando ella sola como una loca. Me miraba a los ojos mientras subía y bajaba. A veces se detenía en el capullo y le dedicaba unos cuantos lengüetazos. Yo ya no podía más y ella lo sabía así que empezó a aumentar el ritmo al tiempo que se la metía cada vez más y más adentro. Era indescriptible el placer que estaba sintiendo. Descubrir ese lado oculto de mi mujer me ponía a mil. Era una auténtica puta, mi puta.
Entonces exploté. Todavía recuerdo perfectamente como salía mi leche entré sus labios y cómo ella procuraba minuciosamente sorber hasta la última gota. No paró de chupar hasta que terminé de correrme completamente. Fue alucinante.
Desde entonces no hemos vuelto a hablar del tema, pero el sexo ha mejorado muchísimo

martes, 4 de junio de 2019

relato cornudo con fotos de la comunidad cukold de twitter todo el material forografico es de esposos que comparten sus esposas en twitter

intercambio de parejas

 relato cornudo con fotos de la comunidad cukold  de twitter  todo el material forografico es de esposos que  comparten sus esposas en twitter

Parecía una fiesta muy aburrida hasta que… conoció a la mujer de uno de los directivos.

De Masetto
La semana pasada me pasó algo extraordinario. La historia empieza el martes,
cuando vino mi jefe y nos invitó a mí y a mi compañero a una de estas
fiestas sociales que se montan para quedar bien con toda la gente
influyente. Mi compañero y yo éramos un poco los representantes de la
empresa.
Llegó el viernes, y vestidos para la ocasión, nos dirigimos a la dirección
que nos habían indicado. La casa donde se celebraba la fiesta era una
especie de mansión y era todo muy lujoso.
Había por lo menos 400 personas y
no conocíamos prácticamente a nadie de la empresa porqué sólo estábamos
nosotros dos, la secretaria del jefe y los directivos de departamento con
sus respectivas mujeres. La fiesta se presentaba bastante aburrida, así que
mi amigo y yo nos dejamos caer cerca de la barra donde servían las bebidas y
empezamos a catar los diferentes cócteles.
Al rato, vimos a uno de los directivos con su mujer. Yo nunca había tenido
demasiado trato con él, pero mi amigo sí. Ellos se acercaron y nos
saludaron. De lejos no me había fijado, pero cuando la tuve delante me
sorprendió muy agradablemente. Esa hembra que tenía delante, tendría sus
cuarenta y tantos años, pero se conservaba divinamente, y lucía un extremado
escote que enseñaba dos
enormes y preciosas tetas. Ella ya debería llevar
dos o tres cubatas, porque se la veía muy alegre. Me quedé absorto
mirándola. Entre tanto, mi amigo y ese señor se habían puesto a hablar
dilatadamente, mientras, ella y yo nos cruzamos la mirada un par de veces.
Yo ya me había acabado la copa hacía un buen rato cuando la mujer le dijo a
su marido que iba a buscar algo para beber mientras enseñaba un vaso vacío
que llevaba en la mano.
Yo me ofrecí gustosamente a acompañarla para aprovechar y llenar también mi
copa. El salón estaba ya a estas alturas de la fiesta a rebosar de gente y
no era precisamente fácil llegar a la barra de las bebidas. Ella se abría
pasó entre la muchedumbre mientras yo iba detrás siguiendo con la mirada su
precioso culo que aún estaba en su sitio y acorde con todo su cuerpo
rellenito. En los últimos metros era imposible avanzar. Una barrera de
brazos y cuerpos hacía que quedáramos apretados. Desde atrás, yo me apretaba
contra ella intentando hacer señales al camarero para llamarle. Esa hembra
me excitaba muchísimo, y me daba mucho placer y morbo apretar mi paquete
contra su hermoso culo. Enseguida me empalmé, y mi polla abultaba
descaradamente debajo de mis pantalones. Noté como ella apretaba su culo
contra mí mientras acariciaba discretamente mis piernas con sus manos
bajadas. Yo me aferré a
ella para sentir el olor intenso y penetrante que desprendía. Al son de la
música latina que sonaba en ese momento, empecé a bailar frotando
sinuosamente mi paquete contra su culo, mientras notaba como ella contraía y
aflojaba repetidamente sus nalgas de excitación. Ese movimiento continuado
hizo que mi polla acabara por meterse entre sus nalgas. Ella seguía
contrayendo las nalgas fuertemente para mantener mi polla aprisionada y
sentirla toda erecta y grande como se me había puesto. Su respiración era
cada vez más acelerada. Al fin el camarero se dignó a atendernos, y tras
preguntarle lo que quería, pedí dos vodkas con limón. Levanté mis manos por
encima de las cabezas de la gente, y cuando los empecé a bajar hice ver que
se me derramaba un poco del líquido encima de ella. Se me fue un poco la
mano, porqué se derramó casi medio vaso en su escote. Le había dejado la
blusa toda empapada y con las tetas todas mojadas, el alcohol se escurría
por la regatera que hacían esas dos enormes montañas que tenía por tetas…
me disculpé repetidas veces mientras se me escapaba la risa. Ella también se
reía y me dijo que no pasaba nada. Yo me ofrec&iac
ute; rápidamente para acompañarla
al baño para que se arreglara un poco y le dije que en el piso de arriba
habría algún baño libre. Ella se giró y luego me sonrió con complicidad. Se
acercó a mi oído y me dijo que fuéramos para allá.
Yo pasé primero haciendo que ella me siguiera. Me puse una mano en el
bolsillo para intentar sujetar mi polla que salía desbordada y delataba mi
erección. Subimos las escaleras que llevaban al piso superior. Las escaleras
daban hasta un largo corredor lleno de puertas, y enfrente una puerta doble
que daba a un gran salón donde también había gente de la fiesta. Yo me quedé
vacilando unos segundos, ella tardó en alcanzarme, y cuando llego donde yo
estaba, parecía que estaba un poco mareada porqué había ido bebiendo del
vaso que le había dado. La agarré de la cintura y nos metimos por el
corredor hasta que vi al final, una puerta entreabierta. Me asomé y vi que
era el baño. La agarré y la metí hacia dentro y luego cerré la puerta.
La pared estaba toda recubierta por un espejo enorme. Ella se puso delante
del salpicadero y se mojó la cara con agua. Luego se palpó las tetas con las
dos manos y vio que estaba toda mojada.
Yo estaba allí quieto sin decir ni hacer nada, pero sin dejar de mirar ni un
momento para no perderme ni un detalle. Ella tampoco dejaba de mirarme a
través del espejo mientras levantaba los brazos para quitarse la blusa por
la cabeza. Cuando se levantó la blusa, salieron sus dos enormes tetas
rebotadas. Llevaba puestos unos sujetadores negros sin tirantes y que solo
se agarraban por la espalda. Ella abrió el grifo de agua caliente y arqueó
su cuerpo para bañar sus tetas con el agua mientras se le levantaba la corta
falda que llevaba. Yo no pude contenerme más al ver a esa hembra madurita y
tan ancha de caderas mostrándome su culo en pompa. Me arrimé a ella por
detrás tal y como lo habíamos hecho en la cola de abajo y empecé a
restregarme contra su culo. Ella levantó la cabeza y me miró a través del
espejo mientras sonreía, y se apretaba también ella contra mí. Empezó de
nuevo con el juego de contraer y aflojar las nalgas para aprisionar mi polla
entre ellas. La erección que sufría mi polla era del calibre 100, y mi
excitación era enorme. La agarré de las caderas y empecé a moverme de abajo
hacia arriba con mi polla metida entre sus nalgas. Sus contracciones eran
cada vez más aceleradas y fuertes, mientras su respiración se hacía cada vez
más y más intensa. Con ese movimiento continuado y compulsivo, pronto la
falda se le había levantado del todo y dejaba su culo todo al descubierto.
Mis manos empezaron a sobarlo y mis dedos se zambulleron dentro de su coñito
peludo. Tenía las bragas realmente mojadas, y no precisamente de vodka, era
algo mucho más delicioso. Me agaché y empecé a lamerle el coño por encima de
las bragas para notar su aroma y su gusto tan intenso que desprendía. Ella
separó las piernas y arqueó todavía más su cuerpo para que mi boca llegara
bien hasta su coño. Empecé a mordisquear los labios de su coño ligeramente e
intentando no lastimarla, pero llevado por un impulso casi animal que no
podía contener y que me producía el olor que desprendían sus fluidos
vaginales llevándome a la locura. Ella se apresuró a llevarse una mano
hacia atrás para agarrar mi cabeza e intentar contenerme, pero sus suspiros
se convirtieron en pequeños gemidos contenidos y me pidió que siguiera
haciéndoselo un poco más. Ella no paraba de decirme que eso le daba mucho
placer, cuando se bajó las bragas y entonces pude meter mi lengua hasta
dentro de sus entrañas. OOohhh… Eran deliciosos sus jugos, y dentro de su
coño era abundante. Las paredes cavernosas que había dentro estaban todas
impregnadas de ese delicioso néctar, y me lengua húmeda lo absorbía todo a
lametones.
Estábamos los dos muy excitados. Me levanté y me desabroché los pantalones.
Mi polla salió disparada como si tuviera vida
propia. Cogí mi cartera y
saqué el preservativo que siempre llevo para los casos de emergencia y que
mi novia nunca ha entendido por que. Ella me agarró fuertemente de la polla
dispuesta a ayudarme mientras yo desenrollaba el preservativo a lo largo de
mi miembro. Ella volvió a ponerse en la posición de antes y apoyada al
salpicadero con las dos manos. El cuerpo arqueado casi en horizontal y con
las piernas muy separadas. -«Fóllame por el coño, por favor»- me dijo,
porque tenía el coño excitadísimo y necesitaba que se la metiera por allí.
Mi polla se deslizó por entre sus piernas y acariciando sus labios del coño
que estaban abiertos de par en par. Me la agarré con una mano y la conduje
hasta el orificio vaginal. Metí toda la punta y luego llevé mis manos hasta
sus caderas para agarrarla con fuerza y dar el empujón definitivo. Se la
introduje de golpe y ella soltó un grito. Yo temí que alguien nos pudiera
oír, pero a la vez esto me daba mucho morbo y me excitaba muchísimo. Empecé
a hacer el mete y saca que tanto me gusta hacer, clavándosela hasta el fondo
para que ella pudiera sentir toda mi polla dentro. Cada vez que se la
metía, ella se estremecía de placer.
Los dos teníamos la mirada clavada en el espejo de delante nuestro y
disfrutábamos viendo nuestra follada. Veía como con las sacudidas, sus tetas
se habían salido de los sujetadores y ahora se balanceaban de un lado a
otro. Mi polla notaba como el coño cada vez se humedecía más y más, y mi
miembro se deslizaba ahora mejor dentro de ella. Viendo que su excitación
era cada vez mayor, empecé a embestirla fuertemente mientras sentía que su
coño palpitaba de placer y al punto del orgasmo estrujando mi polla entre
sus paredes cavernosas y mojadas. Yo no podía aguantar aquel movimiento
mucho tiempo más e iba a correrme en breves momentos. Me monté encima de
ella abrazándola y agarrándome a sus tetas para sentir todo su cuerpo pegado
al mío. Mis manos sobaban sus tetas mientras apretaba con las yemas de los
dedos sus pezones duros y erectos. Ella empezó a temblar y todo su cuerpo
vibraba mientras de su boca salían resoplidos y gemidos ahogados. Mientras
yo seguía golpeando mis caderas contra su precioso culo, alentando el ritmo
y cada vez más despacio para mantener mi polla el mayor tiempo posible
dentro de ella. Sentí como estaba a punto de correrme y mi cuerpo también
empezó a vibrar y a temblar enormemente mientras sentía como mi polla se
succionaba a un ritmo estrepitoso y derramaba a borbotones toda mi leche. Mi
orgasmo se prolongó hasta que mi polla dejó de eyacular chorritos de semen.
Duró hasta casi medio minuto y con una intensidad que raras veces he
sentido. Estuvimos quietos y sin despegarnos hasta que nuestros cuerpos se
calmaron y se estabilizaron de nuevo. Después yo salí de ella y la ayudé a
incorporarse. Ella se volvió hacia mí y nos dimos un largo beso muy
apasionado enredando nuestras lenguas. Después me miró y me dijo que había
sido el mejor polvo de su vida. Fue entonces cuando me acordé de aquel pobre
hombre que debía estar volviéndose loco buscando a su mujer. Me vestí
apresuradamente y le dije que se arreglara y se esperara un par de minutos
en salir para que nadie sospechara nada. Salí por aquella puerta y ya no la
volví a ver. Quizá cuando se celebre la próxima fiesta…
Ya lo había comprobado con Amalia hace un par de años (leer el relato «Una
vecina muy cariñosa» publicado en esta misma página), pero la semana pasada
pude confirmarlo, y es que el sexo entre una mujer madura y un chico joven
puede ser la cosa más grande y placentera, así que ya sabes, si eres una
mujer madura y quieres conocerme, no dudes en escribirme. Tampoco dejéis de
escribirme para hacerme comentarios de la
historia y de lo que os a parecido. un besazo. masetto26 (arroba) hotmail.com

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