miércoles, 15 de septiembre de 2010

LA FANTASíA DE MI MUJER

intercambio de parejas
Mi esposa queria realizar su fantasí­a sexual compartiendo por un rato con otra mujer y que cosa vivió.


Hoy les contaré una historia que no hace mucho tiempo me ocurrió; soy Carlos tengo 38 años de edad y de casado llevo 12 años. Un dí­a viendo algunas pelí­culas para adultos en compañí­a de mi esposa, comenzamos a contarnos algunas de nuestras fantasí­as sexuales que quisiéramos realizar; ella me dijo que querí­a experimentar con otra mujer mientras yo la miraba y me preguntó si eso me disgustarí­a, le respondí­ que no, que seria curioso ver que pasaba.

No les miento, mis miedos, producto del machismo con que fuimos criados los latinos, me hizo dudar un poco; pensé en ella y en lo que ella querí­a y cerré mi mente a los malos pensamientos y a los prejuicios de la sociedad en la que vivo y comencé la búsqueda de la persona que serí­a pareja de mi esposa.

Unos dí­as después preguntando en diferentes partes, de esas para adultos y masajes, como contactar una mujer para que realizara la fantasí­a a mi esposa, di con una página en donde se podí­a contratar una chica prepago. Llamé y no me prestaban el servicio, pero si me comentaron de una pareja que podrí­a ayudarme.

Al dí­a siguiente llame al número que me dieron y contesto una mujer con una voz sensual, no era prepago super.. uffff, le comenté lo que querí­a y ella me dijo que no, que lo que ellos hací­an era básicamente intercambio y si tení­an relaciones lesbicas también pedí­an que participara sus pareja.

Yo acepte pero no le comente a mi esposa nada, logré acordar con Clara (así­ se llamaba la mujer), que se iniciara sin la presencia del esposo y en eso quedamos, al igual que solo nos verí­amos en el apartamento de ellos.

Invité a mi esposa a salir a donde unos compañeros del trabajo, (otro acuerdo que hicimos con Clara), ella acepto y salimos sin complicación. Ella estaba muy linda, vestí­a un traje oscuro ceñido al cuerpo con un escote que dejaba ver parte de sus hermosos senos, una falda corta y sensual y una bufanda delgada que combinaba con su pinta.

Cuando llegamos al apartamento conocí­ a Clara, una mujer linda, no de mucha estatura pero si de medidas proporcionales a su estatura; me dijo que su esposo habí­a tenido que viajar pero que no importaba que ella continuarí­a con lo pactado, y así­ fue. Pedimos comida y comenzamos a tomar vino. Entre risas e historias, los temas fuero tornándose más picantes. Mery, mi esposa, ya con más confianza, hacia comentarios algo más subidos de tono, cosa que nunca hace, sonrojándose permanentemente por su timidez.

Clara propuso jugar “la verdad o se atreve” y “chévere” dijimos los dos. Cuando ella salió a traer la botella, yo le comenté a mi mujer que si no habí­a notado como Clara la miraba, como si quisiera comérsela; ella se sonrió pero no dijo nada. El juego comenzó y de entrada perdió mi esposa, Clara preguntó “la verdad o se atreve?”, la respuesta: La verdad. Clara se sonrió sin dejar de mirarla a los ojos de manera seductora y le dijo “que fantasí­a sexual te gustarí­a realizar y cuando?.

Creo que por los tragos mi mujer respondió sin pensarlo un instante, “tener una relación con otra mujer”... Si? Preguntó Clara, por que no las has realizado. No se, respondió ella, tal vez por miedo o inseguridad, no se por que otra razón. En los ojos de las dos se veí­an rasgos de excitación. Clara continuó jugando y sin ganar o perder le preguntó a mi esposa que si le gustarí­a tener sexo ahora mismo con ella?

Mery se sonrojo y me miro asustada como pidiendo ayuda, Clara la miró y le dijo: “ no le preguntes a él los hombres no pueden decidir por ti y además es tu fantasí­a.. o no?”

Yo me quedé callado sin modular nada; lo único que se, es que el grado de excitación era cada vez mayor, más aún cuando vi que Clara se quitaba el vestido blanco que tenia y se acercaba a mi mujer. Clara se arrodillo frente a mi esposa y sin decirle nada le dio un beso muy sensual; que al principio la asustó, pero con tal suavidad que la fue metiendo en el cuento; minutos más tarde, mi esposa saboreaba sin temor alguno los carnudos labios de su amante.

Yo me aparte un poco, dándole espacio para que se sintiera tranquila, pero no tan lejos como para no ver los que allí­ ocurrí­a; poco a poco, Clara la fue desvistiendo hasta dejarla completamente desnuda, sus labios recorrí­an su cuerpo, su boca, su cuello, besaba sus lóbulos y continuaba bajando hasta llegar a sus senos; allí­ se detuvo un buen rato chupándoselos y mordisqueándolos con suavidad, con pasión entreteniéndose con sus pezones; mi mujer dejaba ver el grado de excitación que eso le producí­a, sudorosa y caliente permití­a que su amante le hiciera lo que quisiera y dejando que de su boca salieran pequeños gemidos de placer.

Clara continúo con su trabajo, con sus labios y su lengua recorrí­a su abdomen y deteniéndose en su hombrigo, jugueteó con su lengua dentro de el. Continuó bajando y llegó a la vagina, que para entonces, estaba empapada, producto de la excitación que tení­a. Sin decir nada, abrió sus piernas como invitando a Clara a que hiciera con ella lo que quisiera y Clara así­ lo entendió. Bajo hasta su sexo y comenzó a besarla, estaba humead y rosada, sedienta de placer, con la temperatura a todo vapor y brincos que la estremecí­an constantemente.

Clara pasaba su lengua por encima de su clí­toris, con suavidad, pero con firmeza, cada pasada la hacia estremecer, era tal el grado de excitación que tomaba la cabeza de Clara con sus dos manos y la sumergí­a entre sus piernas como para que no se fuera escapar; de su boca salí­an gritos de placer y su cuerpo temblaba con lo que ella le hacia; de un momento a otro vi como mi esposa llego a un súper orgasmo que le hizo cerrar las piernas y dejar a Claro atrapada en ellas.

Por mi parte, ya estaba a mil, deseaba meterme entre las dos y hacer el amor, pero era parte del trato, “solo con ella”. Cuando mi mujer llegó a la cúspide de su orgasmo, Clara la beso con pasión por un rato y le dijo suavemente: “ahora te toca a ti.. hazme vibrar”, sin pensarlo un instante comenzó a besarla, llegó a sus senos y los chupó con deseo, con ganas de conocer a que sabí­an; jugaba con sus pezones endurecidos por la excitación; de allí­ se desplazó hasta su abdomen y luego a su ingle, en un principio, algo escrupulosa (talvez por ser la primera vez), luego se abalanzo sobre ella y comenzó a comérsele el clí­toris, los labios vaginales, la entrepierna y todo lo que a su paso encontraba. Su boca estaba humedecida por los lí­quidos vaginales de Clara que brotaban con el paso de la lengua de Mery.

Clara cambio de colores, su excitación no la podí­a ocultar, mi mujer la estaba haciendo llegar a un orgasmo, Clara solo disfrutaba sintiendo lo que mi esposa le hací­a. Fue increí­ble el grito que lanzó cuando logró mi esposa su cometido. Las dos agotadas se quedaron por un rato en silencio. Mery se acordó que yo existí­a e intento ponerse de pie, Clara no la dejo, me vio con una mirada provocativa y sin decir nada, pero sin quitarme los ojos de encima, comenzó nuevamente a comerse a mi mujer, no podí­a creer lo que veí­a, mi Mery disfrutaba de su fantasí­a. Orgasmos tras orgasmos, las dos jugaron por más de dos horas hasta que bruno hizo su entrada.

Bruno era el amante de Clara, quien aprovechaba que su esposo viajaba para él reemplazarlo en su ausencia. Era un hombre de no más de 39 años, trigueño y de cuerpo atlético, quien se quedó aturdido al ver como mi esposa y su amante se comí­an y como los gemidos de ambas se mezclaban formando la mejor melodí­a erótica.

Bruno se quedó de pie en silencio junto a mi, hasta cuando Clara lo vio, se sonrió un poco y lo invito a la fiesta. Él como si nada, se desnudo; mientras tanto, ella acomodó a Mery de espaldas sobre la alfombra y se arrodillo, dejándole expuesta su cuca en su boca para que nuevamente se la comiera. Mientras tanto ella tomaba el bien dotado pene de Bruno y lo llevaba a su boca comenzando con una gran mamada, una de pelí­cula porno; chupaba y mordisqueaba su glande, se lo introducí­a todo en su boca y lo apretaba y lo volví­a a soltar.. todo un espectáculo.

Unos minutos más tarde Bruno no aguantó mas, tomo a Clara y la puso boca abajo sobre mi esposa, invitándola a continuar con su trabajo, mientras él la penetraba con fuerza. Se inicia allí­ un mete y saca constante, fuerte y placentero para Clara y su amante furtivo. Maria estaba súper excitadí­sima, no se sabia si era por lo que le hacia Clara o por escuchar los gemidos de bruno y ella. Clara retira su boca de mi esposa y Mery continua masturbándose mientras Bruno terminaba con la follada de Clara.

Clara notó la arrechura que producí­a en Mery verlos a ellos dos en acción y decidió tender de espalda a Bruno y colocar a mi esposa sobre él para que este le chupara su clí­toris mientras ella cabalgaba sobre su enorme verga. Bruno introducí­a su lengua hasta lo más profundo de la vagina de Mery, rozándole fuertemente su clí­toris, bebiendo sus flujos, que para entonces salí­an sin poderlos detener. Le mamaba tan bien su vagina, que de su boca salí­an espontáneamente gritos de placer; sus senos, endurecidos por la excitación y sus pezones grandes y duros apuntaban al infinito y serví­an de asidero al inesperado amante.

Al momento las cosas iban bien, hasta que a Bruno se le antojó probar cuca ajena..Clara se bajó del gigantesco pene y noto las intenciones de Bruno, quien coloco en cuatro patas a mi esposa para cogerla por detrás, “que culo tan rico, que cuca tan rica” le decí­a. Mery me miro como diciéndome que la dejara, me dijo “quiero vivir esto” y permitió que bruno la ensartara con su pene. Hay..fue lo único que dijo antes de ser adsorbida por su tremenda excitación.

Clara vino hacia mi y por la espalda me abrazó diciéndome al oí­do “déjala” recostándome nuevamente en la silla observando como a mi mujer se la comí­a otro hombre y frente a mi. Bruno la penetraba fuertemente y con cada embestida de sacaba un gemido de excitación y cada vez esos gritos eran mas fuertes. Mery disfrutaba lo que Bruno le hacia, su rostro estaba empapado de sudor, su rostro reflejaba morbo, satisfacción. Bruno la estaba llevando a otro orgasmo, uno más fuerte que el anterior, uno que nunca en su vida olvidarí­a. Ella logro el orgasmo, él no, quien seguí­a taladrando con fuerza su sensible vagina mientras ella se retorcí­a disfrutando ese orgasmo; no podí­a ni sostenerse en pie. Bruno saco su pene y se lo colocó en su cara dejando caer sobre ella su semen, para después introducí­rselo en su boca y terminar allí­ lo que habí­a comenzado.

No se podrán imaginar por un instante lo que fue eso para mí­, pues ni yo lo podí­a creer. Mi esposa mas que satisfecha quedó sentada en el suelo y Clara comenzó nuevamente a besarla mientras Bruno tomaba otra copa de vino. Clara me miro, dejó a Mery y se vino gateando hacia mi: “eres buen marido” y sin decir mas desabrocho mi pantalón dejando que Mery viera lo que hacia y comenzó a darme una mamada que me puso a volar.

Estaba ya súper excitado cuando salió Bruno de la cocina se quedó un rato viendo lo que Clara me hacia, se acercó a nosotros, la tomó del brazo y la colocó sobre el brazo del sofá comenzando nuevamente su faena, pero esta ves por el ano de Clara. Mery, estaba exhausta, sus piernas temblaban como una gelatina por los múltiples orgasmos alanzados. Con mucho esfuerzo se acerco a mí­ y continúo lo que Clara habí­a comenzado. Ella sabe que me gusta como me lo mama y así­ lo hizo. No pude aguantar mas, la tome y la coloque sobre mis piernas y le hice por primera vez en esa noche al amor a mi esposa, que iniciaba nuevamente un orgasmos tras otro: “no puedo mas” y se bajo.

Clara notó lo que paso y le dijo a Bruno que querí­a ser comida por dos hombres al mismo tiempo y así­ fue. Se inicio una penetraba fuerte por ano y vagina hasta que ella llegó, luego Bruno y por último yo.

Nos quedamos unos instantes en silencio, yo abrazaba a Mery y Bruno a Clara; nos tomamos unos vinos, intercambiamos algunas palabras, nos reí­mos de algunos cuentos, nos vestimos y nos fuimos y hasta la fecha no se ha hablado del tema; pero de algo si estoy seguro Mery vivió su fantasí­a y la vivó al máximo.

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