miércoles, 4 de agosto de 2010

intercambio de parejas

INTERCAMBIO DE PAREJAS

Subimos al coche y salí del aparcamiento, el trayecto hasta la carretera es un poco complicado, son caminos de tierra sin señalizar y muy estrechos. Yo estaba impaciente por saber que había pasado, que habrían hecho los dos solos en la playa. Y aunque ya me había corrido 4 veces mi excitación era máxima y no tarde en preguntarle a mi mujer:

- Esther, qué habéis hecho cuando os he dejado. Por qué habéis tardado tanto.

- Cuando lleguemos a casa te lo contaré.

Durante la hora de viaje no me dijo nada. Por mi mente pasaron infinidad de imágenes. Mi mujer cerraba los ojos y respiraba profundamente, aun se estaba corriendo. Cuando llegamos subimos al piso, nos sentamos en el sofá y me dijo:

- Cuando me metiste su polla y te fuiste, Juan me dijo que eras un cabrón y que me iba a sacar la puta que llevo dentro. Y comenzó a follarme con todas sus fuerzas, su polla era muy larga y cuando me la metía hasta el fondo me llegaba hasta la barriga, sentía un fuerte dolor que enseguida se convertía en un placer extremo.

Tenía ganas de volverme a correr, mi mujer se lo había pasado de miedo, pero aun no me había contado nada. Las dos horas dieron para mucho. Tenía mucho morbo por saberlo todo. Le pregunté:

- ¿Te besaba?

- Le gustaba meterme la lengua mientras me besaba en la boca. No paraba de chuparme y lamerme con sus labios y su lengua, me decía que sabía a guarra y que tenía que saborearme porque le gustan las mujeres que saben a guarra. Su aliento olía a tabaco y esto me excitaba.

- ¿Estuvo mucho tiempo follándote?

- Perdí la noción del tiempo, tal vez unos 20 minutos. No paraba de moverse sobre mí. Me apretaba las tetas y el culo con sus manos hasta que notaba que me hacía daño y después me decía que era una golfa y que para la edad que tenía aun estaba muy buena.

Al contarme esto me entraron ganas de hacerle el amor y sentir su cuerpo. Entramos en nuestra habitación y Esther se quito el bikini negro que le había regalado. Vi que le salía algo de la vagina y le pregunté:

- Qué es eso que tienes dentro de la vagina.

Era como una especie de cilindro de plástico de unos 3 cm. de diámetro que sobresalía un poco por encima de los labios de la vagina. Ella se lo tocó para asegurarse de que no se movía. Y me dijo:

- Cuando iba a correrse me dijo que me iba a llenar de leche que hacia varios días que no se corría. Me metió su polla hasta el fondo de mí, creía que me iba a morir del dolor y del placer que tuve en ese momento. Estuvo mucho tiempo corriéndose dentro de mí casi sin moverse, mientras me apretaba el culo con fuerza con las manos. Notaba como me iba entrando su leche dentro de mí. Después se paró y estuvo unos minutos encima de mí sin sacarme la polla, acariciándome el pelo y diciéndome que ya comenzaba a sacar la puta que llevo dentro. Al rato abrió su riñonera y sacó esto que me ha puesto. Me dijo que levantara las piernas, sacó su polla con cuidado y me metió este tapón en la vagina.

- ¿Para que conservases su semen?

- Quiere que me folles con su leche dentro. Es lo que el me ha pedido que hagas y quiero que sea así, que sientas en tu polla lo mismo que he sentido yo dentro de mi vagina.

Nunca hubiese pensado que Esther me iba pedir algo así. Parece que el poco tiempo que ha estado con Juan ha cambiado su forma de pensar. A ella siempre le había excitado mi fantasía de hacerlo con otro hombre, pero veo que la realidad le ha gustado mucho más.

- Qué más hicisteis en la playa, porque habéis estado 2 horas juntos.

- Ahora hazme el amor. Después te contaré más.

Se acostó en la cama boca arriba y con mucho cuidado se sacó el tapón de dentro de su coño. Era un cilindro de unos 10 cm. de largo y 3 de ancho con una rebaja en el centro a modo de diábolo, para que encajase bien en la vagina y no se saliese ni entrase. Imagino que sería de fabricación artesanal. La parte que estaba en su interior salió manchada de semen, mi mujer se lo untó en los labios de la vagina. Me dijo:

- Vamos José méteme ahora tu polla. Juan quiere que sea así.

Me acabé de desnudar, tenía el pene muy duro. En una de las muchas fantasías sexuales que había tenido recordaba haber imaginado algo parecido. Notaba que el morbo podía conmigo, tenía ganas de follarme a mi mujer con el semen de otro tío dentro de ella. Sentir que otro había dejado su semen dentro de mi mujer y que mi polla lo iba a notar me puso el corazón a mil. Esther sonreía y se sentía satisfecha porque yo estaba cumpliendo la orden que Juan nos había marcado y no estaba poniendo ningún pero.

Le metí mi polla, tenía toda la vagina mojadísima, parecía que había metido la polla en un bote de leche condensada, no notaba el contacto con las paredes vaginales, todo era líquido espeso. Cuando me acerqué más a ella vi que tenía marcas en el cuello y pequeños moratones en las tetas. Parecía que Juan se había divertido con ella. Me excitó mucho pensar todo lo que él habría disfrutado con Esther y le dije:

- Estás muy mojada.

- ¿Tú no querías que se corriese dentro de mí? Pues ahí lo tienes, disfruta de tu fantasía.

- Tienes marcas en el cuello y en las tetas.

- A Juan le gustaba chuparme el cuello y las tetas mientras me follaba. También me apretaba con sus manos hasta que me oía gritar.

Me estaba haciendo una idea de como se lo habrían pasado. Juan había encontrado el punto de Esther en que se deja hacer cualquier cosa. Mi pene cada vez se ponía más duro y más erecto dentro de ella, intentaba moverme lo más rápido que podía para bombear todo el líquido que tenía dentro de ella, pero no se acababa nunca.

- Juan tiene la polla muy larga y su semen me entró hasta el fondo.

- Estás muy mojada no para de salir leche.

Ella se rió un poco y cerró los ojos. Creo que pensaba en como Juan se la había follado, que era lo mismo que estaba pensando yo. Y con esto en la cabeza me corrí moviéndome todo lo que pude, después de 4 pajas poco me quedaba, pero el placer fue inmenso. Ella jadeaba y movía su coño para aumentar nuestro placer. Tuvo un gran orgasmo. Cuando saqué la polla de su vagina la tenía toda untada de semen espeso. Tenía toda la leche de Juan pegada a mi polla. Ella me miró y me dijo:

- Ahora tú tienes lo que el me ha dado, y me ha dicho que lo compartamos.

Sin decirle nada, comenzó a lamer mi polla con su lengua y a absorber con sus labios el semen que tenía pegado, recogiendo en su boca la mayor parte de la leche espesa que se había quedado adherida a mi polla. Cuando terminó de limpiarla. Me miró y me besó a la boca.

- Tienes que compartir conmigo la leche de Juan.

Lo de probar el semen de otro hombre nunca había formado parte de mis fantasías sexuales, pero no podía negarme, el morbo se había apoderado de mi. Mi mujer y yo nos besamos intensamente a la boca saboreando su flujo vaginal, el semen de Juan y lo poco que yo había aportado. Pasándonos el líquido de una boca a otra hasta que mezclado con nuestras salivas nos lo tragamos todo. Nos acostamos en la cama y ella me dijo:

- ¿Quieres que te cuente que más hicimos?

Me moría por saber que más habían hecho en la playa.

- Cuando acabó de follarte y te puso el tapón, qué hicisteis.

- Me preguntó si me había gustado y si me gustaría volver a repetir. Yo le dije que si, que me lo había pasado como nunca y que no recordaba haber tenido nunca tantos orgasmos seguidos. Y me estuvo explicando las condiciones con que podemos continuar viéndonos.

Quería saber que condiciones eran esas, el morbo y las ganas de experimentar nuevas sensaciones habían podido conmigo y por lo que veo también con ella. Le dije:

- Qué quiere que hagamos, qué condiciones ha puesto para continuar viéndonos.

- Primero Juan me dijo que él tiene mucha experiencia con parejas y que ahora comparte las mujeres de tres hombres. Donde el tiene el rol de amo, y las parejas aceptan el rol de sumisas. Las parejas tienen una vida normal pero cuando quedan con él, la mujer se convierte en su puta y el hombre acepta el papel de criado.

- Qué más te dijo.

- Después me acarició el sexo con los dedos y me dijo que lo tenía muy suave pero que para él no era suficiente. Quiere que me lo haga con depilación láser hasta que me deje de crecer vello por completo. Que le gustan las mujeres con la piel muy fina y suave, sobre todo el coño.

- A ti que te parece ¿te lo harías con láser?

- Claro, ese tiempo que me ahorro al no tener que hacérmelo con crema. Puedo pedir hora en el salón de belleza esta tarde.

Me gustaban las condiciones de Juan, al oírlas volvía a sentir como el pene se me hinchaba, ser sumiso había sido siempre mi fantasía. La idea de pasar el sexo de mi mujer por la depiladora láser, ya se me había ocurrido pero nunca había tenido el valor de pedírselo. Y ahora sin que yo le diga nada se lo va a hacer por voluntad propia. Juan ha logrado en un par de horas lo que no he conseguido en 10 años.

- ¿Te dijo más cosas?

- Si, quiere correrse siempre dentro de mí, el contacto entre el y la mujer tiene que ser total. Le excitó muchísimo que le dijeses que no tomo ningún anticonceptivo. Las otras parejas toman la píldora o tienen hecha la ligadura de trompas, a él eso no le importa, pero nunca utiliza condón en las relaciones sexuales. Me preguntó si practicamos la penetración anal, le dije que si, que algunas veces me lo haces por el culo. Me dijo que muy bien que así estoy preparada para todo.

- Bueno no creo que te quedes embarazada de él, llevamos 2 años intentándolo y no lo hemos conseguido, no pasa nada si se corre dentro de ti.

- A mi también me gusta que se corra dentro de mi. Otra cosa que me ha pedido es que quiere marcarme, dice que todas sus putas llevan un tatuaje y que la próxima vez que quedemos me lo va a hacer.

Esta también había sido una de mis fantasías, que mi mujer llevase un tatuaje, pero ella nunca había accedido a esto. Ahora Juan la había convencido en un momento. Me excitaba mucho pensar donde se lo pondría, qué dibujo sería, su tamaño, todo esto hacía que me pusiese cachondo y el pene lo notaba.

- Me gusta la idea de verte con un tatuaje Esther, ¿no te ha dicho donde te lo pondrá?

- Dice que será una sorpresa. También me preguntó si me tragaba el semen. Le dije que el tuyo nunca me lo había tragado, que te corres en mi boca pero que no me trago el semen. Y el me contestó que eso estaba muy mal y que iba a enseñarme a hacerlo ahora mismo.

- ¿También se la mamaste?

- Juan me lo pidió y me dijo como quería que se lo hiciese.

Esto acabó de excitarme del todo y ponerme otra vez a cien. No habían perdido el tiempo en la playa y le pregunté:

- Cómo te dijo que quería que se la mamases.

- Primero se acostó encima de la toalla y me dijo que me pusiese a cuatro patas perpendicular a él, así veía mejor como me metía la polla en la boca y mis tetas colgando. Primero tenía el pene flácido y me dijo que le bajase la piel y sacase la punta de la polla para metérmelo todo entero dentro de la boca. Que le pasase la lengua hasta que se hiciese grande dentro de mi boca. Así se lo hice, notaba el sabor de su semen que aun quedaba en su polla y empecé a mover mi lengua sobre ella. Salían pequeñas gotas espesas que me tragaba sin pensar.

- Qué más le hiciste.

- Cuando le puse la polla dura, me dijo que me tumbara de lado sobre el costado y que abriera las piernas, que le gustaba ver el sexo de la mujer y poner acariciarlo mientras le estaban mamando la polla. Ahora chúpame los huevos, me dijo. Le pasé la lengua varias veces por los huevos y después me los metí en la boca, tenía toda esa zona afeitada. Me gustó mucho hacer esto y empecé a correrme. Juan me hablaba con mucha seguridad y me esto me relajaba. De vez en cuando me decía que era una puta y que lo estaba haciendo muy bien, esto me ponía muy cachonda.

Como se lo habría pasado Juan, mi mujer es muy generosa mamando la polla. Lo que nunca había conseguido es que se tragara mi semen. Le dije que siguiese.

- Juan me dijo que hay que ensalivar bien la polla. Que se la lamiese de abajo a arriba y que tuviese la lengua siempre bien húmeda. Y así lo hice. Después de ensalivarle los huevos comencé a darle lengüetazos al pene de abajo a arriba con la lengua siempre llena de saliva. Cuando llegaba a la punta volvía a empezar por otro lado del pene. Cuando vio que lo tenía bien untado de saliva me dijo que me lo metiese en la boca y moviese la cabeza, así estuve un buen rato.

- ¿Se corrió entonces?

- Me dijo que poco a poco acabaría metiéndome toda la polla dentro de la boca y que para eso tendría que ir relajando la garganta y que todas sus putas acaban haciéndolo y que yo no iba a ser una excepción. Y tenía razón pude meterme buena parte de su pene hasta el fondo sin sentir nauseas. Después de un rato me dijo que tenía que sellar con mis labios su pene para que no dejase salir ninguna gota de la leche que me iba a dar. Cuando notó que no podía meterme más la polla dentro de mi boca comenzó a correrse moviéndome con fuerza la cabeza. Noté que se me llenaba la boca de semen pero no tuve ningún problema en tragármelo, su forma de hablar me daba mucha tranquilidad. Disfruté mucho ese momento y tuve un orgasmo sensacional.

Lo que me estaba contando casi no me lo creía. Juan había podido sacar de ella lo que yo nunca había podido sacar. Mi mujer se había convertido en una auténtica puta capaz de hacer cualquier cosa que le pida un hombre. Yo estaba que me salía con lo que me estaba contando.

- Le estuve lamiendo la polla con la lengua hasta que no quedaron restos de semen. El me decía que lo había hecho muy bien, que se notaba que era una mujer casada con experiencia pero que aun tenía muchas cosas que aprender, y que si accedíamos a ser su pareja sumisa iba a tener unos orgasmos como nunca había tenido en mi vida.

- ¿Quieres que continuemos viéndole verdad?

- Ya le he dicho que si. El próximo sábado tenemos que ir a comer a un restaurante de Valencia que el me ha dicho y vendrá a buscarnos.

Ya había quedado con Juan sin contar conmigo. Esto me puso a mil. Quería correrme. Esther se dio cuenta y se metió mi polla en la boca y esta vez si que me hizo la mamada hasta el final como Juan le había enseñado.

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