sábado, 7 de agosto de 2010

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He leído muchos relatos de muchas paginas, 1% es cierto y 99% son mentiras aquí les escribo lo que me paso, cambiare el nombre de mi esposa y otro personaje, tengo 37 años, mi esposa tiene 30 años, no es como las mujeres que aquí describen de 90 60 90, pero tiene su gracia, tenemos una hija,

Siempre pensé con morbosidad en como seria que mi esposa me fuera infiel, siempre he leído estos relatos de intercambios o infidelidades de ellas, pensé muchos meses en como decirle a mi...esposa acerca de que me gustaría que hubiera otro en nuestra cama ella se tacha de ser una mujer de alta moral, y de ser enemiga de la infidelidad, un Sábado la invite a salir como cada mes lo hacíamos, Fuimos a comer algo, salimos a bailar, ella se tomo unos rones, yo una o dos cervezas, al llegar al apartamento hicimos el amor, yo como sabia que ella estaba bien tomada aproveche y le dije que si no había pensado alguna vez hacerlo con otro hombre, me dijo muy furiosa que no, que jamás que eso es cosa del diablo, a los 15 0 20 días le dije de nuevo me dijo que jamás lo haría, y menos por darme gusto a mi, no volví a insistir para no perder mi matrimonio.

EL SILLÓN DEL ORGASMO


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EL SILLÓN DEL ORGASMO


Mamen, 13 de diciembre de 2002




El domingo siguiente se casaba una vieja amiga de la
infancia, y ese sábado por la noche celebraba su despedida de soltera en un
local de la ciudad. A tal evento había invitado a sus cuatro mejores amigas que
ya estaban todas casadas, entre las que evidentemente me encontraba yo. Todas
habíamos pasado ya los cuarenta años. Nos dijo que el local que había elegido
era muy curioso e innovador, pero que no lo conocía, ya que una compañera de su
trabajo se lo había recomendado.


Lo cierto es que estuve a punto de no poder acudir por culpa
de los tremendos celos de mi marido, puesto que en los trece años de matrimonio
nunca he salido por la noche sin él, pero al final le convencí haciéndole
comprender que tan solo se trataba de tomar unas copas con unas buenas amigas, a
las que él conocía perfectamente.


El sábado, después de cenar, mi marido me llevó en el coche
hasta el local donde habíamos quedado. Ya se encontraban allí dos de mis amigas
acompañadas de sus maridos. Permanecimos en la puerta hasta que llegaron las
otras dos. Una vez que estábamos todas, nuestros respectivos maridos y el novio
de nuestra anfitriona se despidieron de nosotras y se marcharon.


Parecía un local muy normalito. Se trataba de una especie de
disco-pub y no había demasiada gente. En un lateral había una barra atendida por
tres atractivas camareras. En el centro una gran pista de baile y alrededor
mesas por todas partes, atendidas por varios camareros impecablemente vestidos.
La música estaba bastante alta sin ser atronadora, lo que permitía hablar sin
tener que chillar. Dejamos nuestros abrigos en el guardarropa y nos sentamos en
una de las mesas. Uno de los camareros tomó nota de nuestro pedido. Al cabo de
cinco minutos escasos nos sirvieron las copas. Luego comenzamos a bromear con
nuestra amiga sobre su futuro matrimonio y la pérdida de libertad.


Al cabo de quince minutos uno de los camareros se acercó
hasta nuestra mesa y nos preguntó que si éramos las de la despedida de soltera.
Cuando le dijimos que si, nos pidió por favor que le acompañáramos. Entre risas
nerviosas nos levantamos y seguimos al camarero. Nos condujo hasta el fondo del
local, dónde había tres puertas cerradas. De dos de ellas colgaban sendos
carteles que indicaban los aseos de señoras y caballeros. De la otra colgaba un
cartel que ponía PRIVADO. El camarero presionó disimuladamente una especie de
timbre que había al lado de esa puerta. A los pocos segundos la puerta se abrió.
Apareció un caballero muy bien vestido de unos cincuenta años que nos invitó a
entrar. Una vez todas dentro el camarero se retiró y el otro hombre cerró la
puerta con cerrojo tras de sí. Nos condujo por un estrecho pasillo hasta otro
local. Era una habitación mas bien pequeña en la que había una escueta barra de
bar, una mesa con seis sillas en el centro, un diminuto escenario flanqueado por
gruesas cortinas rojas, una puerta que indicaba ASEO, y otra puerta, a la
derecha del escenario, sin ninguna indicación.


Nos acomodamos en la única mesa que había. De detrás de la
barra, el hombre que nos había recibido nos sirvió nuevas copas y luego
desapareció por una cortina que había tras la barra. De pronto las luces
comenzaron a apagarse, quedando únicamente encendidas dos grandes focos de luz
roja, y la música bajo su intensidad. La cortina del escenario se abrió y
aparecieron tres tíos impresionantes que nos hicieron un strip-tease integral,
solo para nosotras. Lo cierto es que nos lo estábamos pasando genial.




Uno de los "boys", que era de raza negra, completamente
desnudo, se acercó hasta nuestra mesa y preguntó quien era la chica que
celebraba su despedida de soltera. Como por un resorte, las cuatro señalamos a
nuestra amiga. Entonces el negro se la sentó encima de las rodillas y la invitó
a que le tocara su miembro, que dicho sea de paso era descomunal. Entre risas
nerviosas nuestra amiga comenzó a acariciar aquel tremendo aparato, pero el
chico no se empalmaba ni a tiros. Las risas fueron incrementándose hasta que el
jolgorio fue frenético. A todo esto, el camarero aparecía de vez en cuando con
nuevas copas. Después de media hora nuestra amiga consiguió por fin que el
miembro del negro se empalmara. Si ya estando flácido era enorme, os podéis
imaginar su tamaño ahora. Jamás pensé que pudiera existir un pene de esa
longitud y grosor. Entonces el "boy" se levantó y desapareció entre las cortinas
del escenario. Las luces volvieron a encenderse y la música subió su volumen.


Luego volvió a aparecer el camarero con una botella de cava y
cinco copas. Tras servir el cava en las copas nos dijo que la función había
terminado, pero que si la chica que celebraba la despedida quería "pasar un buen
rato", abriera la puerta de la derecha, al lado del escenario, y se introdujera
ella sola. Luego desapareció nuevamente tras las cortinas de la barra.


Todas animamos a nuestra anfitriona para que entrara por
aquella puerta, pero ella se negaba continuamente entre risas histéricas. Como
quiera que no se decidía me lancé en su ayuda, la cogí de la mano y la llevé
conmigo hasta la puerta en cuestión. Entonces giré el picaporte y la entreabrí.
Dentro no se veía nada. La supuesta estancia estaba completamente a oscuras.
Para animar a mi amiga abrí del todo la puerta y me adentré unos centímetros.
Ella seguía riendo sin parar y tiraba de mi mano hacia fuera. En el forcejeo
siguiente, mi amiga consiguió soltarse de mi mano y Yo, por la inercia del
tirón, me caí sentada en el interior de aquella oscura habitación. Mi amiga, con
el ánimo de seguir la broma cerró la puerta dejándome dentro en la más absoluta
de las tinieblas. Acto seguido sonó un ruido seco en la cerradura de la puerta.
Me incorporé e intenté abrirla, pero fue inútil, la puerta se encontraba
bloqueada, tanto por dentro como por fuera.




A los pocos segundos una luz verde parpadeó en unos de los
laterales de la habitación. Me incorporé y me dirigí hasta allí. Se trataba de
un monitor pequeño flanqueado por dos botones a cada lado, que se encontraba
empotrado en la pared, muy similar a un cajero automático bancario. Bajo el
monitor había una especie de tapa de aluminio, así mismo empotrada en la pared.
Entonces en el monitor comenzaron a aparecer letras verdes muy luminosas sobre
un fondo negro. La frase rezaba: "BIENVENIDA A LA SILLA DEL ORGASMO. POR FAVOR,
PARA COMENZAR LA SESIÓN PULSE EL BOTÓN ROJO". A pesar de estar realmente
nerviosa e intranquila la curiosidad me pudo y apreté el botón indicado. La
leyenda anterior desapareció, y en su lugar salió otra: "ANTES DE COMENZAR ES
CONDICIÓN OBLIGATORIA QUE SE DESNUDE POR COMPLETO Y DEPOSITE SU ROPA EN EL
HABITÁCULO DE ABAJO. UNA VEZ EFECTUADO ESTE REQUISITO, PULSE EL BOTÓN VERDE". Al
mismo tiempo sonó un zumbido suave y la tapa de aluminio, situada bajo el
monitor, se abrió dejando al descubierto un pequeño cajón.


Aquella situación era algo surrealista pero, que demonios,
sentía verdadera curiosidad por el tema, así que sin pensármelo dos veces
comencé a quitarme la ropa. A medida que me iba despojando de prendas las iba
depositando en el cajón. La blusa, el pantalón y los zapatos. Entonces apreté el
botón verde. Un nuevo mensaje apareció en la pantalla: "POR FAVOR, DEBE
DEPOSITAR TODA LA ROPA EN EL CAJÓN". Aquello me dio a entender que
alguien me estaba observando por una especie de cámara oculta, lo que me provocó
una doble sensación de miedo y excitación. Tras nos segundos de pausa decidí
continuar hasta el final. Me quité los panties, el sujetador y las bragas,
depositándolas en el cajón. Volví a presionar el botón verde. Esta vez no hubo
más mensajes. El zumbido volvió a sonar, cerrándose la tapa de aluminio con mi
ropa dentro.




Y allí me encontraba, en un lugar desconocido, sin saber lo
que se me avecinaba y encerrada a cal y canto en una curiosa habitación, como
Dios me trajo al mundo. Entonces una luz roja, procedente de varios focos
ubicados en el techo, iluminó tenuemente la estancia. Era más bien pequeña,
calculé unos cuatro metros de longitud por dos metros de anchura. Desde mi
posición, en la pared de enfrente se encontraba el monitor anteriormente citado,
y el habitáculo por donde había desaparecido toda mi ropa. Detrás tan solo había
una puerta completamente lisa, sin picaportes ni cerraduras. A mi derecha se
encontraba la puerta bloqueada por la que había accedido a la estancia, y a la
izquierda, un curioso sillón negro anatómico con multitud de accesorios, similar
al de un dentista. El suelo estaba enmoquetado con una mullida y acogedora
alfombra, que evidentemente estaba diseñada para estar descalza sin pasar frío.


El monitor volvió a parpadear. "POR FAVOR, ACOMÓDESE EN EL
SILLÓN". Debo reconocer que aquella situación me resultaba algo violenta, pero,
¡qué caramba!, había dado el paso de desnudarme y tenía curiosidad por saber el
desenlace de toda aquella parafernalia. Me dirigí hasta el sillón negro y
procedí a sentarme. Inmediatamente después, la puerta lisa, que se encontraba
ahora a mi derecha frente al monitor, se abrió. De su interior surgió una
silueta de mujer, vestida de negro y con una máscara en la cara, que, sin
dirigirme la palabra comenzó a operar el sillón. Primero me colocó dos correas
en las muñecas, las cuales fijó a cada uno de los apoyos laterales del sillón,
inmovilizándome totalmente los brazos. Después hizo lo propio con mis tobillos,
sujetándomelos al faldón del sillón por medio de dos pequeños grilletes. Luego
me colocó una correa más larga, a la altura de mi cintura, la cual abrochó por
detrás del sillón, dejando mi cuerpo literalmente pegado al respaldo. Por último
reguló el reposacabezas para situarlo a mi altura y desapareció, sin despedirse,
por la misma puerta que había entrado.


A los pocos segundos una nueva silueta tomó forma en el
umbral de la misteriosa puerta. Esta vez se trataba de un hombre, que también
portaba una máscara en su cara. A medida que se iba acercando hasta mí pude
comprobar que estaba completamente desnudo, a excepción de un diminuto tanga que
delataba su enorme paquete. Era un tipo alto y muy musculoso, de raza negra. Al
llegar al sillón, accionó un mecanismo oculto y comenzó a oírse un zumbido
mecánico. Primero el faldón del sillón pareció partirse en dos, separándome las
piernas. Luego, la mitad del asiento se plegó hacia dentro, de tal forma que mi
coño quedaba totalmente abierto y suspendido en el aire. Pese a todo, el sillón
me seguía resultando cómodo. El hombre se arrodilló entre mis piernas y comenzó
a acariciar mi sexo con una de sus enormes manos. Frotaba mis labios vaginales y
me pasaba un dedo suavemente desde el clítoris hasta el mismísimo ano. Aquello
comenzó a ponerme cachonda y a humedecer mi sexo. En un momento dado, uno de sus
dedos fue profundizando entre mis labios vaginales hasta penetrarme. Entonces
comenzó a meterlo y sacarlo al mismo tiempo que hundía su cabeza entre mis
piernas y me lamía el clítoris. Pasados unos segundos, sin dejar de mover su
lengua, su dedo se salía de mi vagina y comenzaba a inspeccionarme el ano. Tras
un suave forcejeo hundió su dedo en mi ano hasta hacerlo desaparecer en él.
Ahora su dedo entraba y salía de mi ano al mismo tiempo que me frotaba el
clítoris con la punta de su lengua, y otro de sus dedos me penetraba nuevamente
el coño. Entonces comencé a experimentar un tremendo orgasmo que me hizo gemir
de placer.


Cuando mi orgasmo amainó, el hombre se incorporó del suelo y
se quitó el tanga. Tenía el miembro enorme y completamente erecto. Entonces
accionó otro mecanismo que hizo subir al sillón hasta que mi coño se situó a la
altura de su pubis. Apuntó aquella tremenda herramienta entre mis labios
vaginales y fue empujando lentamente hasta que su glande me penetró. Luego, ya
sin la ayuda de sus manos, empezó a metérmela muy despacio hasta conseguir
clavarla entera, a pesar de su tamaño. Entonces comenzó a follarme despacio.
Poco a poco la velocidad de sus caderas iba en aumento y mi coño no paraba de
abrirse y rezumar flujo. Tardé menos de dos minutos en encadenar tres orgasmos
consecutivos de una intensidad que no conocía hasta ese momento. Luego bajo de
nuevo el ritmo y continuó follándome muy lentamente.




De pronto apareció otro negro en la habitación, del mismo
estilo que el anterior e igualmente protegido con máscara. Se acercó hasta el
sillón y, mientras el otro seguía jodiéndome el coño, se colocó a horcajadas
sobre mi pecho. Bajo una cremallera situada en el centro de su tanga, se sacó la
polla, que también era de un tamaño considerable a pesar de encontrarse
semi-erecta, la apuntó hacia mi cara y comenzó a mearse. En un primer momento
sentí repulsión al notar su orina caliente en mi rostro, pero poco a poco me fue
dando tal morbo que terminé por abrir mi boca para permitir que el potente
chorro me penetrara dentro. Incluso reconozco que llegué a tragar parte de su
lluvia dorada. Cuando terminó de mear, me la metió en la boca y yo comencé a
chupársela. Poco a poco su rabo comenzó a adquirir una gran dureza. La negra
piel de su prepucio se fue retirando hacia atrás dejando al descubierto el
capullo, el cual comencé a lamer con verdadera excitación y ansia. En ese
momento, el bombeo de su amigo me produjo un nuevo orgasmo.


Minutos después el negro que tenía encima me sacó su polla de
la boca y me acercó sus hermosos testículos. Adivinando sus deseos comencé a
lamerle los huevos mientras el se masturbaba. De vez en cuando me la metía en la
boca para que se la mamara un rato y luego volvía a ofrecerme sus huevos
mientras se masturbaba. Todo ello sin que su amigo parara de joderme un solo
instante. En un momento dado, el tipo que me estaba follando me preguntó, con
voz grave, si podía correrse dentro de mi coño. Yo le respondí que lo hiciera,
ya que tomo la píldora anticonceptiva con regularidad, así que aceleró su bombeo
hasta alcanzar un ritmo frenético. Entonces me sobrevino un nuevo orgasmo, justo
en el momento en el que comencé a sentir su leche quemándome las entrañas.
Seguía descargando su semen dentro de mi coño, cuando la polla que tenía en la
boca soltó un potente chorro de lefa en mi garganta, y luego otro, y después
otro más. Estaba tan excitada que no dude un solo segundo en tragar hasta la
última gota de aquel cuajo tibio y espeso. El otro negro había descargado sus
huevos en mi coño. Luego los dos tipos desaparecieron por la puerta interior.


De nuevo salió la mujer que me había atado al sillón. Se
acercó hasta mí, y, antes de desatarme, empezó a lamer los restos de semen que
tenía en la comisura de mis labios. Después se agachó e hizo lo propio con los
de mi coño. Aquello me dio tanto morbo que me corrí de gusto mientras me lavaba
el coño con su lengua. Finalmente me liberó de mis ataduras y desapareció por la
puerta, que esta vez se cerró tras de sí.


Cuando me levanté del sillón, me temblaban las piernas.
Además, era la primera vez que perdía la cuenta de los orgasmos que había
disfrutado en una sola sesión de sexo. El monitor volvía a parpadear: "PARA
FINALIZAR PULSE EL BOTÓN AMARILLO. PARA UNA NUEVA SESIÓN PULSE EL BOTÓN AZUL".


Por una parte no podía con mi alma, mi cuerpo estaba
impregnado de sudor y semen, mis amigas me esperaban fuera, ya debía ser muy
tarde, mi marido también me estaría esperando en casa, pero por otra parte nunca
había sentido aquel placer, ni había disfrutado de aquella envergadura de penes,
así que...........PULSÉ EL BOTÓN AZUL.

Mis nuevos amigos Parte (1)

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Me puse en contacto con tu marido, y sin que tu te enteraras lo preparé con él. 
   
   Quedamos en un centro comercial, al que tu marido te habría llevado para pasar una tarde de compras, buscando ropa sexy y lencería.
   Antes de salir tu marido, a sugerencia mía te dijo que te vistiese con ropa sexy, una blusa escotada, y una minifalda muy corta, con un minúsculo tanga debajo, medias transparentes y unos zapatos negros con tacón. 
   En el centro comercial eras el centro de todas las miradas, tus piernas eran observadas por todos los hombres, y eso a ti te estaba poniendo cada vez más cachonda. Sin que tu lo supieras yo te estaba observando todo el tiempo, y al igual que tu, yo estaba cada vez más cachondo, mi polla estaba a punto de reventar dentro de mi calzoncillo, sólo de pensar en lo que nos esperaba. Ver tu cuerpo tan maravilloso, con la promesa de disfrutarlo un tiempo después, me hacía difícil aguantarme.
   Después de un rato de compras tu marido te propuso ir a uno de los bares del centro comercial a tomar algo, y allí empezó el juego de verdad. Tu marido y yo hicimos como que nos encontrábamos, como si fuéramos viejos amigos, y nos sentamos los tres juntos a tomar algo, nos presentó y lo primero que tu notaste fue mi mirada golosa inspeccionando tu cuerpo. Yo llevé poco a poco la conversación a temas más calientes, te dije lo preciosa que me parecías y alabé la suerte de tu marido. Poco a poco la conversación se fue calentando y finalmente yo hice una apuesta.
   Te apuesto una cena esta misma noche a que no eres capaz de entrar en una tienda, pedir unas prendas para probarte, y una vez en el probador, despejarte de la ropa interior y estar el resto de la tarde sin ella? - Lancé yo - Obviamente, si lo haces quiero una prueba, ya que si me va a costar dinero, no me voy a fiar simplemente de tu palabra. A si que no se como me lo vas a demostrar.
Tu con el calentón que llevabas aceptaste la apuesta, pagamos y nos fuimos a una tienda, allí cogiste un par de prendas al azar, le dijiste a tu marido que nos esperara fuera, y yo te seguí al probador. 
  _ Bueno, a ver que te parece esta prueba - dijiste. Y sin cortarte, me metiste en el probador contigo, te quitaste el sujetador y el tanga y me los entregaste en la mano. Ante mi cara de alucinado, me dijiste - Bueno, ¿te vale como prueba?, ahora guardamelos toda la tarde y me los devuelves cundo pagues la cena - 
   Ante mi cara de asombro, ya que no me esperaba esa reacción por tu parte, echaste mano a mi polla, que estaba a punto de atravesar mis pantalones y dijiste - Bueno, aceptaré esto como un si - Ahora vamos a seguir con las compras.
   Salimos del probador yo aún alucinando y me dijiste al oído, - por cierto, ya que la he notado a través del pantalón a ver si algún día tu polla y yo nos conocemos.
   Tardé un rato en recomponerme y en conseguir volver a tener el control de la situación, ya que me habías descolocado bastante, y con el calentón que llevaba, no estaba para pensar mucho.
   Tras un rato paseando, os dije que porque no nos íbamos, a lo que tu marido dijo que sí, y tu preguntaste - ¿Y a donde quieres que vayamos? Aún es pronto para que pagues la cena que has perdido.
   - Déjame sorprenderte - Dije yo - Pero tienes que aceptar lo que te pida que hagas de aquí a la noche sin hacer preguntas.
   - Huuum ... no se ... dijiste - ¿Como se que puedo fiarme de ti? - 
   - Bueno, tu marido está aquí - ¿No te fías de el? - Dije
   - Pues no se - en según que casos no se si puedo fiarme - dijiste riendo - Bueno, venga, acepto - A esas alturas tu calentura era tal que habrías aceptado cualquier cosa.
  Le dije a tu marido que te vendara los ojos con un pañuelo negro que le pasé, y le dije que tu te sentarías delante y el detrás. Y una vez sentada, tu marido ató tus manos por detrás del asiento con unas esposas, de manera que quedaste totalmente a nuestra merced.
  - ¿Eh? ¿que es esto? _ preguntaste - 
  - Chiiiist, calla - dije yo - has aceptado el juego - y acercándome a tu oído te dije en voz muy baja - no protestes, que seguro que entre ir sin bragas y la opción de estar a merced de dos hombres estás totalmente cachonda - y metí mi mano bajo tu minifalda, notando todo tu coñito húmedo. Inmediatamente llevé mi mano a tu cara y poniendo bajo tu nariz los dedos que habían tocado tu sexo te dije - ¿Ves? estás totalmente cachonda, si ya sabía yo que tenías que ser un poco puta.
Tu te reíste y no dijiste nada.


  Arranqué el coche, y durante el trayecto, que duró aproximadamente media hora tu marido y yo nos dedicamos a calentarte más metiéndote mano, sin que tu supieras quiere te metía mano, debido a que lo hacíamos los dos al mismo tiempo. Además tu marido se dedicaba a decirte desde atrás lo puta que eres y lo feliz y cachondo que le pone que le hagas un cornudo.
  Llegamos a un hotel en la carretera de Barcelona en el que había reservado una habitación. Este hotel permite entrar directamente a la habitación sin pasar por recepción, desde el garaje, por lo que no fue necesario quitarte la venda para subir. Te desatamos en el coche, y subimos en un ascensor. Tu no hacías más que preguntar que donde estábamos. Subimos a la habitación, y una vez allí comencé a besarte, primero en la boca, enredando mi lengua con la tuya, tu estabas cachondísima y sin darme tiempo a reaccionar, pusiste tu mano sobre mi polla, que estaba enorme, y hábilmente bajaste la cremallera y la sacaste del pantalón, te arrodillaste y sin darme tiempo a nada la metiste entera en tu boca. Yo bajé mis manos a tu cabeza y gemí - Si zorra, chúpala, que vea tu marido como te comes mi polla - al tiempo que apretaba tu cabeza hacia mi sexo, para que te lo metieras mas adentro. No es que mi polla sea inmensa, es más bien normal, pero estábamos los dos tan excitados que casi te ahogas con ella.
  Me costó mucho, pero pude recuperar el control antes de correrme en tu boca, ya que estaba a mil y con poco más me habría corrido, y como mis planes eran que gozáramos los tres durante mucho tiempo, no podía permitirme el acabar tan rápido. Aparté tu cabeza, y saqué mi polla de tu boca, que salivaba en cantidad debido a la mamada, y te dije. - No zorrita, no tengas tanta prisa, que esto te tiene que durar toda la tarde. 
  Te cogí por el brazo y te levante. Tu seguías con los ojos tapados, por lo que no sabías donde estábamos, así que te llevé sobre la cama, y allí te coloqué de rodillas, cerca del cabecero y mirando hacia él. Tu marido cogió tu mano izquierda y yo la derecha, te quitamos la blusa, dejando libres tus preciosas tetas y atamos tus manos con sendas esposas al cabecero. Volvías a estar a nuestra merced. Tu marido te dijo al oído - Cariño, espero que te guste la sorpresa que te he preparado con nuestro amigo. La verdad es que no es amigo mio, sino que le he conocido a través de una página web de contactos, te he buscado un hombre para que te folle, ya que se que es algo que querías hace tiempo.
  Tu al oír esto sonreíste y le dijiste - Gracias amor mio, no sabes lo feliz que me haces - 
  Inmediatamente me puse contigo, teniéndote a mi merced, como estabas, hice que me mostraras tu coño desde atrás, levantando tu minifalda hasta que quedó en tu cintura, tu marido mientras se dedicaba a tomar fotografías para luego subirlas a la página web, y también ponía en marcha una cámara de vídeo para grabarlo todo y poder disfrutarlo cuantas veces quisieras. Me desnudé, y me puse tras de ti, comencé a acariciarte con una pluma, pasándola por tu espalda, despacio, bajando por tu culo hasta acariciar tus preciados agujeros, primero tu ano y después tu delicado coñito. tras hacerte cosquillas con la pluma en tu sexo, usé mis manos para comenzar a acariciar tu cuerpo, pasando por todo él, acariciándote despacio y besando tu espalda, quería que te pusieras a cien y me suplicaras que te follara, poco a poco me acerqué a tu coño, que estaba empapado, y pasé suavemente la palma de mi mano por el, apenas rozándolo, eso hizo que te estremecieras de placer, y me dijeras en voz suave - Por favor, fóllame - yo decidí ignorarte, y bajé con mi lengua a tu coño, empecé a lamerlo suavemente, despacio, saboreando tus jugos. Poco a poco con mi lengua fui explorando tu sexo, introduciendo mi lengua en cada pliegue, y en cada rincón, hasta que tu clítoris estaba a punto de reventar, y yo lo metí en mi boca, y sorbí y chupé mientras tu te volvías loca de placer y te corrías dos veces, una de manera muy fuerte, derramando líquido en mi boca, y después, casi seguida de la primera un inmenso placer subió por tu espina dorsal hasta repartirse por todo tu cuerpo lentamente. Temblabas de placer mientras yo seguía chupando e introduciendo hasta tres dedos dentro de tu coño. Me separé de ti, y para que no echaras en falta el trabajo entre tus piernas, introduje un pequeño vibrador anal en tu culo, y lo dejé encendido a una velocidad muy suave, apenas para que te mantuviera con el calentón, pero no lo suficiente como para que te corrieras. Después pasé a la parte de delante de la cama, me coloqué delante de ti, entre tus brazos atados a la cama, de manera que mi polla quedaba en tu cara. Empecé a pasar mi polla por toda tu cara, dándote suaves golpes con mi polla en tus mejillas, en tu nariz, en tus labios, mientras tu intentabas atraparla con tu boca. Cuando me cansé de jugar, te cogí la barbilla, y te puse la punta de mi polla en tus labios, los cuales abriste golosamente para dejarme introducir mi polla en ellos. La metí despacio, dejándote que saborearas la punta primero, y la fui introduciendo en tu boca poco a poco, mientras tu chupabas con todas tus ganas. Cuando la introduje entera, la dejé quieta un momento mientras tu movías tu cabeza de atrás adelante lo que la postura te permitía para chuparla, hasta que comencé yo a moverme rítmicamente, despacio al principio, para aumentar la velocidad de mis embestidas en tu boca hasta terminar follándote la boca. Me habría gustado correrme en tu boca, pero prefería dejarlo para otra ocasión, ya que tenía otros planes, así que cuando vi que no podía más, saqué de golpe la polla de tu boca, dejándote vacía de repente. Tu seguías temblando de placer, acerqué mi cara a la tuya, y tras darte un largo beso en la boca te dije muy bajito en el oído, - Y ahora, pídeme que te folle como a la puta que eres - 
  - Si por favor, fóllame - dijiste.

  - No, - dije yo - pídeme que te folle porque eres una puta y no puedes aguantar más sin una polla dentro. - Dije - pídemelo bien o te quedas con las ganas - 
  Mientras decía esto miré a tu marido, que estaba disfrutando muchísimo. Hacía ya un rato que mientras sacaba las fotos se iba haciendo una paja, seguro que las fotos salían movidas, pero se lo estaba pasando en grande, viendo como otro hombre se follaba a su mujer.
  - Soy una puta y quiero que me folles ya! - dijiste casi gritando.
  - Esta bien - dije - si es lo que quieres - 
  Me coloqué otra vez detrás de ti, saqué el vibrador de tu culo, y acerqué mi polla o la entrada de tu coño, que esperaba palpitante una polla que lo llenara por fin. Pasee mi prepucio por la entrada de tu coño, rozando tu clítoris, que amenazaba con estallar de lo hinchado que estaba, tu suplicabas que la metiera ya, que no te hiciera esperar más, y cuando estabas pidiéndolo, de un golpe metí toda mi polla hasta dentro, tu gemiste de placer, deje la polla dentro sin moverla, y me apoyé con mi cuerpo en tu espalda, mientras me agarraba desde atrás a tus tetas y las sobaba. Despacio empecé a moverme, a meter y sacar la polla de tu coño. Estaba tan húmedo que a cada movimiento resbalaba y estaba a punto de salirse de tu coño. me incorporé, y poniendo mis manos sobre los cachetes de tu culo empecé un movimiento más rítmico y más rápido, tu al estar sólo podías agarrarte al cabecero para evitar irte contra el mismo por mis embestidas cada vez más rápidas, un rato después te corriste con un grito de placer (menos mal que en este hotel deben estar acostumbrados a todo), y yo miraba a tu marido y le decía - ¿has visto como disfruta la zorra de tu mujer con un verdadero hombre? - 
  y mientras yo decía esto me corría dentro de tu coño con una fuerte sacudida. - ¿Has visto? - le decía a tu marido - me he corrido dentro de su coño, y si no toma precauciones a lo mejor hasta te la devuelvo preñada y todo - 
Tu marido seguía pajeandose, y estaba a punto de correrse, así que le hice una seña para que terminara en tu cara. Tu marido se subió a la cama, dándome a mi la cámara de fotos y yo inmortalicé en varias fotos como él soltaba su chorro de semen sobre tu cara.
 Una vez terminado los tres, te desatamos y te quitamos la venda de los ojos. ¿Que te ha parecido? - Te pregunté. - ¿Te ha gustado, la sorpresa de tu marido? - Tu sonreíste y besaste largamente a tu marido agradeciéndole la tarde que te había regalado. 
  Nos duchamos y cuando estábamos con los albornoces puestos yo sugerí pedir la cena que os debía en la habitación, para que nos resultara mas cómodo.
  Cenamos los tres sin hablar de lo que había ocurrido hasta el final de la cena. Cuando terminamos tu nos miraste a tu marido y a mi y preguntaste - ¿Tenemos que irnos o podemos seguir aquí un poco más? - 
  Yo te miré, me levanté de la mesa y saqué un maletín del armario y te lo entregué. Lo abriste y viste que tenía varios juguetes sexuales, consoladores de varios tamaños, bolas chinas, XXXX ....
  Me miraste con cara pícara y yo te dije - Tenemos esta habitación para toda la noche, y si antes te hemos atado y has estado a mi merced, ahora eres tu la que tiene a dos hombres a tus ordenes para que que hagas con ellos lo que quieras durante toda la noche - y mientras te decía esto te pasaba los dos juegos de esposas, y con la otra mano tu ropa interior - Son tuyos, y nosotros también - tu decides lo que hacer -
cogiste las esposas y ...... y esa es tu historia ....

Nuestro primer intercambio

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Nuestro primer intercambio

Hola, soy Jose, tengo 33 años, soy de Valencia y os voy a relatar nuestro primer intercambio de parejas, es una historia totalmente real.
Esto pasó hace unos dos años, mi pareja y yo nunca habíamos ido a un local liberal, a mi se me ocurrió la idea, no sabía ni como eran estos locales, ni si nos gustarían, ni siquiera si sentiría celos al ver a mi pareja con otro chico, pero aún así se lo propuse. En un principio me dijo que no, que si estaba loco, pero al final, insistiendole aceptó que fueramos para verlo.
Llegamos al local bastante nerviosos y excitados, habíamos salido a cenar antes y yo me moría de ganas de llegar para ver como era aquello. Yo soy un chico moreno, alto y delgado y mi chica es pelirroja, alta y sin estar gorda en absoluto, tiene muchas curvas... Esa noche se puso muy sexi. Cuando entramos la relaciones públicas nos dijo que como era la primera vez nos iba a enseñar el local y luego si nos gustaba nos quedabamos y si no pues nos ibamos y no pasaba nada, era pronto y no había casi gente, asi que lo vimos y después nos pedimos unas copas para calmarnos y esperar a que se animara un poco.
La verdad que la gente que iba entrando era algo mayor para nosotros y no nos convencían demasiado, hasta que entro una pareja joven, mas o menos de nuestra edad, el era alto, moreno y fuerte y ella era una rubia de bote, delgada y bastante guapa. Nada más entrar le comenté a mi pareja que estaban bastante bien y estuvo de acuerdo conmigo, pero somos bastante timidos y no nos atrevimos a decirles nada.
Pasamos a la zona de los sillones con las copas y allí se oía a una pareja que estaban en la cama más cercana follando, sólo de oirla gemir me puse muy cachondo y empecé a besar a mi chica y a meterle mano por debajo de la falda, ella estaba mojadita...estando allí sentados vimos como la pareja que nos había gustado pasaban por delante de nosotros ya cambiados, sólo llevaban la toalla y se acercaron a la cama a ver como follaban. Le propuse a mi chica que nos cambiaramos nosotros también y así lo hicimos.


Ya desnudos y envueltos en nuestras toallas volvimos a los sillones a seguir bebiendo y enrollandonos, ahora el acceso al coñito de mi chica era más facil todavía asi que seguí calentandola. Cada vez se mojaba más, hasta que me propuso que echaramos un polvo, yo lo estaba deseando, nos metimos en una habitación con dos camas, en una de ellas había una pareja, él estaba tumbado boca arriba y ella le cabalgaba, a mi eso me dio mucho morbo, nos pusimos en la otra cama y empezamos a follar enseguida, los dos estabamos muy calientes y con esas vistas más todavía...
Cuando ya estabamos cerca del orgasmo me dijo mi chica que la pareja que nos gustaba estaban en la puerta mirandonos, me giré y los vi allí de pie con sus toallas viendo nuestro espectaculo, sin pensarlo dos veces le pedí permiso a mi chica para proponerles hacerlo juntos y ella me lo dio, me levanté y cuando me giré ya no estaban allí, asi que me puse mi toalla, que con la polla asi de dura parecía una tienda de campaña y salí de la habitación para buscarlos, los vi en los sillones, asi que me acerqué y les dije directamente que si les apetecía hacerlo con nosotros, los segundos que tardaron en contestar me parecieron una eternidad y me puse muy nervioso, pero enseguida dijeron que si los dos. Llamé a mi chica y nos sentamos con ellos a tomar una copa para conocernos, yo estaba deseando empezar y creo que los demás también porque no tardaron en proponer irnos a una cama.


Nos fuimos a la cama redonda, era enorme, al llegar a ella, el otro chico se puso en un lado y su chica a continuación, después me acoste yo a su lado y mi chica al otro lado, yo no me atrevía a tocarla asi que empecé a enrollarme con mi pareja y ellos también hicieron lo mismo, yo disimuladamente rocé el culo de la otra chica con el dorso de mi mano y ella hizo fuerza hacia ella, mmmm.... me estaba poniendo a mil.... entonces ella cambió de postura, se fue hacia abajo y empezó a comerle la polla a su chico, yo al verla le pedí a mi chica que hiciera lo mismo conmigo y así lo hizo, a los pocos minutos se dijeron algo entre ellos y la chica se puso a cuatro patas mirando hacia mi y él se puso detrás a comerle el culito y el coño, viendola que estaba cerca de mi polla estiré de mi chica hacia arriba para besarla en la boca y cuando nos estábamos besando noté como la rubia cogía mi polla y se la metía en la boca, no pude reprimir un gemido dentro de la boca de mi pareja, ella al notarlo miró y vio lo que estaba haciendo, yo no sabía como iba a reaccionar mi chica, pero no se enfadó, en lugar de eso se levantó de la cama y dándole la vuelta se fue con el otro chico, que al ver que se acercaba se incorporó y la besó en la boca, enseguida mi chica se agachó y vi como se metía su polla en la boca para a continuación lamerle los huevos mientras le hacía una paja. Yo me incorporé y besé a la rubia en la boca, un beso humedo y muy caliente mientras con una mano le pellizcaba un pezón y con la otra le acariciaba el clitoris, me la quería comer enterita, desde los pies a la cabeza.



Vi como mi chica se ponía como antes estaba la otra a cuatro patas y él se situaba detrás y empezaba a lamerle el coño, yo puse a la rubia boca arriba, con el coñito hacia la otra pareja, y yo de rodillas le metí la polla en la boca mientras con la otra mano le masturbaba y miraba la cara de placer que ponía mi chica, lo que me indicaba que el otro le estaba comiendo el coño muy bien...lo que hizo a continuación mi chica me dejó sorprendido, puesto que es totalmente hetero, me apartó la mano del coño de la rubia y empezó a acariciarlo, para al poco tiempo darle un lameton el sus labios vaginales, eso me puso muy cachondo, mi chica me miró a la cara y me dijo mira como se lo como, volvió a agachar la cabeza y empezó una comida de coño espectacular, yo cada vez me ponía más y más caliente con ese espectaculo y con la mamada de la rubia, hasta q no pude más, se la saqué de la boca y me corrí en sus tetas, fue una corrida muy abundante... A continuación bajé a ayudarle a mi chica con la comida de coño de la rubia, mientras mi polla se recuperaba, que no fue mucho tiempo, nuestras lenguas se tocaban y se retorcian en torno al coño de la rubia que no paraba de gemir y acariciarse las tetas...enseguida me pidió que me pusiera un condón y se puso a cuatro patas delante de mi, el momento de metersela fue genial, me estaba follando a otra delante de mi novia...el otro chico se levantó y rapidamente se enfundó un preservativo para follarse a mi pareja, tambien a cuatro patas una enfrente de la otra, mirandose a la cara y acariciandose las tetas mutuamente.
Estando en plena follada vimos como una chica y dos chicos más se acostaban en la misma cama junto a nosotros, ella se puso boca arriba, uno de los chicos se la metió en la boca y el otro en el coño, eran más jovenes que nosotros, la chica nueva mientras tanto, no teniendo bastante con dos, empezó a acariciarme los huevos y yo empecé a magrearle las tetas, estaba en las nubes, era genial. La rubia me dijo que me tumbara boca arriba, y empezó a cabalgarme, enseguida vi como el chico de al lado al que se la estaban chupando se corrió en la boca de ella y ella se lo trago todo enseguida, el chico se apartó, quedando sólo la chica y el otro que se la estaba follando, la chica se incorporó sobre un codo y me metió las tetas en la boca para luego morrearme con su sedienta boca... yo ya no podía más y me corrí dentro de la rubia que al notarlo me besó y acercandose a mi oreja me dijo voy a hacerle un regalito a tu novia... Se bajó de encima de mi y se metió debajo de mi novia que estaba a cuatro patas, hicieron un perfecto sesentaynueve, la rubia le comía el coño mientras su novio se la follaba, y al ver el coño de la rubia libre el chico que se había corrido antes que yo fue rapidamente a comerselo...Asi siguieron hasta que se fueron corriendo todos y los cuatro que estabamos al principio nos fuimos al jacuzzi a relajarnos y descansar un poco. Estuvimos unos diez minutos en el jacuzzi y después nos salimos a tomar una copa, que necesitabamos beber algo con tanto ejercicio...
Pero eso duró poco, teníamos ganas de más, así que nos fuimos a otra cama a seguir con la fiesta, esta vez cada uno se puso con su pareja, yo directamente puse a mi chica de lado y se la metí desde detrás por su caliente coño y la otra chica empezó lamiendole la polla a su novio, al poco yo pasé la mano por encima de mi pareja para llegar al coño de la rubia pero cuando llegué me encontré con otra mano, era mi chica masturbandola, al notar mi mano, mi novia me dijo sigue tu, yo te ayudo... y le abrió los labios para que yo la pudiera acariciar comodamente. Después él se puso a comerle el coño a su novia, mientras ella se morreaba conmigo, yo paré de besarla y le dije que besara a mi novia, lo cual hizo sin dudarlo un instante, y mi chica la recibió encantada, ver a dos mujeres guapas besarse es muy excitante con lo que me corrí de nuevo dentro del coño de mi chica y se la saqué. Nos quedamos los dos mirando a la otra pareja, que se pusieron a follar a cuatro patas, mi novia al verlos les pidió permiso para meterse debajo de ella, sabiendo de sobra que se lo iban a dar encantados... Una vez debajo de ella empezó a lamer el coño de ella y los huevos de él. Yo a esas alturas ya me estaba pajeando lentamente otra vez... Estuvieron un rato más así hasta que pude oir a mi chica que con voz muy sensual le dijo a él ¿quieres follarme? a lo cual él ni contestó, simplemente se la sacó a su novia y se la metió a mi chica empezando a follarla bruscamente, yo me puse un condón y se la metí a la rubia que seguia a cuatro patas encima de mi novia y empecé a darle muy fuerte también, los cuatro estabamos muy cachondos, los gemidos iban subiendo de tono hasta que nos corrimos los cuatro casi al mismo tiempo, la rubia se incorporó cuando estabamos a punto de corrernos y me metió la lengua en la boca, cosa que me excitó más todavía e hizo que mi orgasmo fuera brutal. Entonces se acercó la camarera y nos dijo que eramos los últimos y querían cerrar, así que nos vestimos y nos despedimos de esa maravillosa pareja...

i NTERCAMBIARON SUS PAREJAS POR ERROR

intercambio de parejas


NTERCAMBIARON SUS PAREJAS POR ERROR
Este suceso que paso a relatar, le sucedió a un amigo mío y a su pareja. Como es natural, he cambiado los lugares y los nombres de las personas implicadas, para preservar su intimidad.
Raúl era un chico de 24 años, alto y bien parecido que trabajaba de reponedor en unos grandes almacenes de su ciudad. Tenía una novia Mónica, dos años más joven que él, que estudiaba Derecho en la Universidad. Ella era también alta y muy guapa. Se llevaban muy bien y, yo que los conozco bien, puedo asegurar que son buena gente y muy simpáticos. Bueno, cuando sus horarios lo permitían, Raúl y Mónica iban al cine y de paso tomaban unas cañas o salían a los pubs, a veces solos y otras con amigos. Yo era muy amigo de Raúl desde la infancia. Nos habíamos criado juntos, y aún vivíamos, en el mismo barrio. Últimamente, coincidía con él cuando quedábamos para jugar al fútbol o al baloncesto con los amigos o para ver en el bar del barrio algún partido televisado. Yo estudiaba Magisterio en la Universidad y a veces coincidía con Mónica por allí. En el tiempo que sucedieron los hechos que voy a relatar, yo estaba soltero y para salir quedaba con otros amigos y amigas que se encontraban en mi misma situación. A veces coincidía con Raúl y su novia y en esos casos, si estaba solo, me quedaba con ellos toda la noche y además muy a gusto. Pero en principio para salir no quedaba con ellos, prefería dejarlos sólos. A veces tres pueden ser multitud. Bueno, según me contó Raúl, un día quedó con su novia ya de noche, pues había salido muy tarde del trabajo. Cosa de inventarios o algo así. La recogió en casa de los padres de ella y se tomaron unos vinos con unas tapitas en un bar cercano al domicilio de Mónica. En el coche de Raúl, se fueron a un lugar frente al mar dónde podrían, oyendo el rumor de las olas, ver la bonita luna en creciente y charlar un rato con tranquilidad. Raúl se había comprado, por esa época hacía un año, un precioso deportivo pequeño de color blanco. El lugar al que fueron era un lugar muy concurrido por las parejas, sobre todo entre semana. Estaba alejado del bullicio de la ciudad y se podía disfrutar de intimidad y a la vez de la seguridad de tener cerca a personas como ellos, que te podrían ayudar en caso de necesidad. Raúl era un chico muy lanzado y poco reflexivo, muy diferente a Mónica que era una chica reflexiva y tranquila. Aunque eran muy diferentes, se querían muchísimo. Yo siempre pensé que serían la pareja perfecta si llegaban a complementarse. Cuando llegaron al aparcamiento frente al mar se sorprendieron al comprobar que estaba muy concurrido. Mónica le dijo a Raúl de dejarlo, pero Raúl le dijo que no, que se colocaría un poco apartado y sin problemas. Se acomodaron en el coche, sobre todo Raúl, con la vista del mar y de la finísima luna a través del parabrisas. Cogidos de la mano permanecieron un rato en silencio. El coche de Raúl al principio permaneció aislado, pero conforme avanzó la noche se halló rodeado por los vehículos de otras parejas como ellos.



Mónica desde un principio se sintió incómoda, sin embargo Raúl estaba en su salsa, a él no le importaba lo que hacían los demás, ni a los demás les debía importar lo suyo. Se aproximó a Mónica y le besó en la mejilla, después le echó el brazo por encima y la atrajo hacia sí. La besó en la boca y la abrazó con fuerza. Mónica estaba muy rígida e inhibida. La cercanía de los otros coches bloqueaban su cuerpo y su mente. Raúl intentó desabotonar la camisa de Mónica para poder palpar y besar sus dulces senos. Mónica se oponía con firmeza y dificultaba todo intento de movimiento de Raúl respecto a ella. Raúl pensó, que si ella no dejaba que él tomara la iniciativa, cambiaría de planes. La cogió por la espalda e inclinó el tronco de ella hacia él, de manera que su boca quedara a escasos centímetros de su entrepierna. Soltó la correa y bajó la cremallera del pantalón y le ofreció su robusto pene para que ella se lo acariciara. Ella se negó, le dijo que no le apetecía y que quería marcharse de allí. Raúl se sintió frustrado y recomponiendo su vestuario le dijo que no iban a irse de allí así como así. Cogió su cajetilla de cigarros y le dijo que iba a salir a fumarse un cigarro y que si luego, al volver, seguía pensando en irse, la llevaría a su casa. La noche era magnífica, el mar estaba muy tranquilo y la preciosa luna que parecía mirarlos desde arriba, destacaba entre un sin fin de estrellas. Corría una ligera brisa con olor a sal y todo estaba tremendamente en calma. A lo lejos podían verse las luces de la ciudad casi dormida. Encendió su cigarro y se colocó apoyado a la barandilla y de espaldas a los coches, su vista se perdía en la oscura inmensidad del mar. Estaba un poco frustrado y dio un pequeño paseo para relajarse. Todo estaba muy oscuro, pero a poca distancia pudo contemplar gracias a la brasa de un cigarrillo encendido, que otra persona, como él, estaba tranquilamente fumando. Así permanecieron un buen rato hasta que Raúl, apagó el cigarro y se dirigió a su coche, en ese momento la otra persona, que era un hombre con un físico muy parecido al suyo se cruzó con él. Se saludaron tímidamente y cada uno entró en el que creyó que era su coche. Debían estar muy cerca pues el golpe que dio el otro al cerrar la puerta le sonó a Raúl muy familiar y próximo.





EN EL COCHE DE RAÚL
Mónica, llevaba un rato esp
erando a Raúl, se había estado culpando por la actitud tan retraída que había tenido antes con él. Pensaba que debía superar su inhibición y disfrutar de su novio en cuerpo y alma. Para ello se había desnudado y perfumado para cuando él llegara darle una sorpresa. Cuando entró, quien ella pensaba que era Raúl, le besó en la boca voluptuosamente, le soltó el botón del pantalón y abriéndole la bragueta metió su mano en el interior del calzoncillo y le agarró su dormido pene con la mano. Lo acarició suavemente pero con determinación y notó como poco a poco iba tomando cuerpo. Se lo introdujo en la boca y lo coronó con sus labios y su lengua. Todo lo hacía muy deprisa y con decisión. Se iba a quedar muy contento, de eso estaba segura. Despacito iba introduciéndose el pene en toda su longitud en la boca. Le pareció que no estaba tan voluminosa como en otras ocasiones, aunque le costó más tragársela entera. Parecía más larga de lo habitual. Acompasó maravillosamente, según las respuestas que iba notando en el cuerpo de su amante, las penetraciones del hermoso miembro en su boca con el movimiento de batido que ejercía con su mano derecha en la base del mismo. Él permanecía callado y lo que le extrañó un poco, se dejaba hacer, no era lo habitual en Raúl. Él, tímidamente le sujetaba el cabello facilitando así su frenética actividad. Por los susurrantes gemidos de su amante, pudo adivinar que éste estaba llegando al punto sin retorno en el que los fluidos manan desbocados. Con su mano derecha bombeó hasta el final, para conseguir una abundante lechada que le llegó directamente hasta la garganta y que le inundó totalmente la boca. Limpió muy bien el que había sido por unos instantes su ansiado juguete y lo dejó dulcemente de nuevo en su lugar de reposo. Fatigada pero contenta, apoyó su cabeza en el pecho de él y así se quedó recostada un buen rato. Durante ese tiempo no se dijeron nada, sólo permanecieron abrazados. Pasó unos minutos cuando su amante se recompuso, le dio un beso que le supo a despedida y se bajó del coche. Ella casi sin voz, se despidió de él.
EN EL COCHE DE MIGUEL
Ana sentía el haber discutido con Miguel, aunque a él no le gustaba hacer el amor en el coche, a ella le encantaba. Miguel se había comprado un deportivo blanco muy bonito hacía ya varios meses y a ella le hacía mucha ilusión hacer el amor en él. Quería hacerle su gran estreno, pero las reticencias de Miguel habían retrasado el acontecimiento que la haría tan feliz. Ana pensaba disculparse con él en cuanto entrara en el coche. Había salido a fumarse un cigarrillo muy enfadado con su insistencia. A él le parecía una excentricidad, el que disponiendo de su casa tan acogedora, tuvieran que coger el coche y ponerse allí rodeados de gente a hacer el amor. Cuando entró en el coche ella lo estaba esperando desnuda. Nada más sentarse se abalanzó sobre él, le abrió la bragueta y de un tirón bajó sus pantalones y junto a ellos los calzoncillos. Él, en silencio le facilitó la maniobra. Le cogió el pene y echándole la piel hacia abajo se lo introdujo en la boca. Apretándolo rítmicamente con su lengua contra el paladar notó como iba cogiendo tono. Con su lengua le acarició su redondeada punta. Comenzó con él en la boca, un movimiento ascendente descendente que facilitó, que el húmedo miembro consiguiese la consistencia deseada. Pensó que su iniciativa, había debido excitarlo una barbaridad, pues notaba su cosita rica, esplendorosa; más voluminosa que en otras ocasiones. La mandíbula le pareció que se iba a desencajar, sin embargo descubrió que con menos recorrido del acostumbrado, se la introdujo entera en la boca. Jugó con ella y cuando estimó que estaba bien hidratada, se colocó de espaldas a él y se le subió encima. Con gran habilidad y soltura, colocó la abultada cabeza del pene en la entrada de su húmeda vagina y despacio pero con decisión fue introduciéndola poco a poco en su estrecha hendidura. A veces, deshacía el camino ganado, para tomar impulso y volver a bajar un poco más. Su amante, en silencio la agarraba tímidamente de las caderas. Ana pensaba que Miguel debía estar muy excitado pues su pene tenía un grosor mayor que el acostumbrado. De esta forma, la penetración se hacía un poco más lenta y dolorosa, pero en cambio una vez superados esos instantes, disfrutaba de una inmensa sensación de plenitud. Cuando su elástica cavidad, se adaptó a su magnífico visitante, se dejó caer y logró la penetración total. Esta noche, las sensaciones eran diferentes, y eso, por momentos, además de intrigarla la animaba a seguir con más fuerza. Cabalgó sobre él como una posesa, se abrazaba con los brazos de él y deseaba con todo su corazón, que se viniese con ella en un orgasmo compartido. Ella llevó las tímidas manos de él hasta sus sensibles senos y él se aferró a ellos delicadamente pero con firmeza. Finalmente lo consiguió, notó como el éxtasis la poseía, y oprimiendo el miembro de su amante con los músculos de su vagina lo arrastró con ella al delirio absoluto. Ella notó sus espasmos y sintió como su vagina se inundaba con sus ricos efluvios. Se quedaron exhaustos y unidos durante un buen rato. Más tarde ella se volvió hacia su amante, lo besó y se acomodó en el otro asiento. Él se recompuso un poco y sin decir nada abandonó el coche, ella le dio cariñosamente las buenas noches.
Miguel, estaba en el mirador que había frente a los coches, fumándose un cigarrillo y vio como un chico se acercó a donde él estaba y le pidió fuego. Miguel, le acercó su mechero para que pudiera encender su cigarro y con la luz del mechero pudieron contemplarse. Los dos tenían más o menos la misma edad, de altura parecida y se regalaron una mirada cómplice. Algo inaúdito acababa de pasar, pero no se sentían contrariados, sino al contrario, parecían reconfortados. Me encanta tu coche, le dijo Raúl a su acompañante y éste le respondió y a mí el tuyo. Se sonrieron, Miguel le dejó su tarjeta personal, se dieron la mano y se marcharon, esta vez si, cada uno a su coche. Un gran silencio acompañó a ambas parejas en el camino de vuelta. Los cuatro habían disfrutado de una noche especial y en sus miradas se descubría que la cosa no había ido mal del todo. Esa noche las cabezas de los cuatro dieron muchas vueltas y muchas preguntas quedaron sin hacer, sería seguramente porque no era el momento. Mañana todo sería distinto. Poco podían imaginar los cuatro, que la confusión sufrida esa noche, facilitaría el nacimiento de una estrecha amistad entre los cuatro personajes de nuestra historia. Al día siguiente, todos eran conscientes de lo que había pasado, pero decidieron no hablarlo en pareja y hacerlo en grupo. Raúl llamó por teléfono a Miguel y quedaron con sus respectivas parejas, para tomarse unos vinos y charlar tranquilamente, si les apetecía, sobre lo que había ocurrido la noche anterior. Así lo hicieron, ellas se emperifollaron para estar deslumbrantes en su primera cita y ellos, para estar bien atractivos, se arreglaron como hacía mucho tiempo no lo hacían. Era su primera reunión, y además sería el germen de otras interesantes historias que más adelante seguiré relatando. Un mundo nuevo de relaciones e intimidades, se había abierto para los cuatro de repente y el proyecto realmente era muy excitante. Perdonad, el interfono suena y espero a Raúl, si os parece, lo dejamos aquí por ahora . Salud y suerte.
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