domingo, 9 de junio de 2013

Follando con el tío de mi marido

intercambio de parejas

Follando con el tío de mi marido
Hola, creo que debo comenzar por presentarme, me llamo Ana, tengo 25 años, soy morena clara, 1.60 mts. de estatura, cuerpo normal. No voy a decir que soy un cuerazo como otras que se describen en algunos relatos, yo soy una chica con busto regular, caderas también regulares y como toda chica cuando se viste con minifalda no faltan los piropos, pero bueno ya no los voy a aburrir con esta plática, mejor les cuento lo que me pasó hace casi dos años, el día de mi boda por lo civil, ya teníamos tres años viviendo en unión libre y se nos ocurrió la idea de casarnos, lo cual hicimos.
Ya en la reunión con los familiares y amigos empezaron a salir las botellas de vino y cerveza, a medida que avanzaba la noche comenzaron a irse los invitados, hasta que quedó sólo mi marido con dos amigos y un tío de mi marido, que no me caía muy bien que digamos.
Fue cuando le dije a mi esposo que ya me iba a dormir, a lo cual me respondió que si lo esperaba y me dijo en un momento estoy contigo, ya estaba muy borracho, y pensé que no podría hacer nada esa noche, pero para el otro día me desquitaría, de todos modos me puse una tanga negra y un baby doll también negro y me recosté en la cama.
Esperé como una hora y sólo escuchaba risas y gritos y me comencé a quedar dormida, como a las dos horas ya no se escuchaba nada, pensé que ya se habían ido y esperé a que subiera mi marido, que ya lo esperaba impaciente y algo mojada, pensando lo que haríamos.
En eso escuché que se abría la puerta de la recámara, me acosté de lado enseñando mis bien torneadas nalgas, para que las viera mi maridito e hiciera de mí lo que quisiera, entonces sentí que se acostaba detrás de mí y empezó a acariciar mis nalgas y a apretarlas, después pasó un brazo por delante y me empezó a sobar las tetas y a pellizcar los pezones que nunca había hecho y me gustó tanto que sólo gemí de placer y paré más mis nalgas, para sentir su ya parada verga.
Entonces me volteó y empezó a mamarme las tetas como nunca lo había hecho, luego bajó la mano hasta mi rajita que ya estaba bien mojada y me metió un dedo sin la menor resistencia, ya que estaba bien lubricada, yo le decía sigue así papacito, cógeme, hazme lo que quieras, y él me pellizcaba, me mamaba y me introducía sus dedos lo cual hizo que tuviera un primer orgasmo fenomenal y dejé escapar un grito de placer que nunca había hecho, después de eso siguió mamándome las tetas.
Luego fue bajando poco a poco, hasta llegar a mí chocho ya de por si mojado me puso su verga cerca de la boca y ya sabía que era lo que quería y empecé a darle mordiscos en la cabecita. Luego la chupaba a todo lo largo, hasta llegar a sus dos bolas que succionaba con placer. Después me la fui metiendo poco a poco lo más hondo que pude, quería tenerla toda adentro, pero no podía, aún así se la mamé como poseída.

la fantasía de mi marido

intercambio de parejas
la fantasía de mi marido

Mi historia es quizá el reflejo de otras tantas que ocurren a diario, pero esta es la mía.
Soy una mujer casada 24 años, jamás he estado con otro hombre que no fuera mi marido. Nunca quisimos tener hijos, por que al principio éramos jóvenes y queríamos disfrutar de la vida. Hace 3 años, la vida sexual entre nosotros era muy monótona, apenas hacíamos el amor y cuando lo hacíamos no tenía la misma intensidad de siempre. Decidimos que había que hacer algo con el sexo. Yo soy una persona joven, ahora tengo 41 años y con hambre sexual.
Mi marido me propuso para salir de la rutina, practicar algo inusual y desconocido para mí. Al principio, contactamos con una asociación de cambio de parejas. Fuimos en dos ocasiones a observar cómo era ese ambiente nuevo y desconocido para mí. Allí, fuimos presentados a numerosas parejas con cierto grado de experiencia en este campo.
La primera vez fue un poco extraño, observar en las distintas dependencias, a una mujer con varios hombres o viceversa. Solo tomamos un par de copas y charlamos con otros hombres y mujeres, mientras nos mostraban los que allí se hacía.
Al principio me quede un poco avergonzada, porque jamás había estado en un sitio así y mucho menos, ver a dos, tres o incluso cuatro hombres follando a una mujer. Aquella experiencia debo confesar me excito mucho, sentía como mi cuerpo se calentaba, mis pezones se endurecían y mi coño se humedecía.

Era viernes cuando todo aquello ocurrió. Salimos sobre las 5 de la madrugada del local y nos fuimos a casa.
Al día siguiente, sábado, durante el desayuno comenzamos a charlar sobre el lugar donde estuvimos. Me pregunto qué me parecía y si estaba dispuesta a acostarme con varios hombres. Le dije que no se si podría por que me sentiría avergonzada, allí desnuda con tantos hombres en la misma cama.
No puedo hacer eso, le comente a mi marido. El se lo tomo con un enfado descomunal y me dijo que saliera de la rutina de siempre.
La semana siguiente, recuerdo que fue sábado, me propuso ir al mismo lugar. Le dije que si el quería ir de acuerdo, pero que solo iba a tomar unas copas y charlar. Me dijo que si, solo tomaremos unas copas. Una vez en el lugar, empezamos a saludar a las parejas que alii estaban y conocíamos de ultima vez.
Estando sentadas cuatro parejas en una mesa, charlando y bebiendo, noto como una mano empieza a tocarme la parte interior del muslo, subía y bajaba lentamente. Sentí una sensación extraña pero excitante al mismo tiempo. No dejaba de mirar a mi marido, como queriéndole decir lo que pasaba, pero no, me deje llevar por aquella sensación tan extraña y morbosa al mismo tiempo. El hombre que estaba a mi lado, era de unos 50 años, bien parecido y fuerte. Al momento, vuelvo a sentir como su mano subía más y mas hacia mi coño fue un momento que de verdad me puso caliente. Me deje llevar por aquella sensación, mi cuerpo se estremecía cada centímetro.
Noto como aquella mano, llegaba a rozar mis labios vaginales, intentaba apartar las braguitas hacia un lado para poder tocarlo mejor. Mi primera sensación fue cerrar las piernas, pero algo me decía que debía de seguir con aquella situación. Abrí las dos piernas lentamente y notaba como su mano, grande, alcanzaba mi clítoris. Empezó a jugar con sus dedos, acariciándolo suavemente, era un masaje maravilloso. Con suma suavidad, llego a introducirme uno de sus enormes dedos dentro de mi coño. Entonces creí que se me venía el mundo encima. Fue tal el placer, que la copa que tomaba la derrame por toda la mesa. El saco la mano de mis entrepiernas rápidamente. Solo me miro y sonrió al ver la cara que puse cuando me tocaba. Ya no hubo más caricias ni más tocamientos. Nos retiramos del local casi haciéndose de día. Fue una noche extraña pero me gusto lo que ocurrió.
Estuve muchos días pensando en aquello , cuanto más lo pensaba mas excitada me ponía. Recuerdo que me masturbe dos veces pensando en aquel hombre y como me acariciaba el clítoris. Pasaron varias semanas y ya no volví a aquel lugar. Mi marido, creo que alguna vez fue sin mí, porque estuvo un par de semanas que solo quería follarme.
A los dos meses, decidimos ir de nuevo al mismo lugar, ya era verano, había un enorme jardín detrás del local, muy bien acondicionado, poca luz y una música suave y relajante. Nos sentamos en una mesa y tomamos una copa. Más tarde, vi aparecer al hombre que me toco. El corazón empezó a palpitar, se acelero solo. Me venían los recuerdos de la última vez y sentí una excitación inusual. Se sentaron en nuestra mesa. El a mi izquierda y su esposa, una mujer cincuentona pero con una figura asombrosa y de buen ver se sentó cerca de mi marido. Estuvimos charlando durante buen rato y tomamos unas cuantas copas, causa de ello fue, que me tuve que levantar y acudir al baño.

Cuando salí del baño, estaba en la puerta él. Apoyado sobre la pared. Los baños de aquel local, los separa solo una pared, a un lado vas al de los hombres y al otro lado el de las chicas. Me dijo que no, que esperaba a que saliera yo por que quería hablar conmigo. Le dije que sí. Vamos a la mesa y hablamos. El me dijo que quería hablarme en privado, sin nadie más. En las puertas del mismo aseo, empezó a decirme que le gustaba mucho y que sintió una enorme excitación cuando me tocaba el clítoris. Yo le contesté que me ocurrió algo similar. Al rato de charlar, me agarro por la cintura, me acerco a él y me susurro al odio que quería follar conmigo. Fue como si en esos momentos, mi vagina empezara fluir jugos de lo nerviosa y excitada que esta. Me pidió que le diera mi número de teléfono para hablar en otra ocasión. Accedí y se lo di.
Volvimos a casa esta vez sí, de día. Mi marido me pregunto que quería ese hombre que no dejaba de mirarte. Le dije, me pidió follar con él. Mi marido se puso excitadísimo al oír aquellas palabras. ¿Que le contestaste? me dijo. Pues que no, no me gustaba y que era mayor. No sé si la cara fue de frustración o de alegría por decirle eso.
Hace unas tres semanas, recibí una llamada de este hombre. Quedamos para tomar un café en un lugar apartado de la ciudad. Nos encontramos y empezamos a charlar sobre lo ocurrido. Me dijo que sentía una gran atracción por mi y que le gustaba mucho. Repetía en cada momento, que quería acostarse conmigo. Dentro de mí iría con los ojos cerrados, pero no podía poner las cosas fáciles.
Dos días después, me volvió a llamar y me dijo que quería darme una sorpresa. Pero tenía que ir a un hotel que hay a las afueras de mi ciudad que él me recogería en recepción. Esta vez, si quería salir de dudas y acudí al lugar. Cuando aparque el coche el estaba al lado mío esperándome para entrar dentro. Nos saludamos y sin decir nada, me sujeto por la cintura y empezó a besarme. La sensación fue maravillosa. Me besaba, metía la lengua, mordía mis labios hasta que me levanto la falda por la parte de atrás y sentí como sus manos sujetaban mis nalgas y las apretaba contra él. Note rápidamente un enorme bulto en sus pantalones, hasta que se decidió y metió un dedo en mi agujero del culo. Creí morirme de la sensación que tenia.
Entramos al hotel y en el ascensor, comenzó a tocarme de nuevo. Mis pechos los aplastaba con dulzura y fuerza. Con la otra mano, me tocaba la vagina dándose cuenta que estaba excitada. Una vez llegamos a la habitación, empezó a besarme de nuevo y desnudarme.
Lo hizo rápidamente y con precisión, en pocos segundos, estaba solo en braguitas. Porque sujetador no llevaba. Me abalanzo sobre una enorme cama boca arriba, me abrió las piernas y empezó a meter su lengua en mi coño. Dios, mi cuerpo casi explota del placer y mi corazón palpitaba muy rápido. Así estuvo diez minutos chupándome el coño, hasta que se levanto y empezó a desnudarse el. Al bajarse el pantalón, lo que vi era impresionante. Un enorme bulto salía de su ropa interior. Me levanto de la cama, me sentó sobre ella y dijo que le quitara el slip. Así lo hice. Deje al descubierto un enorme pene, fuerte, erecto.
Me lo acerco a los labios y empecé a besarlos suavente. Poco a poco empecé a introducírmelo en mi boca y a chuparlo. Solo escuchaba sus gemidos de placer y como me penetraba suavemente el pene en mi boca.
Un tiempo después, aparta su enorme pene de mi boca, me incorpora de pie y me susurra al oído que la sorpresa está por llegar. Me quede un poco extraña, pues creí que él era la sorpresa. Me dijo que cerrara los ojos iba a ponerme una tela para cubrirlos. Así lo hice, me puso la tela y con ternura me acostó en la cama. Paso como 5 minutos aunque para mi parecían horas, cuando note que alguien me empezaba a lamer los pezones, besarme y acariciarme los lóbulos de las orejas con la lengua. Al mismo tiempo, sentía como unas manos me apartaban las piernas y me dejaban abierta.

 Me puse nerviosa, porque pensé que había alguien más que aquel hombre que me llevo al hotel. Me deje llevar, primero por los nervios pero poco a poco empecé a sentir como todo mi cuerpo era pura excitación.
Durante aproximadamente 20 minutos, estuve a punto de tener un orgasmo del intenso placer que estaba recibiendo. Al momento, sentí un cuerpo que se ponía encima de mí y me penetro lentamente hasta conseguir introducirla toda. Sus movimientos eras espectaculares, la forma de penetrar era sublime, me llenaba todo mi vagina. Alguien me susurro al oído que me diera la vuelta. Lo hice tal como me dijo. Unas manos, me ayudaron a ponerme encima de un hombre que estaba acostado en la cama. Me penetro y así estuvimos un buen rato follando. Cada vez me acoplaba mas a la situación, solo era cuestión de dejarse llevar. Vuelvo a notar dos manos que me invitaban a agacharme sobre el pecho de aquella persona que me estaba penetrando. Note, como otro enorme pene, intentaba meterla por mi culo. Con leves movimientos, les hacía saber que aquello no lo quería. Cuando noto como un dedo, se va introduciendo lentamente por el agujero del culo. Más tarde, lo metía y sacaba sin problemas. Entendió que estaba preparado para meter su pene dentro. Poco a poco y con suavidad, empecé a sentir como me ponía su pene la entrada de mi culo y empezaba a empujar lentamente hacia dentro. Fue como si me rompieran el interior de mi cuerpo. Estaba todo el pene dentro de mi culo, mientras el que había debajo de mi, bombeaba el suyo dentro de mi vagina. Estaba siendo penetrada por dos hombres. Pero mi sorpresa fue más cuando una tercera persona, me acercaba con su mano mi cabeza hacia otro pene para que lo chupara. En esos momento y sabiendo lo que estaba pasando, me deje llevar por la situación. Me hicieron disfrutar muchísimo. Más de 3 horas de intenso placer, siempre estaban los agujeros
míos tapados por algún pene.
intercambio de parejas



Os voy a contar mi experiencia de un viajecito corto a Madrid, y la sorpresa que me preparó marido.
Aprovechando el puente de la constitución decidimos pasar unos días en Madrid. Mi marido me dijo que me tenía que guardada una sorpresa especial para aquel viaje. Me preguntó si confiaba en él, y le dije que sí pero que quería saber algo más de qué se trataba.
- Es una sorpresa morbosa – Me dijo.
- ¿Sí? Tendré que arreglarme un poco. ¿Cuándo?
- Mañana.
Pasamos aquel día con insinuaciones sobre qué podía ser. Ya por la noche le pregunté que por qué no me daba la sorpresita ahora. El me contestó que lo había organizado todo para mañana. Aquello me hizo sospechar, ya que el hecho de que hubiera organizado algo podría implicar que más gente estuviera en el ajo.
- Haremos una cosa . Sólo te haré una pregunta más, y si me la contestas, no preguntaré más sobre el tema. – Me miró sonriéndome y aceptó.
- Vale. ¿En esta sorpresa participará más gente a parte de ti y de mí? – Él se rió, y tras un silencio dramático me contestó un simple “sí”.
Aproveché la mañana siguiente para arreglarme y ponerme guapa para lo que tuviera que ocurrir. Fuimos a comer a un restaurante y fuimos al hostal a hacer una siesta. Por la tarde, salimos para ir de compras y justo antes de meternos en una de mis tiendas de ropa preferida, me hizo desviarme hacia un portal que estaba abierto. Una vez allí nos dirigimos al ascensor.
- ¿Dónde vamos cariño?
Nos metimos en el ascensor y me dijo:
- Esta es tu sorpresa. – Se sacó una venda de la bandolera y me tapó los ojos.
- ¿Qué has preparado? Me das miedo.
- Tú tranquila. No te va a pasar nada malo y no ocurrirá nada que no te guste.
- Ufff, estoy muy nerviosa. No me dejes sola ¿vale?
- Vale.
- Ya podrías haberme avisado que era ahora. Me habría puesto algo más sexy.
- Así son las sorpresas jajaja.
El ascensor se detuvo y  me ayudó a salir. Andamos unos pasos y oí como sonaba un timbre. Una puerta se abrió, y sin mediar más palabras mi novio me guió hasta el interior de lo que debía ser una casa. Mi marido me ayudó a quitarme el abrigo me cogió el bolso. Iba vestida con unos vaqueros y un jersey ajustado de cuello alto.
Me senté en un sofá y me dijo al oído:
- Estate tranquila y disfruta. Yo no me separaré de tu lado y no dejare que te pase nada malo.
Oí pasos y al rato unas voces masculinas que susurraban entre ellas. Mi marido me ayudó a levantarme y me hizo dar una vuelta sobre mí misma. Me debía de estar mostrando. Oí más pasos.
Sin soltarme, mi marido me guió hacia delante. Estaba totalmente desorientada. Me dijo que me arrodillara. Noté una alfombra.
Me arrodillé y justo mis pechos fueron a dar con unas rodillas. Me coloqué torpemente y aquellas rodillas se abrieron. Mi marido me ayudó a colocarme entre aquellas dos piernas. Unas manos fuertes me acariciaron los hombros y la espalda. Acaricié las piernas de aquel desconocido, y por la cantidad de pelo debía de ser un hombre.
- Aquí todos sabéis qué está pasando menos yo.
- Qué buena que está.. – Oí que decía una persona a mi espalda. Por el tono debía de ser un chico jovencito.
- No sé ni cuántos sois ni quienes. Para quedarme más tranquila ¿Os gusto chicos?
Oí un “Sí” a coro. ¿Cuántas personas habría? ¿3? ¿4? ¿5? Era difícil saberlo.
Fui subiendo mis manos por aquellas piernas desconocidas hasta que me encontré con una polla en erección. La agarré y empecé a masturbarla lentamente.
- ¿Te gusta que se la casque a un extraño cariño?
- Sí , me pone muy cachondo. Yo también me la estoy cascando.
Me acerqué a aquel miembro y le di una chupadita.
- ¿Por qué no la quitas el jersey? – oí a un desconocido decir.
Mi marido me ayudó a levantarme y me hizo girar. Me subió el jersey y en el proceso se me movió un poco la venda.  me la ajustó rápidamente pero pese a que no pude ver a nadie, sí me di cuenta que estaba en un piso grande, y que por la zona en la que estaba ubicado debía de ser de lujo.
Ya en sujetador, mi marido me guió de nuevo para estar de rodillas en la alfombra. Volví a tocar unas piernas, pero me dio la impresión que eran de otra persona. Esta en concreto se trataba de un hombre con una buena panza. Me lancé directa hasta su polla y empecé a marmársela. La tenía pequeña, y me la metía entera en la boca. Oí el sonido metálico de un cinturón a mi derecha, y de repente unas manos empezaron a tocarme las tetitas.
- Qué ganas de follármela. – Otra vez la voz de aquel chico joven. Creo que era el que me estaba tocando las tetas.
Me quitó el sujetador y las dejó al descubierto. Oí la voz ronca del hombre al que se la estaba chupando decir:
- Joder, tenía razón. Parece una chiquilla. ¡Vaya cuerpo!
- No soy una chiquilla, pero te la voy a chupar como si fuera una piruleta – le dije.
El hombre empezó a gemir de placer. Alguien me apartó un poco y entre dos personas me ayudaron a quedarme en tanga.
Palpando, llegué a coger dos pollas y masturbarlas a la vez. De repente alguien se colocó debajo de mí. Debía de ser el chico más joven. Con delicadeza, me acarició las piernas y finalmente el tanga. Yo movía la pelvis excitada. Pegué un grito sorprendida cuando el tío apartó mi tanga a un lado y comenzó a chuparme el coñito. Estaba muy excitada y el hombre gordo se acercó más a mí para que se la chupara. Noté algo como un dedo en la mejilla. Me giré y me metieron una polla en la boca.
El chico que me estaba haciendo un cunilingus se apartó, y ante mi sorpresa, noté algo duro en la entrada de mi coño. El chico me agarró el culito y empezó a meterme un buen pollón. Comenzó un lento mete-saca hasta que me acostumbré a su aparato. Era extraño estar siendo follada en aquella oscuridad. Los otros dos hombre no paraban de darme golpecitos con sus penes en la cara para que les hiciera caso. Se las chupé alternativamente e incluso intenté ambas a la vez.
El chico se salió de mi interior y el hombre obeso me cogió de las manos y tiró de mí. Al principio no sabía qué quería que hiciera, pero al final entendí que quería que me subiera encima de él. Le escalé con dificultad y guié su pequeño pene hasta mi coño. Entró entera. Me apoyé sobre su pecho y empecé a cabalgarle. El hombre me chupaba y besaba el cuello y las tetitas mientras me follaba gimiendo sin parar. El otro hombre se puso a mi lado y noté cómo me guiaba hasta su polla. Se la chupé al tiempo que cabalgaba a aquel hombre.
De repente, el hombre empezó a gemir. Se sacó la polla y empezó a correrse sobre mi culo. Sin darme tiempo apenas a recomponerme, el otro hombre me hizo tumbarme de lado sobre aquella alfombra y se colocó detrás mía. Empezó a follarme con brutalidad y se corrió dentro de mí. Me quedé sola y desorientada en el suelo hasta que de repente noté algo que caía sobre mí. El chico joven se estaba corriendo sobre mi cara.
Mi marido me limpió la cara y me dijo que ahora le tocaba a él. Se tumbó encima de mí en la postura del misionero y comenzó a follarme. Por lo que le conocía, debía de estar muy excitado porque me follaba como un conejo. En un momento dado, la venda se me aflojó y comenzó a caérseme por un lado. A través de aquel ojo libre pude ver que efectivamente estaba en un piso de lujo.
Identifiqué al hombre obeso de unos cuarenta y tantos sentado en una silla masturbándose, en otra silla al otro hombre de unos trentaitantos ya vestido y en la última silla a un chico de veintitantos masturbándose a gran velocidad. Éste último me sonrió y guiñó un ojo. Le saqué la lengua y comencé a hacer gestos sensuales con la misma. Él se acercó y me metió la polla en la boca. Se la chupé con eficiencia hasta que se corrió dentro de la boca. El semen resbalaba por mi cara y caía en la alfombra. Mi marido me follaba como un toro hasta que no aguantó más y se corrió dentro.
Se separó y los 4 hombres me aplaudieron. Me quité la venda y me guiaron hasta un baño donde me limpié.
Durante los días restantes en Madrid, no paramos de comentar aquella sorpresa que tanto habíamos disfrutado.
intercambio de parejas



A ver, quizá por el titulo parece una confesión triste o algo así. No lo es. Disfruto mucho de mi situación actualmente, que ya va por un año desde que empezó. Pero me sigo preguntando si hacemos bien. Será la moral o algo. Pero a veces me lo pregunto.

Bueno, no mareo más, y empiezo mi relato que como digo es rigurosamente real, no he inventado nada, y si hay licencias literarias espero que no modifiquen el relato real.

Somos jóvenes, al menos todavía, yo tengo 34 y mi mujer 31 años, estamos casados desde hace casi cuatro y antes fuimos novios durante 6 años. En total, 10 años como pareja, y nunca habíamos practicado nada fuera de lo considerado normal hasta que tuvimos una crisis hace poco más de dos años. La culpa la tuvo la rutina en la cama, y decidimos probar cosas nuevas. Al final la sumisión (siendo yo el sumiso de ella) fue de todo lo que probamos lo que mas nos llenó. Ella descubrió su lado mandón, y a mí me excitaba mucho verme sometido.

Dentro de esa sumisión habíamos hablado muchas veces de la posibilidad de que ella pudiese acostarse con otros y yo tuviese que aceptarlo, tan solo mirando cuando ella quisiera y sin participar, ni siquiera masturbándome. Sería la mejor forma de culminar los procesos de humillación a que ella me sometía y que tan dura me la ponían a mí. 

Sin embargo, con el plan hecho no nos atrevíamos a dar el paso. Ella quería hacerlo, y yo ya había aceptado ser cornudo, pero nos costaba hacerlo real. Nos frenaba el entorno, que se enterase alguien que nos conociera... en fin, cierto miedo. 

Sin embargo, el verano pasado, estando de vacaciones fuera de España conocimos a dos chicos en la piscina del hotel que tambien eran españoles, los dos de 28 años. Al principio como iban solos creímos que eran gays, además que se veían muy cuidados, de gimnasio... en fin, yo habría jurado que eran gays.

Nos caímos bien con uno de ellos (lo llamaré Rafa, aunque no es su nombre), sobre todo porque le gustó físicamente a mi mujer y aprovechó para hablar mucho con él, y durante dos o tres días siguientes fuimos casi inseparables los tres, porque a su amigo no le hizo tanta gracia nuestra compañía, y nos frecuentaba menos (por eso y porque además era el Mundial de Futbol y se subía a la habitación a ver todos los partidos, hasta los de países que ni conozco). 

Empezamos a ir con ellos a la playa también, y una tarde mi mujer hizo topless a petición de él, después de que le dijese que tenía unos pechos preciosos y que le gustaría verlos. Eso me excitó muchísimo. No lo había hecho nunca con amigos. Nunca. Esa noche mi mujer y yo hablamos de él antes de acostarnos y acabó diciéndome que empezase a asumir que iba a volverme a España con dos cuernos bien puestos, que allí no corríamos ningún riesgo y que en la playa, en una pequeña siesta, había soñado ya que follaba con él. Yo, también excitado, le dije que me encantaría, y que ella haría conmigo lo que quisiese, como siempre. 

El día siguiente fue cuando ella se decidió totalmente a actuar. No les vimos hasta la comida. Nos sentamos juntos y mi mujer empezó a hablar abiertamente de sexo. Primero con dobles sentidos y luego ya directamente, les dijo que mi presencia no era ningún problema para que ella disfrutase con quien le pareciese bien. Incluso mintió diciendo que yo era ya cornudo, y cuando él dijo que eso ya no se lo creía, me preguntó textualmente ¿Cariño, tú te molestarias si me follo a Rafa esta noche en nuestra habitación? yo dije que no, pero solo eso, así que ella me volvió a preguntar ¿A que realmente es lo que quieres que hagamos esta noche? Y de nuevo volví a decir que si. 

Después de aquello, el amigo de él se levantó y se fue, y él se lanzó y dijo que por él no habría que esperar a la noche. Pero mi mujer le dijo que no, que necesitaba volver morena a España, que subiríamos juntos después de la playa. 

Así fue. Tras la tarde en la playa, subimos los tres a nuestra habitación. Ella se duchó y pidió que pasara con ella al baño. El se quedó viendo la tele. En el baño yo pensaba que me diría si estaba preparado para hacerlo o lo dejabamos. Todo lo contrario. Me dijo que ahora iba a ser un sumiso de verdad, sin dejarme opción. Se duchó, salió con la toalla y nos dijo a los dos lo que quería de nosotros. De él quería que se duchase y de mí que bajase al bar del hotel a por hielo, para tomar unas copas del minibar.

Cuando subí con la cubitera, los dos estaban en toalla, hablando.

Mi mujer me dijo que les pusiera una copa a Rafa y a ella, pero para mí no. Yo solo podía beber agua. Lo hice y aun hubo otra ronda. Durante todo el tiempo ella se dedicó a contarle a Rafa algunas de las sesiones de sumisión que había tenido conmigo, y de cómo yo la obedecía en todo. El se fue excitando y se le notaba en la toalla, que a la altura de su ... hacía un efecto tienda de campaña bastante considerable.

Fue cuestión de visto y no visto, mi mujer me pidió que le quitara la toalla a Rafa y que me sentase en la terraza, mirando a la cama con mi vaso de agua. Ella no se iba a quitar la suya y se lo dejó claro. Rafa dijo que adelante, se puso de pie, con ella sentada al borde de la cama, y yo le quité la toalla desde atrás. Ella entonces me dijo que me sentase ya y mirase como era una ... de verdad.

No la tenía mucho mayor que yo, puede que un centímetro o poco mas, pero para ella suponía humillarme más, y el juego sabía que me gustaba mucho. Empezó a masturbarle, lento, cogiéndole la ... con una mano y los testículos con la otra. Con los testículos le gusta jugar como si fueran bolas antistress, y eso precisamente es lo que le hacía. Su ... ya no podía crecer más, estaba al tope, y las venas le iban a reventar. Se le veía durísima. Ella se dio cuenta enseguida y lo tumbó en la cama. Se puso entonces sobre él, con la toalla puesta, pero poniendo en contacto la ... de él con su chochito, que todavía no sabía que se había afeitado esa mañana, dejandose tan solo un hilito de pelo, incluso se le escapó un ¡qué dura está!, que me confesó luego que fue sincero, que no era por excitarme. 

Rafa intentó quitarle la toalla, pero ella dijo que no, porque había gente mirando. Se refería a mí, y yo estaba a punto de estallar, pero ya me había dicho ella que no podía masturbarme ni desnudarme o sacarmela. 

Ella siguió moviéndose como si estuviese penetrándola, pero sin que pudiese verlo. No sabía si lo estaba haciendo o no, pero por la cara de él, suponía que no, que todavía eran solo juegos. Enseguida Rafa comenzó a tocarle las tetas con una mano, por debajo de la toalla, y me dijo a mí directamente Tiene las tetas muy duras, como tus cuernos. Esa frase excitó mucho a mi mujer, que se quitó al fin la toalla. Era verdad, y tenía los pezones durísimos. Al quitarse la toalla, Rafa se dedicó a comerle las tetas durante dos o tres minutos, mientras ella se había tumbado y le cogía la ... a él con las dos manos, como un masaje suave. Mirándome, me dijo traenos un preservativo de los nuestros, cariño. Se le escapó el cariño, pero para mí fue igual de excitante y humillante. Me levanté, lo busqué en la maleta y se lo puse encima de la mesita, mientras veía de cerca como le cogía la ... a él y como él seguía repasándole las tetas.

Ella le pidió a él que se pusiera el preservativo, era de los de sabores de frutas. Cuando pidió que fuese de los nuestros yo ya me imaginé que sería para hacerle una felación, porque los usamos para evitar el sabor a flujo vaginal cuando me la quiere chupar después de la penetración. 

Mientras se ponía el condón ella me miró y me dijo solamente cuatro palabras que tengo grabadas: veo nacer tus cuernos. 

Después de decirlo, miró fijamente la ... de Rafa, tremenda, durísima, y de color naranja con el condón puesto, y se la comió de golpe. La fue sacando poco a poco, y empezó una felación de las que yo conocía muy bien. Repasando y apretando mucho con sus labios, para evitar que perdiera sensibilidad por el preservativo, rozandole el glande con los dientes, y siempre sin dejarle los huevos tranquilos.

En este momento podría omitir lo que sigue, pero sería mentiros. 

Comencé a sentir una especie de revuelto en el estómago, y no podía mirarlo. Me daban nauseas, y tuve que correr al cuarto de baño. Vomité, y mi mujer fue rápidamente a ver como me encontraba. Rafa se puso la toalla y vino también. Acordaron que él se iba, y mi mujer le dijo que lo sentía mucho. 

Después de 10 o 15 minutos me recuperé. Mi mujer me pidió perdón primero, luego intentamos dormir, pero no podiamos, hablamos mucho del tema, y finalmente quien le pidió perdon fui yo.

Al día siguiente me levanté temprano. Dejé a mi mujer durmiendo y fui a la habitación de Rafa, pero no había nadie así que supuse que estarían desayunando. Bajé, y encontré a Rafa con su amigo. Me senté con ellos y me disculpé con él por lo de la noche de antes. Él me dijo que lo entendía, y que si prefería que lo hablasemos a solas. Le dije que no, que hablaría estando los dos. Simplemente le dije que esa tarde yo me iría a la playa a las 4 y no volvería hasta las 7 o las 8. Que mi mujer se quedaría en el hotel, y que podrían estar juntos sin que yo viese nada, que podrían bajar a la piscina, o ... que eso ya no sería asunto mío. El me dijo que no, que no quería causarme problemas, y que era mejor olvidarlo. Y yo le volví a decir la hora: de 4 a 7, en nuestra habitación, si él quería, ella estaría esperándole.

Subí entonces a mi habitación y le dije exactamente lo mismo a mi mujer. Le dije que quería ser cornudo, que la había visto disfrutar y que no quería ser un obstáculo en eso. Que mi puesto con ella era el de un cornudo sumiso.

A las 4 me fui. Volví a las 7. Rafa acudió a la cita, como imaginaba. Cuando llegué ya se había ido, pero mi mujer me agradeció mi sacrificio con una mamada llamándome su buen cornudo, y contándome con todo lujo de detalles los dos polvos que habían echado, lo bueno que era en la penetración, su aguante y que si se hubiese podido enamorar de una ... habría sido esa. Todo mientras se sentía orgullosa de que fuese la primera vez que chupaba dos ... distintas el mismo día.



Desde entonces, han pasado varios chicos por su cama, y casi siempre lo he visto. Luzco mis cuernos con ella porque sé que han revitalizado nuestro matrimonio, y porque ella es la mejor ama posible conmigo.

Estadisticas

Seguidores