sábado, 11 de febrero de 2017

La basectomia

Después de haber tenido nuestros hijos, Elena y yo nos planteamos un método anticonceptivo definitivo que nos permitiera seguir disfrutando del sexo.

 Tras darle algunas vueltas, Elena insistió mucho en que lo mejor sería que me hiciera una vasectomía. Ya estaba harta de las pastillas, de los dispositivos intrauterinos, de los preservativos, etc. Yo no estaba muy convencido puesto que, aunque sé que no es una cosa racional, la posibilidad de no volver a tener hijos me parecía como una especie de castración, como si se perdiera un poco de mi virilidad. Hablamos en repetidas ocasiones sobre el tema y, tras asegurarme Elena que nada cambiaría, por fin me decidí a operarme.

  El día del quirófano llegó, un viernes por la mañana. Ese mismo día estuve molesto, pero el dolor era soportable. Elena me acarició y me dijo con mucho cariño que había hecho lo correcto, que íbamos a disfrutar mucho con esta decisión que “habíamos” tomado. Y digo “habíamos” porque lo recalcó expresamente, como dando a entender que sabía perfectamente que había sido una decisión suya.

 Ese mismo viernes, Elena me cuidó mucho, se preocupó de que no me faltara de nada y estuvo pendiente de todo. Mi sorpresa llegó cuando Elena me dijo que por la noche íbamos a salir un rato a tomar algo, que ya había colocado a los niños con los abuelos. Le dije que prefería descansar un poco, que me dolía un poco la entrepierna, pero no me hizo demasiado caso. Total, que a las diez de la noche ya estábamos cenando en una pizzería y a las doce ya estábamos algo bebidos en una discoteca cercana.

 Empezó a bailar a mi lado como ella sabe, contorneando su cintura y moviendo su generoso culo. Le dije, lógicamente, que no se acercara mucho a mí, porque me podía hacer daño tras una operación tan reciente. Ella estaba un poco bebida y me contestó entre risas:

 - "Pues ya me dirás tú que hago si no puedo tocarte, con lo cachonda que estoy".

 Todavía riendo, me fui a pedir una copa más a la barra. No recuerdo si tardé mucho o poco, pero el caso es que cuando volví comprobé que Elena estaba bailando con un tío de una manera un tanto desinhibida. Me acerqué a ella y le di la bebida que me había pedido. Nada más dársela me dijo al oído:
  - "Pues a éste no le duelen los huevos cuando se los toco".

 Al principio me costó un poco entender lo que decía, pero luego pude ver a lo que se refería. Los bailes eran cada vez menos discretos y cada vez sus movimientos rozaban con mayor descaro el paquete de su compañero de baile.

 - "¿Quieres que baile así contigo?", me preguntó con picardía.

 Los dos sabíamos cuál era la respuesta, pues a mí me resultaba imposible poder bailar así con ella debido al dolor que todavía sentía por la operación. Hizo un giro de cabeza, movió su pelo y siguió bailando con su nueva pareja como si tal cosa.

 Empecé a ponerme cachondo viendo cómo mi mujer estaba tonteando con un desconocido y de qué forma estos movimientos iban siendo cada vez más descarados. Pude comprobar nuevamente que las manos de Elena tocaban repetidamente el paquete de aquel tío y, la verdad, cada vez estaba más excitado. La erección que empezaba a tener me producía dolor porque me tiraban los puntos pero, aunque intentaba controlarme, resultaba difícil. De nuevo, Elena se acercó a mí y me dijo:

 - "Carlos me está poniendo muy caliente. ¿Crees que esta noche tú, David, podrás cumplir como un macho con esta hembra?".

 - "Elena, esta mañana me han hecho la vasectomía, y me duele bastante. No puedo hacer nada de nada hoy. Ya lo sabes".

 - ¡Oh, qué lástima!... Jajaja", contestó Elena irónica, para continuar diciendo:

 – "Pues si tú no vales, alguien tendrá que hacerlo".

 - "¿Cómo que yo no valgo?", pregunté ofendido.

 - "No te enfades, David, no te enfades. Hoy no me sirves. No pasa nada, no es nada malo. Yo lo entiendo, pero tú también tienes que entenderlo. Estoy muy caliente y necesito un hombre".



 - "¡Para hombre ya estoy yo!".

 - "Vamos a ver, David, hablemos claro. Ahora ya no eres hombre, eres medio hombre, como mucho. Nunca has sido muy macho que digamos, siempre me has follado regular, pero me has podido dar descendencia. Gracias a eso hemos tenido unos hijos maravillosos. Ahora que ya no puedes darme hijos ya podemos decir que has perdido tu valor añadido. Ahora eres medio hombre".

 - "¡No me jodas, Elena!, ¡pero si fuiste tú la que quisiste que lo hiciera!".

 - "Ya, ya. Eso ya lo sé. Pero yo necesito algo más. Necesito un poco de hombría. Necesito un macho. Ahora que sabes que tú nunca serás ese macho, entenderás que busque otros machos. Estaba esperando a que te operases para poder hacerlo".

 - "Eres cruel, Elena".

 Entonces Elena pareció recobrar toda la sobriedad perdida por el alcohol, me miró bien profundo a los ojos, miró bien adentro en mi interior y me dijo con una seguridad inusitada:

 - "Mírame fijamente y dime que no te pone cachondo lo que estás viendo. Dime solamente eso y todo habrá terminado. Nos iremos a casa y nunca más volveremos a hablar de este asunto. Mírame a los ojos y dímelo".

 Mi corazón latía como un bombo en mi interior. La música pareció apagarse. Se hizo un silencio en el mundo que me pareció eterno. Finalmente, bajé la mirada.

 - "Mírame, cobarde", dijo Elena cogiéndome la cara y levantándome la barbilla.

 - "Tienes razón", susurré.

 - "¿Qué has dicho?".

 - "Que tienes razón".

 - "¿En qué tengo razón?", insistió Elena.

 - "En que me pongo cachondo viéndote con otro hombre".

 - "¿Sólo viéndome con otro hombre?", volvió a insistir.

 - "No, me pongo cachondo de verte bailando y rozándote con otro hombre. Me gusta que lo hagas".

 - "¿Sabes qué significa eso?", me preguntó.

 - "¿Qué? ¿Qué significa?".


 - Que eres un cornudo, David. Eres un cornudo en potencia. Deseas ver a tu mujer con otros hombres y eso es lo que hacen los cornudos. Si fueras la mitad de hombre de lo que tendrías que ser ya le hubieras partido la cara a este fulano. Pero no. Tú quieres verme. Quieres ver cómo hago estas cosas. Eres un cornudo, David. Un cornudo".

 No supe qué decir. Me quedé sin palabras. La situación parecía superarme. Por un lado, Elena había dado en el punto justo. Había comprendido a la perfección mis sentimientos y los estaba aprovechando en mi contra. Por otro lado, estaba aprovechando mi vasectomía para hacerme un cornudo.

 - "¿Sabes lo que voy a hacer, cornudo?", dijo con la seguridad de haber ganado una batalla y haber desmontado a su contrincante.

 - "¿Qué vas a hacer, Elena?", contesté de manera casi automática.

 - "Voy a irme a bailar con Carlos y te voy a hacer feliz. Te voy a hacer el hombre más cornudo que haya existido. Voy a hacer realidad tu fantasía. Por fin lo voy a hacer".

 Dicho esto, se dio la vuelta, me dejó allí con mi cubata y se fue de nuevo a los brazos de aquel tipo. Tal como llegó, le plantó un morreo en toda la boca, tocando con sus manos cada rincón de su espalda, primero, y de su culo, después. Las manos de Carlos no se quedaron quietas y también recorrieron cada centímetro de la anatomía de Elena.

 Yo estaba desmontado, mirando. Sin embargo, estaba tranquilo. Me sentía bien. Sentía que estaba disfrutando como ella me había dicho.

 Entre bailes, magreos, besos apasionados y manos inquietas fueron pasando los minutos y cada vez el espectáculo era más insoportable. Toda la pista de baile acabó mirando de qué manera Carlos metía mano a mi mujer por debajo de la falda, por debajo del vestido por debajo de todos lados y como le comía la boca, cómo le besaba el cuello con pasión, como hacía con ella lo que quería...

 Cuando parecía que no podían llegar más lejos en cuanto a excitación, Elena se acercó nuevamente a mí, pero esta vez abrazada a la cintura de Carlos y me dijo si nos podíamos ir.


 - "Claro, ya te has cansado de este juego, ¿no?", le dije con cierto aire de victoria.

 - "¿Cansado? ¡Qué va! Lo que pasa es que quiero ir con Carlos a follar como una loca, pero no tenemos coche. A ti no te importaría llevarnos ¿verdad?".

 No sé cómo no los mandé a la mierda, porque era para hacerlo, pero el caso es que en unos minutos estaba conduciendo, lleno de excitación, mi propio coche hacia un hotel de las afueras donde se hospedaba el tal Carlos. Como era de esperar, ellos iban en el asiento de atrás, metiéndose mano como desesperados y morreándose con entrecortada respiración. Yo conducía como lo que Elena me había dicho, como un cornudo que mira por el espejo retrovisor cómo su mujer abre las piernas para que otro hombre meta sus dedos en la vagina. Esa vagina que un día alumbró a mis hijos.

 Una vez en el hotel me dijeron que esperase en el coche si quería o que me fuera a casa. Lo que yo prefiriese, pero que no podía subir a la habitación. Me quedé mudo, sin contestar, mientras los veía alejarse del coche. En ese momento, pude ver cómo Elena se abrazaba a Carlos, como crecía aún más esa pasión que habían ido cultivando desde el principio de la noche. La mano de él en el culo de ella, no mostraban temor alguno y la mano de ella por dentro del pantalón de él presagiaban lo que pasaría en la habitación.

 Tras unos minutos de desconcierto en el asiento delantero del coche, en los que no sabía muy bien qué tenía que hacer, opté por volver a casa, puesto que no sabía cuánto iba a durar la fiesta, pero imaginaba que no sería una cosa rápida.

 En la cama, mis pensamientos volaron, mi imaginación imaginó todo lo imaginable. No podía conciliar el sueño. No podía pensar en otra cosa que en Elena siendo follada por otro hombre. No podía alejar mis pensamientos de todo aquello que estarían haciendo en el hotel al que yo mismo les había llevado tan amablemente.

 Al alba llegó, la mañana se hizo mediodía y Elena apareció por la puerta de casa con muy mala cara. Despeinada, arrastrando los pies y desmaquillada...

 - "¿Qué te ha pasado?", le pregunté preocupado.

 Ella a duras penas consiguió contestar, pero pudo finalmente decir:

 - "Estoy cansadísima, David. No te preocupes. Voy a descansar un buen rato que no he pegado ojo en toda la noche y luego te lo cuento todo. Sólo decirte que tengas mucho cuidado, que con los cuernos que tienes puedes rayar el techo de casa. Por fin has conseguido lo que realmente querías".

 Dicho esto, me dio un beso en la mejilla. Olía a sexo, a sexo muy sucio. Olía a otro hombre. Olía a semen y a colonia. Olía a pura lujuria.

 Horas más tardes, cuando volvió a ser persona, me dio detalles de cómo le había chupado la polla a Carlos nada más entrar en la habitación, de cómo habían follado de todas las manera posibles, de cómo se la había metido sin piedad por todos sus orificios una y otra vez. Me dio detalles de lo más morbosos de cómo había disfrutado, de cada uno de sus múltiples orgasmos, de cómo Carlos se había corrido en su interior, en su cara y en donde le había parecido bien. Me dio hasta el más mínimo detalle de cómo me había hecho, por fin, un buen cornudo aprovechando mi vasectomía.

 Hoy hace casi 6 meses de todo aquello. Elena está embarazada (¡después de mi vasectomía!), pero eso es otra historia...


 El día del quirófano llegó, un viernes por la mañana. Ese mismo día estuve molesto, pero el dolor era soportable. Elena me acarició y me dijo con mucho cariño que había hecho lo correcto, que íbamos a disfrutar mucho con esta decisión que “habíamos” tomado. Y digo “habíamos” porque lo recalcó expresamente, como dando a entender que sabía perfectamente que había sido una decisión suya.

 Ese mismo viernes, Elena me cuidó mucho, se preocupó de que no me faltara de nada y estuvo pendiente de todo. Mi sorpresa llegó cuando Elena me dijo que por la noche íbamos a salir un rato a tomar algo, que ya había colocado a los niños con los abuelos. Le dije que prefería descansar un poco, que me dolía un poco la entrepierna, pero no me hizo demasiado caso. Total, que a las diez de la noche ya estábamos cenando en una pizzería y a las doce ya estábamos algo bebidos en una discoteca cercana.

 Empezó a bailar a mi lado como ella sabe, contorneando su cintura y moviendo su generoso culo. Le dije, lógicamente, que no se acercara mucho a mí, porque me podía hacer daño tras una operación tan reciente. Ella estaba un poco bebida y me contestó entre risas:

 - "Pues ya me dirás tú que hago si no puedo tocarte, con lo cachonda que estoy".

 Todavía riendo, me fui a pedir una copa más a la barra. No recuerdo si tardé mucho o poco, pero el caso es que cuando volví comprobé que Elena estaba bailando con un tío de una manera un tanto desinhibida. Me acerqué a ella y le di la bebida que me había pedido. Nada más dársela me dijo al oído:

 - "Pues a éste no le duelen los huevos cuando se los toco".

 Al principio me costó un poco entender lo que decía, pero luego pude ver a lo que se refería. Los bailes eran cada vez menos discretos y cada vez sus movimientos rozaban con mayor descaro el paquete de su compañero de baile.

 - "¿Quieres que baile así contigo?", me preguntó con picardía.

 Los dos sabíamos cuál era la respuesta, pues a mí me resultaba imposible poder bailar así con ella debido al dolor que todavía sentía por la operación. Hizo un giro de cabeza, movió su pelo y siguió bailando con su nueva pareja como si tal cosa.

 Empecé a ponerme cachondo viendo cómo mi mujer estaba tonteando con un desconocido y de qué forma estos movimientos iban siendo cada vez más descarados. Pude comprobar nuevamente que las manos de Elena tocaban repetidamente el paquete de aquel tío y, la verdad, cada vez estaba más excitado. La erección que empezaba a tener me producía dolor porque me tiraban los puntos pero, aunque intentaba controlarme, resultaba difícil. De nuevo, Elena se acercó a mí y me dijo:

 - "Carlos me está poniendo muy caliente. ¿Crees que esta noche tú, David, podrás cumplir como un macho con esta hembra?".

 - "Elena, esta mañana me han hecho la vasectomía, y me duele bastante. No puedo hacer nada de nada hoy. Ya lo sabes".

 - ¡Oh, qué lástima!... Jajaja", contestó Elena irónica, para continuar diciendo:

 – "Pues si tú no vales, alguien tendrá que hacerlo".

 - "¿Cómo que yo no valgo?", pregunté ofendido.

 - "No te enfades, David, no te enfades. Hoy no me sirves. No pasa nada, no es nada malo. Yo lo entiendo, pero tú también tienes que entenderlo. Estoy muy caliente y necesito un hombre".


 - "¡Para hombre ya estoy yo!".

 
 
 - "Vamos a ver, David, hablemos claro. Ahora ya no eres hombre, eres medio hombre, como mucho. Nunca has sido muy macho que digamos, siempre me has follado regular, pero me has podido dar descendencia. Gracias a eso hemos tenido unos hijos maravillosos. Ahora que ya no puedes darme hijos ya podemos decir que has perdido tu valor añadido. Ahora eres medio hombre".

 - "¡No me jodas, Elena!, ¡pero si fuiste tú la que quisiste que lo hiciera!".

 - "Ya, ya. Eso ya lo sé. Pero yo necesito algo más. Necesito un poco de hombría. Necesito un macho. Ahora que sabes que tú nunca serás ese macho, entenderás que busque otros machos. Estaba esperando a que te operases para poder hacerlo".

 - "Eres cruel, Elena".

 Entonces Elena pareció recobrar toda la sobriedad perdida por el alcohol, me miró bien profundo a los ojos, miró bien adentro en mi interior y me dijo con una seguridad inusitada:

 - "Mírame fijamente y dime que no te pone cachondo lo que estás viendo. Dime solamente eso y todo habrá terminado. Nos iremos a casa y nunca más volveremos a hablar de este asunto. Mírame a los ojos y dímelo".

 Mi corazón latía como un bombo en mi interior. La música pareció apagarse. Se hizo un silencio en el mundo que me pareció eterno. Finalmente, bajé la mirada.

 - "Mírame, cobarde", dijo Elena cogiéndome la cara y levantándome la barbilla.

 
 - "Tienes razón", susurré.

 - "¿Qué has dicho?".

 - "Que tienes razón".

 - "¿En qué tengo razón?", insistió Elena.

 - "En que me pongo cachondo viéndote con otro hombre".

 - "¿Sólo viéndome con otro hombre?", volvió a insistir.

 - "No, me pongo cachondo de verte bailando y rozándote con otro hombre. Me gusta que lo hagas".

 - "¿Sabes qué significa eso?", me preguntó.

 - "¿Qué? ¿Qué significa?".

 - Que eres un cornudo, David. Eres un cornudo en potencia. Deseas ver a tu mujer con otros hombres y eso es lo que hacen los cornudos. Si fueras la mitad de hombre de lo que tendrías que ser ya le hubieras partido la cara a este fulano. Pero no. Tú quieres verme. Quieres ver cómo hago estas cosas. Eres un cornudo, David. Un cornudo".

 No supe qué decir. Me quedé sin palabras. La situación parecía superarme. Por un lado, Elena había dado en el punto justo. Había comprendido a la perfección mis sentimientos y los estaba aprovechando en mi contra. Por otro lado, estaba aprovechando mi vasectomía para hacerme un cornudo.

 - "¿Sabes lo que voy a hacer, cornudo?", dijo con la seguridad de haber ganado una batalla y haber desmontado a su contrincante.

 - "¿Qué vas a hacer, Elena?", contesté de manera casi automática.

 - "Voy a irme a bailar con Carlos y te voy a hacer feliz. Te voy a hacer el hombre más cornudo que haya existido. Voy a hacer realidad tu fantasía. Por fin lo voy a hacer".

 Dicho esto, se dio la vuelta, me dejó allí con mi cubata y se fue de nuevo a los brazos de aquel tipo. Tal como llegó, le plantó un morreo en toda la boca, tocando con sus manos cada rincón de su espalda, primero, y de su culo, después. Las manos de Carlos no se quedaron quietas y también recorrieron cada centímetro de la anatomía de Elena.

 Yo estaba desmontado, mirando. Sin embargo, estaba tranquilo. Me sentía bien. Sentía que estaba disfrutando como ella me había dicho.

 Entre bailes, magreos, besos apasionados y manos inquietas fueron pasando los minutos y cada vez el espectáculo era más insoportable. Toda la pista de baile acabó mirando de qué manera Carlos metía mano a mi mujer por debajo de la falda, por debajo del vestido por debajo de todos lados y como le comía la boca, cómo le besaba el cuello con pasión, como hacía con ella lo que quería...

 Cuando parecía que no podían llegar más lejos en cuanto a excitación, Elena se acercó nuevamente a mí, pero esta vez abrazada a la cintura de Carlos y me dijo si nos podíamos ir.

 

 - "Claro, ya te has cansado de este juego, ¿no?", le dije con cierto aire de victoria.

 - "¿Cansado? ¡Qué va! Lo que pasa es que quiero ir con Carlos a follar como una loca, pero no tenemos coche. A ti no te importaría llevarnos ¿verdad?".

 No sé cómo no los mandé a la mierda, porque era para hacerlo, pero el caso es que en unos minutos estaba conduciendo, lleno de excitación, mi propio coche hacia un hotel de las afueras donde se hospedaba el tal Carlos. Como era de esperar, ellos iban en el asiento de atrás, metiéndose mano como desesperados y morreándose con entrecortada respiración. Yo conducía como lo que Elena me había dicho, como un cornudo que mira por el espejo retrovisor cómo su mujer abre las piernas para que otro hombre meta sus dedos en la vagina. Esa vagina que un día alumbró a mis hijos.

 Una vez en el hotel me dijeron que esperase en el coche si quería o que me fuera a casa. Lo que yo prefiriese, pero que no podía subir a la habitación. Me quedé mudo, sin contestar, mientras los veía alejarse del coche. En ese momento, pude ver cómo Elena se abrazaba a Carlos, como crecía aún más esa pasión que habían ido cultivando desde el principio de la noche. La mano de él en el culo de ella, no mostraban temor alguno y la mano de ella por dentro del pantalón de él presagiaban lo que pasaría en la habitación.

 Tras unos minutos de desconcierto en el asiento delantero del coche, en los que no sabía muy bien qué tenía que hacer, opté por volver a casa, puesto que no sabía cuánto iba a durar la fiesta, pero imaginaba que no sería una cosa rápida.

 En la cama, mis pensamientos volaron, mi imaginación imaginó todo lo imaginable. No podía conciliar el sueño. No podía pensar en otra cosa que en Elena siendo follada por otro hombre. No podía alejar mis pensamientos de todo aquello que estarían haciendo en el hotel al que yo mismo les había llevado tan amablemente.

 Al alba llegó, la mañana se hizo mediodía y Elena apareció por la puerta de casa con muy mala cara. Despeinada, arrastrando los pies y desmaquillada...

 - "¿Qué te ha pasado?", le pregunté preocupado.

 Ella a duras penas consiguió contestar, pero pudo finalmente decir:

 - "Estoy cansadísima, David. No te preocupes. Voy a descansar un buen rato que no he pegado ojo en toda la noche y luego te lo cuento todo. Sólo decirte que tengas mucho cuidado, que con los cuernos que tienes puedes rayar el techo de casa. Por fin has conseguido lo que realmente querías".


 Dicho esto, me dio un beso en la mejilla. Olía a sexo, a sexo muy sucio. Olía a otro hombre. Olía a semen y a colonia. Olía a pura lujuria.

 Horas más tardes, cuando volvió a ser persona, me dio detalles de cómo le había chupado la polla a Carlos nada más entrar en la habitación, de cómo habían follado de todas las manera posibles, de cómo se la había metido sin piedad por todos sus orificios una y otra vez. Me dio detalles de lo más morbosos de cómo había disfrutado, de cada uno de sus múltiples orgasmos, de cómo Carlos se había corrido en su interior, en su cara y en donde le había parecido bien. Me dio hasta el más mínimo detalle de cómo me había hecho, por fin, un buen cornudo aprovechando mi vasectomía.

 Hoy hace casi 6 meses de todo aquello. Elena está embarazada (¡después de mi vasectomía!), pero eso es otra historia...
















intercambio de parejas

Hola amigos amantes de las historias eróticas, me llamo Rafael y tengo 35 de edad.

intercambio de parejas
Hola amigos amantes de las historias eróticas, me llamo Rafael y tengo 35 de edad.
A partir de las experiencias que vivi, le tome el gusto por lo prohibido , buscaba películas donde hubiera mucho sexo , compraba revistas de mujeres desnudas, etc.
Cuando tenia 9 años bien me acuerdo que mi mama tenia un taller de corte y confección y tenia como ayudantes a sus amigas que eran vecinas de nosotros .   Tenia como 4 maquinas de coser y 2 de ellas estaban en el pasillo y las otras a un lado de la mesa de corte.
Ese dia estaba yo haciendo unos dibujos en dicha mesa, era una tarea para la escuela de pronto hago un movimiento brusco y se me cae un bolígrafo debajo de la mesa.  Cuando me agacho a buscar mi bolígrafo oh Dios ¡ que sorpresa me lleve , al ver a una de las amigas de mama sentada en la maquina de coser quedando de frente a mi con sus piernas abiertas porque para accionar el mecanismo de la maquina tiene que abrir las piernas y deja despajado todo el panorama para verle sus pantaletas.
Eran de color rojo uy que rica se veía Natalia que asi se llamaba la vecina , ella no se percato del show que estaba dando, yo me puse nervioso me quede como hipnotizado cuando escuche a mama.......que estas buscando abajo?........nada mami es que tire mi pluma......ah bueno pues termina tu tarea que ya va a ser hora de que vayas a la escuela.
Uuf! ....por suerte no se dio cuenta de lo que estaba haciendo.  Recogí mis útiles y me fui a mi cuarto,   me quede bien caliente por lo que había visto. Desde que me fui a las escuela hasta que regrese no dejaba de pensar en esas pantaletas de Natalia y lo bien que se veia,
A partir de ese dia siempre buscaba algun pretexto para estar a la hora que las amigas de mama venian a trabajar y casi siempre traian faldas que era lo que mas me excitaba sobretodo Natalia que tenia unas piernas bien torneadas y unas nalgas bien paradas.
En otra ocasión ahora a la que me toco espiar fue a Andrea hermana de Natalia que por cierto era comadre de mama y esta era un poco mayor que su hermana nunca me llamo la atención hasta ese dia dia que la espie por debajo de la mesa,  traia una falda negra y debajo unas pantaletas blancas o cremitas no me acuerdo bien.      Pero solo de acordarme me ponia bien caliente a tal grado que me iba al baño y me la jalaba pensando en ellas y fantaseaba con cogermelas,  me empezaron a gustar las mujeres maduras.
Al siguiente dia llego por la mañana Gloria una vieja amiga de mi mama y venia como tres veces por semana a hacer el quehacer en la casa,  y esta vez estaba en el fregadero lavando los trastes, ella tambien acostumbraba ponerse faldas y tenia buena nalga y buenas piernas, en fin era toda una hembra bien formada y se me antojaba cada vez que la veia.      Bueno pues esta vez aproveche para sacarle platica yo estaba sentado en el comedor y ella de espaldas hacia mi lavando los trastes,  y cada vez que podia me acercaba con un espejo y se lo ponia por debajo de sus piernas para verle los calzones,   eran blancos casi siempre de las veces que la espie eran de ese color.
Pero lo mas excitante fue el dia que llego vestida como si fuera enfermera,  ah como me calente !  ..............traia puestas unas

pantymedias de color blanco y tambien aproveche para ver por debajo de su falda y traia unas pantaletas del mismo color fue tal mi obsesion con ella que un dia que fui de visita a su casa me meti a su cuarto y me robe una de sus pantaletas, unas blancas y con ellas me masturbaba hasta dejarlas llenas de semen pensando en que podrian ser para ella.
Asi como con ella tuve muchas experiencias parecidas tambien las tuve con mis tias gracias al espejito que siempre me cargaba, una tarde en el patio trasero de la casa estaba mi tia Trinidad hermana de papa lavando ropa y yo llegue muy inocentemente y simule buscar algo a espaldas de ella y aproveche para poner mi espejo es mas tuve la oprtunidad de agacharme y darme un buen taco de ojo viendo sus pantaletas blancas,  se veia como se le metian entre sus piernas.  Trinidad eran una mujer ya grande pero todavia tenia lo suyo y tambien llegue a fantasear con ella.
Pero todavia hay mas !   Mi tia Lorena una mujer de 45 de edad en aquel entonces le gustaba vestir trajes sastres y pantymedias del mismo color, tambien aprovechaba yo cuando estaba en su casa para buscar entre sus cajones y ver todas sus pantaletas y tambien me robe unas.     Bueno , un dia cuando ella estaba de visita en la casa vestia de color cremita su traje saco y falda por igual y estabamos en el comedor terminando de cenar y ella estaba sentada en una esquina de la mesa y mama de frente a mi, entonces hize como que se me cayo algo y me agache por debajo de la mesa y pude notar que traia pantaletas del mismo color que las pantys y de paso tambien me di un taco de ojo con mama, ella traia falda amarilla y unas pantaletas azul claro,   oh cielos! Que espectaculo esa noche , me levante del comedor y me fui a mi cuarto cuando de pronto llego mi tia preguntando que hacia y le dije.......nada! Aqui viendo mis peces ( me gustan los acuarios)
Ah que bonitos como se llaman?......
- guppies! Le dije.......y asi me estuvo preguntando muchas cosas como queriendo coquetear conmigo o al menos eso entendia yo,...............tia quiere ver mi perro? Lo tengo aqui afuerita del pasillo pero no lo dejo entrar porque hace muchas travesuras.
Vamos a que me lo enseñes ! Dijo ella....
- mire asomese poraqui porque no puedo abrirle la puerta!..........
Entonces ella se paro de puntitas para poder ver a mi perro mientras yo nuevamente la veia por debajo de su falda, como que ella sospechaba algo pero eso a mi me excitaba mas y mas con ella tanto que en otra ocasion la encontre en la cocina y la espie y traia unas pantaletas azul marino,  no pude contenerme y la toque por detras y le pregunte , de que color traia sus pantaletas y ella me dijo como enojada,   no se , e inmediatamente se alejo de mi yo tambien para no incomodar, pero ese dia tambien me fui al baño y me masturbe pensando en ella.
Pero lo mejor fue el dia que se quedo en casa y se estaba dando un baño, la puerta tenia una abertura muy leve y por ahi me asome y fue lo mejor que me haya tocado ver en una mujer, la vi totalmente desnuda y alcanze a ver su panocha bien peluda, ella seguia siendo una de mis tantas obsesiones.
Volviendo a con lo de las vecinas que ayudaban a mama, Alicia otra otra vecina vino ese dia a hacer unos trabajos y tenia que encontrar una tela para poder realizarlo, mi mama le dijo que buscara en el cuarto donde solo habia telas y demás cosas para la costura.
Yo me ofrecí a ayudarla a buscar dicha tela porque mama tenia una montaña de telas y habia que urgar hasta encontrarla, fue ahi donde aproveche que ella se agacho y pude ver bajo su falda azul marino traia unas pantaletas amarillas, como dos o tres veces me agache mi corazon latia a mil por hora sintiendo la adrenalina y el saber que me podia descubrir eso me excitaba mas.
Varias veces la espie, en una ocasión mi mama me mando a su casa y aproveche para pedirle permiso a pasar a su baño,   claro que si pasale! Dijo ella muy amable.
El baño era grande y en tiempos de lluvia ahi dentro guardaba su lavadora, y dentro tenia ropa al parecer sucia, yo aproveche y comenze a buscar sus pantaletas hasta que encontre unas rojas de encaje rojo.   Me las meti al bolsillo y sali , le di las gracias y me fui rapidamente a casa para ponerme a olerlas en mi cuarto,  uummm!  Ese olor de las pantaletas usadas me ponia bien cachondo y con ellas me masturbaba.
Esto es tan solo una parte de mis tantas anecdotas y aventuras.
Perdon si hay faltas de ortografia, y edicion.
Esperen la 2a parte de este niño Rafa , ya que el me seguira contando a mi para yo publicarlo.   Gracias!

Las nalgas excitantes de mi esposa posando para mi corneador antes de que la penetrara rico como ellos quisieran..

intercambio de parejas este aporte de
Jesús Rafael quieroconocertexxx@gmail.com
Os pongo en antecedentes. Eva, 32 años, morena, pelo corto, bajita (1.60), con algún kilo de más, buenas tetas (95 de talla) y culo firme. Yo, 33 años, un poco más alto, con vello, dotación normal.








 Desde el comienzo, las relaciones sexuales fueron muy buenas, intensas, y a los dos meses ya me había dejado follarle el culito por primera vez. Fantaseábamos, morboseábamos, lo hicimos en la playa (dentro del agua, y con gente alrededor), en otros sitios públicos... Y poco a poco, cuando follábamos, yo añadía en algún momento si no le gustaría tener otra polla en la boca, y ella decía que sí. Así que comenzamos a hablar en serio del tema, y decidimos que por qué no. Que bien podía ser un trío, bien un intercambio... Pero al final sólo se quedaba en conversaciones, sin nada más.

 Y llegaron las vacaciones de verano. Como no queríamos gastar mucho, una pareja amiga de la familia de ella, argentinos los dos (él, Néstor, 64 años; ella, Cristina, 60), nos dijeron que si queríamos ir con ellos a Benidorm, que iban a un hotel económico y que así podríamos repartir gastos de gasolina, etc. Al no tener otros planes pensados, nos animamos a ir con ellos.

 Llegamos un lunes al mediodía, teníamos habitaciones en la misma planta, decidimos comer por allí y luego ir a la playa. Hicimos eso, y por la noche cenamos en el hotel y nos fuimos al paseo marítimo por la noche, y fin del día.

 El día siguiente decidimos aprovecharlo en la playa, y nada más desayunar, allá nos fuimos. Como las mujeres iban a quedarse tomando el sol y Néstor prefería leer, yo decidí ir a dar un paseo. Al regresar, quise darme un baño y Eva se metió conmigo. Cuando estábamos en ello, Eva me dice que Néstor es un poco picarón, y yo le pregunto por qué, y me dice que porque ella les había dicho a ellos que si podían darle crema en la espalda, y que él se había ofrecido, y aprovechó ese momento para darle la crema como si la estuviera masajeando, y que le había pasado las manos cerca del culo. Yo le dije que no le diera importancia, y para quitarle hierro, añadí: Anda, que si lo que quiere es follarte, jeje. Eva sonrió, y dijo que él podía ser su padre, entonces yo le dije que probara más tarde a ver si él repetía la acción.


 Y así lo hizo. Yo seguía en el agua, ella les pidió que le dieran crema y él volvió a hacerlo, y esta vez me dijo Eva que él se había acercado peligrosamente a su entrepierna. Entonces le dije que a buen seguro él quería follársela, ella no lo tenía muy claro pero teniendo en cuenta lo que había pasado no andaba muy desencaminado. Esa noche había baile en la disco del hotel, y en un momento en que estábamos bailando cada uno con su pareja, Néstor nos pidió que si cambiábamos de pareja de baile, y lo hicimos. Cristina es una mujer normalita, rubia, delgada, con poco pecho, y a mí no me atraía nada, así que bailamos sin problema alguno mientras Eva y Néstor hacían lo propio, o eso creía yo, porque cuando llegamos a la habitación Eva me dijo que Néstor le había dicho que estaba guapísima, que se le había arrimado algo más de lo normal y que había notado que estaba empalmado, y además entre baile y baile le había rozado el culo varias veces con la mano.

 Entonces yo le dije si poníamos fin a esta situación o si seguíamos el juego hasta ver dónde llegaba. Ella dudaba por tratarse de un hombre tan mayor y de la amistad que les unía a su familia, pero al mismo tiempo decía que se conservaba muy bien (1,95 de argentino, con un cuerpo bien cuidado) y que, puestos a probar por primera vez, tal vez era mejor con alguien de confianza. Nos echamos unas risas pensando en que si sucedía algo, qué pasaría con Cristina, y después echamos un polvo increíble.

 Al tercer día (íbamos a estar cinco), cuando nos levantamos, decidimos dar un paso más para ver hasta dónde quería llegar Néstor, así que cuando fuimos a la playa le dije a Cristina que si nos íbamos a dar una vuelta, ella aceptó, paseamos charlando de todo un poco, y a nuestro regreso, y como el día anterior, le dije a Eva que si nos bañábamos. Cuando estábamos en el agua, me dijo que, esta vez, al darle crema, él había metido un dedo por debajo de la parte de abajo de su bikini, y como ella no había dicho nada, lo había repetido varias veces. Entonces, al darse la vuelta, Eva se quitó la parte de arriba y él le dijo que tenía un cuerpo precioso, a lo que ella le dio las gracias y comenzó a darse crema en las tetas, viendo como a él le crecía el bulto en el bañador. Le pregunté a Eva si estaba dispuesta a seguir adelante, y ella dijo que sí, que ya le daba mucho morbo imaginarse follando con él, así que decidimos esperar a ver qué pasaba esa noche en el baile.

 Ya en el baile, por la noche, volvimos a bailar cada uno con su pareja hasta que cambiamos, y vi cómo esta vez era Eva la que se pegaba a Néstor. Entonces, como sentía curiosidad acerca de lo que pensaba o sabía Cristina, le señalé cómo bailaban los dos y me dijo que a él, Eva siempre le había parecido una chica muy linda. Cuando cambiamos de nuevo de pareja, Eva me dijo que, cuando se habían juntado más de lo normal, él había sido muy directo y le había pedido perdón por estar como estaba (tan empalmado), pero que era imposible no estarlo bailando con una mujer tan hermosa. Le dije a Eva que hiciera lo posible por llevarse a Cristina al baño o a otro lugar que quería hablar yo con Néstor, y cuando lo hizo, como me fijé de qué manera le miraba él a Eva, directamente le dije: Está guapa Eva, ¿verdad?. Él me contestó que mucho, y que yo era muy afortunado, entonces no me lo pensé más y le pregunté si le gustaría acostarse con ella. Él me miró extrañado, y tras dudar un instante, pasó de decirme que no muy tímidamente a decirme que eso sin duda sería un placer. Así fue como yo le dije entonces que, viendo lo que había pasado en los dos días anteriores, habíamos hablado de ello, y que a ninguno de los dos nos importaría que él se acostara con ella, pero que no sabíamos qué pasaba con Cristina.

 Y ahí me sorprendió, pues me dijo que Cristina y él habían practicado tríos e intercambios tiempo atrás, y aunque ahora hacía tiempo que no hacían nada, habían hablado de cuánto les gustaría hacer un trío con Eva, o al menos que Néstor se la follara, pues nunca hubieran imaginado que a nosotros nos gustase. Yo le conté que sería nuestra primera vez, y eso a él le encantó, así que cuando ellas llegaron, comentamos el asunto con más naturalidad, y así estuvimos hasta que Néstor le preguntó a Eva si le gustaría subir con él a la habitación, y que si me importaría que nosotros lo hiciéramos algunos minutos después.

 A Eva no le importó y a mí tampoco, y me quedé con Cristina hablando de todo un poco, aunque más de sexo que de otra cosa, hasta que unos 25 minutos después decidimos subir. Estaban en la habitación de ellos, y cuando Cristina abrió la puerta, la escena no podía ser más morbosa. Néstor, un tiarrón altísimo, con su pecho velludo de color blanco, sus canas... estaba follando increíblemente duro a mi novia, muy pequeñita en relación a él. Estaban de cara a la puerta, encima de la cama, Eva a cuatro patas y él, desde atrás, follándola de una manera que hacía temblar la cama, bambolear sus tetas de un modo increíble, y haciéndole berrear a ella como nunca la había oído (a eso ayudaba que él tenía un pollón de 20 cms. y muy gordo).


 Yo le pregunté a él si estaba disfrutando, él respondió que como nunca, y me acerqué a darle un morreo a Eva que sólo acertó a decirme que la estaba partiendo en dos y que estaba gozando como una perra en celo. Entonces Cristina se acercó a su marido y se comieron la boca mientras él empezaba a magrearla, con lo que yo me comencé a desnudar y ella hizo lo propio. Aunque era muy normalita físicamente, Cristina resultó ser una auténtica viciosa, porque se acercó a mí, me dijo que por qué no dejábamos a la parejita seguir follando solos de momento, me sentó en una butaca y me dijo que contemplara el espectáculo, momento en el que se agachó y comenzó a hacerme una de las mejores mamadas de mi vida mientras yo disfrutaba cómo, ahora, Néstor había tumbado a Eva en la cama, la había abierto bien de piernas con sus manazas, y le clavaba su pollón hasta el fondo, haciendo que ella continuara gritando.

 Cuando Cristina estaba a punto de hacerme correr, le hice ponerse en pie, le comí las tetitas un buen rato mientras le masturbaba, y cuando ya la noté muy caliente hice que se sentara sobre mi polla, pero dándome la espalda, para que ella también disfrutara del espectáculo de Néstor y Eva, que seguían follando sin parar, hasta que se detuvieron para tomarse un respiro, momento en que aquello se convirtió en una cama redonda, pero por decisión de Néstor y Cristina, querían darnos las gracias haciendo que aquella fuera la noche de Eva, con lo que se pusieron manos a la obra con ella, y mientras yo le daba de mamar, Néstor le comía las tetas y Cristina le hizo una comida de coño increíble, haciendo que Eva se corriera desesperadamente. Hecho esto, yo me tumbé boca arriba, Eva me cabalgó mientras Cristina ponía su coño en mi boca, y así ellas dos podían magrearse sin problema, al tiempo que Néstor se puso de pie en la cama y puso su polla entre las dos, y la devoraron sin descanso.


 Néstor estaba a punto de correrse, y así nos lo hizo saber, así que le preguntó a Eva si quería su leche y dónde, y ella dijo que la quería en su cara, con lo que tumbamos a Eva de nuevo, y él comenzó a follarle la boca, haciéndole atragantarse un par de veces (pero Eva no se detenía), mientras Cristina le comía una teta, yo la otra, y con nuestras manos la masturbábamos. Así llegó al orgasmo justo cuando Néstor dio un bufido y descargó tal cantidad de leche que le rebosaba por la boca a Eva.

 Tras tomarnos un respiro, y hablar de lo que habíamos disfrutado, Cristina dijo que quería más ración de polla, así que me la follé en varias posturas hasta que, al igual que había hecho Néstor con Eva, terminé llenándole su boca con mi corrida.

 Comentado todo lo ocurrido, nosotros volvimos a nuestra habitación, donde nos abrazamos con pasión y nos alegramos de haber acertado, y los dos siguientes días se convirtieron en una sucesión de momentos morbosos que otro día relataré

Hola amigos saludos desde Mexico soy Joel quieroconocertexxx@gmail.com

intercambio de parejas

Hola amigos saludos desde Mexico soy Joel.. Mi esposa follando rico y duro con mi amigo corneador .. espero que disfrutes de las imagenes 

Ante todo, presentarnos: somos un matrimonio de España. Yo soy Roberto, normalito, del montón. Mi mujer es Eva, ella dice que últimamente ha engordado un poco, pero a mí me gusta como está y sobre todo porque ya tenía unas tetas muy bien puestas, pero le han aumentado un poco y aún está mejor, está en una talla 100, pero no son unas tetas caídas, y más para sus treinta y ocho años. Son de las que te das la vuelta para observar cuando hace topless en la playa.
 Hace ya un tiempo empezamos a fantesear en la cama y la verdad el sexo se hizo más placentero tanto para mí como para ella. Al principio fue algo muy suave, ella me pedía que la insultara y se ponía súper cachonda cuando la llamaba puta y otras cosas por el estilo. Yo con el tiempo fui descubriendo mi mayor fantasía: ser un cornudo sin remedio. 

 Le fui rebelando mi necesidad de ser un cornudo mirón sin remedio. Empezaba a decir cómo me gustaría que la hicieran disfrutar de un buen polvo mientras yo miraba con la polla a punto de reventar. Ya últimamente necesito que me cuente fantasías de cornudos mientras me insulta y me humilla, mientras veo su cara de zorra. Pero todo se quedaba en fantasías y se apagaba.

 Un día, todo cambio. Eva tiene un grupo de amigas con las que suele salir, solo chicas, cada 3 o 4 meses, es noche de chicas. Nunca pasaba nada: cena, bailar un poco y para casita. Yo me quedé en casa viendo un poco el fútbol y después, antes de irme a la cama, una peli porno mientras me hacía una paja.
 Según me contó Eva después, fueron a un restaurante en el centro y bebieron vino. Después fueron a los pubs de la zona a bailar y tomar unas copas. Ella iba con un vestido con un escote bastante sugerente y una falda haciendo vuelo. Se había puesto muy cachonda. Cuando estaban bailando, estuvo hablando con Vicky, una chica que estaba divorciada y que era vecina nuestra.
 
 Mientras estaban bailando en grupo, se le acercó un chico bastante mono y con muy buena presencia para bailar. Ella, entre que estaba un poco pasada por el alcohol, se dijo que no pasaba nada por bailar con un chico tan mono. Se fijó que llevaba anillo de casado. Pensó: este está buscando echar un polvo sin complicaciones. Al bailar y cogerla por la espalda, se dio cuenta de que el chico estaba empalmado y que estaba aún mejor de lo que pensaba. Sus compañeras estaban ya pensando en marcharse para casa.
 Entonces ella se puso muy cachonda, se imaginó lo que podía disfrutar con aquel chico y se decidió a llamarme a pesar de ser las 3:30. Yo me levanté sobresaltado, pensé que le había pasado algo, pero enseguida me dijo que me tranquilizara, que no le había pasado nada.

 - "Tranquilo, sólo llamaba para decirte que hoy si quieres puedo convertir tu fantasía en realidad y hacerte un cornudo, sólo tienes que pedírmelo y en una hora estoy en casa haciéndote un cornudo sin remedio. Así podrás dejar de fantasear".

 - "Por favor, te estoy esperando ya todo empalmado, quiero que me hagas un cornudo, sabes lo malo que me pongo sólo fantaseando".

 - "Gracias cariño, igual cuando llegue a casa ya te han salido algo los cuernos, pero eso no será nada, tranquilo, que lo verás todo en primera persona".

 Me había dejado taquicárdico con la noticia, la polla me estaba reventando... La verdad, no pude esperar y tuve que hacerme una paja, no duré ni un minuto. Después de mucho fantasear, la verdad, nunca creí que se hiciera realidad mi fantasía... O muy bien estaba el chico o estaba muy cachonda.

 Eva puso en marcha su plan. Les dijo a sus amigas que ella también se iría y no tendrían que acercarla a casa. Siguió en el pub y al poco, observó cómo Vicky marchaba para otro sitio con unos amigos. Entonces, se lanzó sobre su amigo, se llamaba Miguel, a saco. Le propuso irse a casa a follar toda lo noche, y sin cortarse un pelo le dijo que estaría yo presente, pero que yo era un cornudo sin remedio y que me conformaba con mirar. El chico, que estaba casado y estaba buscando echar un polvo, vio el cielo abierto: ¡follar sin problemas en nuestra casa! Como Eva lo había puesto empalmado con su plan, aceptó de inmediato.

 Mientras, a mí en casa se me hacía eterna la espera, aunque sólo fueron 50 minutos. Eso sí, estuve con la polla levantada todo el rato. Cuando llegó, me lo presentó:

 - "Este es Miguel y hoy nos lo va a hacer pasar muy bien a los dos. A mí porque al fin me va a follar un tío de verdad y a ti porque no tendrás que fantasear más con tus cuernos. Ya veo que estás empalmado, Roberto. Mejor, así no tendré remordimientos y podré disfrutar como una puta".

 Enseguida se lanzó sobre Miguel y se empezaron a morrear y a manosear. Él se recreó todo lo que quiso en Eva, en sus tetas, su culo, su coño... El espectáculo era impresionante. Eva se lanzó sobre su paquete al verlo todo duro y gordo. La verdad, tenía una polla impresionante. Me empezó a humillar, lo que aún me puso más caliente.

 - "Roberto, gracias, esta sí que es una polla, y no la tuya... Al fin voy a saber lo que es echar un polvo de verdad, y no los que me echas tú con esa pollita. Vete acostumbrándote con tus cuernos, que creo que Miguel va a repetir habitualmente. Te va a hacer el mayor cornudo de la historia. Si no me sabes follar, otros harán el trabajo por ti, y encima te hacen feliz".

 La verdad, tanta humillación y tantos cuernos me había hecho entrar en éxtasis.

 Le empezó a comer la polla recreándose en ella y succionándola toda, y eso que era enorme. Cuando estuvo bien dura, se la metió por el coño hasta que Miguel se corrió mientras Eva lo cabalgaba. Nunca le gustaron los condones, por lo que se la folló a pelo. Al final, cuando ya su coño estaba reventando, le pidió por favor que le diera por el culo. De vez en cuando se giraba hacia mí para humillarme más.

 - "Cornudo, a ver si aprendes algo, que esto sí es un macho. Gracias por dejar a tu puta que se la follen de verdad y conozca lo que es que la monten por todos lados un buen macho".

 Sobre las 6 de la madrugada, Miguel ya estaba reventado y comentó que se tendría que marchar, pues su mujer lo estaría esperando llegar. Eva le dio su teléfono para que repitiera cuando quisiera. Miguel comentó que volvería muy pronto y que quería presentarnos a su mujer, porque le había gustado nuestro rollo mucho, e igual podíamos hacer un intercambio.

 Eva, nada más marcharse Miguel, me preguntó si me había gustado, aunque yo creo que ya sabía la respuesta...

 - "Sí, gracias cariño, me has hecho disfrutar más que nunca".

 - "Tranquilo cornudo, que a partir de ahora que sé lo que es disfrutar de una buena polla, vas a disfrutar más. Además, Miguel creo que repetirá muy pronto e igual nos trae a su mujer y te la chupa mientras. ¡Te voy hacer un cornudo sin remedio!


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Estaba delante del ordenador, revisando los correos que había recibido por los relatos e intentando contestarlos en la medida de lo posible. Abrí uno de Ricardo, cortito, con una dirección, una hora para ir y sobre todo diciéndome que llevase dinero. ¿Dinero? No sabía de qué iba el tema y desde luego desconocía en ese momento cual podía ser el motivo. Me había citado para el sábado por la mañana, a las diez, y que preguntase por Angie.


 Pasaron los días y llegó el sábado. Me duché y salí de casa sobre las nueve, paseando hasta el centro de la ciudad. Llegué 20 minutos antes de la hora, así que decidí meterme en un bar cercano a tomar un café mientras esperaba la hora. Estaba tomándome el café, mirando al edificio y pensando en qué narices hacía yo allí y en el porqué de todo. Terminé y crucé la calle, llegando al número indicado. Lo primero en lo que me fijé es que el timbre del piso indicado era de color rojo, lo cual me hizo pensar muy mal. Llamé al timbre y me abrieron la puerta. Subí al ascensor no muy convencido, llegando por fin a la puerta. De nuevo otro timbre y al cabo de unos segundos me abrió la puerta una señora de mediana edad, bien vestida, aunque excesivamente maquillada para mi gusto.

 -¿Angie?


 -Sí, soy yo, ¿tú eres el que viene de parte de Ricardo no?

 -Sí.

 -Bien, pasa, eres más puntual que ella.

 Entré pensando en lo peor después de decirme lo de la puntualidad de “ella”. Nos sentamos en unos sofás muy cómodos que estaban en una especie de salón.

 -Bueno querido, no has venido aquí para hablar. Son 100 euros y puedes disponer del tiempo que quieras.


 -¿Cómo? ¿100 euros? ¿Para qué?

 -Mira guapo, Ricardo me ha dicho que vendrías a follar a la puta nueva, que eras un amigo especial y que te diese todo el tiempo del mundo.

 Mi mente se quedó totalmente en blanco, pero mi corazón me decía que la zorra de mi mujer era esa mujer de la que me había hablado Angie hacía unos segundos.

 Saqué la cartera y le di los 100 euros, pero le pedí que entrase antes que yo y le vendase los ojos, quería asegurarme por completo que en el caso de que fuese ella, no me viese.

 -No te preocupes, lo haré. Todas las habitaciones tienen “esas” cosas que os gustan a algunos.

 Al cabo de unos minutos volvió al salón y me dijo que ya podía entrar, indicándome que era la segunda puerta a mano derecha.

 Caminé por el pasillo hasta llegar a la puerta. Me quedé quieto unos segundos y entonces decidí entrar. Abrí la puerta y efectivamente, mis peores temores se estaban confirmando. La mujer que estaba sentada en la cama con los ojos vendados era Marina, mi mujer, la nueva, la puta.

 La sangre me hervía, pensé muchas cosas pero decidí continuar con aquello. Me acerqué a ella y me senté en el suelo, justo delante. Me dijo Hola pero no contesté, la voz me habría delatado. La agarré por los pies y le quité las plataformas plateadas que llevaba puestas, dejándolas a un lado. Desabroché los ligueros que unían su minúsculo tanga con las medias de rejilla y deslicé las medias hasta sacárselas por completo. Ella estaba quieta mientras yo la desnudaba pero seguía hablando, preguntándome cosas como qué me gustaba, así que me levanté por un momento y busqué en uno de los armarios llenos de “juguetes” una mordaza.


 Le arranqué el tanga bruscamente y se lo metí en la boca, para después ponerle la mordaza y dejarla sin poder hablar. Acto seguido le saqué la minifalda negra y pude ver su coño totalmente depilado. Mis pensamientos venían uno tras otro. ¿Cuántas pollas se la habrán follado? Desabroché con rabia los botones de la camisa dejando sus tetazas al aire, pues la muy guarra no llevaba sujetador. La empujé contra la cama y la coloqué de espaldas. Cogí sus medias y até sus muñecas a los laterales de la cama. Había pagado 100 euros por ella, por mi mujer, y estaba realmente enfadado, triste, desesperado, una mezcla de sentimientos me invadían. 


 Coloqué dos cojines debajo de ella para levantarle el culo. Le di un par de azotes con todas mis fuerzas, uno en cada nalga, con toda la rabia acumulada, la miré y le di un par más, haciendo resonar la habitación con el ruido de mis palmadas en sus nalgas. Su culo estaba rojo. Metí un dedo en su coño y comprobé que estaba mojada. No me lo podía creer, le había dado con todas mis fuerzas y mis manos estaban marcadas en su culo y la muy zorra estaba mojada. Nuevamente la azoté, con fuerza, haciendo temblar sus nalgas con cada golpe. Yo no deseaba que gozase.

 Me senté en su espalda y la elevé, agarrándola por sus tetas. Empecé a estirar sus pezones, alargándolos todo lo que podía. Aquello sí le dolía pues pude escuchar sus quejidos a través de la mordaza y ver como pataleaba la cama con sus pies mientras mi polla no paraba de crecer y ponerse bien dura.

 Me levanté y me desnudé. Había pagado por una prostituta y ahora lo estaba disfrutando. Fui al armario y rebusque entre el material que había. Cogí un par de juegos de esposas, unos de tamaño normal y los otros más pequeños, para los tobillos. Vi un vibrador bastante grande y unas pinzas para los pezones, de esas que tienen una cadenita que las une. Lo cogí todo y me dirigí a la cama de nuevo. Desaté sus manos de la cama y se las esposé a la espalda. Después coloqué las otras esposas en sus tobillos, bien juntitos. Abrí sus aún enrojecidas nalgas y metí mi dedo índice de golpe. Era la primera vez que hurgaba el ojete de mi mujer. Empecé a moverlo sacarlo y meterlo. Le hundía el dedo hasta el fondo, lo sacaba y lo volvía a meter. Después le metí uno más, haciendo los mismos movimientos. La zorra no se movía, se dejaba hacer.

 Cuando consideré que tenía el ojete dilatado intenté meterle el vibrador. Puse mi saliva en la punta y empujaba pero no entraba. Insistí con fuerza hasta que su ojete se dilató y entró toda la punta del vibrador. Miré cómo su culo se tragaba la punta del vibrador y mi polla goteaba líquido preseminal sin parar. Apreté el botón de encendido y el vibrador empezó a moverse dentro de su culo. La cogí en brazos y la senté encima de la cama, obligándola a tragar buena parte del vibrador en su culo. Por último, le puse las pinzas, metálicas, una en cada pezón. Le quité la mordaza y el tanga que tenía metido en su boca. Estaba totalmente humedecido y empecé a masturbarme con su tanga, restregándomelo por toda mi polla, Usaba una mano para menearme la polla sin parar y la otra la iba alternando, empujando sus hombros para que se clavase más el vibrador y estirando la cadenita de sus pezones, lo cual la hacía gritar. No pude aguantarme más y los chorros de semen empezaron a salir de mi polla a su tanga. Escupí encima de mi leche y se lo volví a meter en la boca, amordazándola de nuevo.

 Me senté en sus rodillas, de cara a ella, mirándola a la cara y pensando en lo zorra y puta que era y en cómo me había engañado. No paré de estirarle la cadena de los pezones mientras disfrutaba de la vista y me vengaba por todas las mentiras y humillaciones. Me levanté y le di la vuelta. Tenía más de medio vibrador metido en su culo, lo cual teniendo en cuenta su tamaño y grosor era mucho. Empecé a sacarlo despacio, disfrutando con cada centímetro que le iba quitando del culo hasta que lo saqué por completo. Nunca había visto su ojete tan abierto ni tan cerca.


 La polla se me puso tiesa otra vez. La coloqué de rodillas, con la cabeza apoyada en la cama y se la metí de golpe, sin ninguna dificultad. Por primera vez en mi vida, desde que nos casamos, estaba sodomizando a mi mujer. Mi mano derecha estaba apoyada en su hombro y la izquierda la tenía agarrándola el pelo mientras mi polla iba descubriendo las calientes paredes de su ano. Se la hundía hasta el fondo, de un golpe seco, sin dificultad, dejaba mi polla unos segundos dentro, sintiendo la calentura de ese culo que nunca había poseído hasta hoy, la sacaba de golpe y volvía a empujarla dentro.

 No tardé mucho tiempo en correrme y llenarle el culo de leche. La dejé dentro hasta que salió sola. Me puse de pie, mirando a Marina, sus perfectas piernas arqueadas y su culo dilatado y con mi semen empezando a salir de aquel acogedor agujero. Me vestí mientras la miraba. Cuando terminé me acerqué y le quité las pinzas de los pezones. Después la mordaza y el tanga de su boca, que estaba empapado. Le metí de nuevo los dedos en el coño y estaba encharcado como el tanga. ¡Menuda Puta!

 La subí a la cama, sin desatarla, y recogí las medias de red que había usado para atarla al principio y me las guardé, como un recuerdo. Al salir me encontré con Angie:

 -¿Qué tal?

 -Muy bien, gracias, la tienes en la cama atada, es una buena zorra.

 -Sí, eso me han dicho los que la han probado. Lástima que solo venga algún sábado.

 -Sí, bueno, adiós y gracias.

 -Hasta pronto.

 Llegué a mi casa con tiempo suficiente para ducharme y preparar un vermut casero. Me senté en el sofá, viendo la televisión, cuando sobre las dos escuché el ruido de la puerta abriéndose. Marina entró en casa, con unos tejanos, unos zapatos planos y un jersey. En esos momentos pensé que dónde estaban las plataformas, la minifalda y la camisa de puta que hacía unas pocas horas llevaba puestas.

 Obviamente sabía dónde estaban las medias de rejilla, pues las tenía yo. Se acerco a mí y me dio un beso en la boca, saludándome.

 -Hola cariño, ¿Qué tal el sábado?

 -Bien, un poco movido, pero ha sido intenso, he ido a dar una vuelta. ¿Qué tal el tuyo?

 -Bien, mucho trabajo, estoy algo cansada.

 -Vaya, cómo lo siento, ¿has ido de culo, cariño? (me encantan las ironías, sobre todo cuando sabía lo mucho que había ido de culo la zorra).

 -Sí, ha sido una mañana con mucho trabajo.

 -Bueno, no te preocupes, ve a ducharte y después nos sentamos a comer. Imagino que tendrás mucha hambre ¿no?

 -Sí.

 Entró en la ducha mientras yo disfrutaba recordando cómo la había sodomizado. Quise alargar mi placer. Fui a la habitación donde tenía las medias de rejilla y las saqué. Empecé a olerlas, sintiendo el perfume que se había puesto esta mañana. Las pasé por mi bragueta y mi polla se endureció de nuevo. Fui al cuarto de baño y desde fuera miré por una pequeña ventana que da a la ducha.

 Marina estaba secándose la piel con la toalla mientras yo la observaba con la polla tiesa. Sus tetas se balanceaban cuando ella pasaba la toalla por encima. Pude ver su culo aunque no el ojete que había dilatado y follado hacía unas horas. Me masturbé como un poseso. Es increíble lo mucho que te puede excitar y poner como una moto el ver a la zorra de tu mujer desnuda, como si nunca la hubieses visto pero sabiendo que la muy puta había estado con otros hombres, sabiendo que otras pollas habían entrado en su coño, que ese delicioso culo había sido desvirgado por otro hombre, que esas enormes tetas eran la delicia de muchos y que incluso llegaban a pagar por tenerla abierta de piernas.

 Me corrí una vez más sin hacer ruido pero completamente satisfecho. Marina se había puesto una bata y unas sandalias de playa. Fui al comedor mientras se secaba el pelo y me limpie las manos con una servilleta, guardando previamente las medias de red.

 Durante la comida, no paré de mirarla, imaginándome todo lo que había vivido hoy con ella, apenas hablamos. Yo estaba salidísimo pero me dijo que estaba cansada. ¡Cómo no iba a estar cansada! ¡Menuda puta! No me arrepentía para nada de lo sucedido, al contrario, pensé que me había quedado corto. De hecho, se me ocurrió una idea que quería poner en práctica lo antes posible. Esa zorra me las iba a pagar todas.























Un aporte de fabriciocuencas@hotmail.com Ella es Zully joven Sra Swinger venezolana tiene una hermosa concha

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Un aporte
Ella es Zully joven Sra Swinger venezolana tiene una hermosa concha y un rico culazo.
Disfruta mucho de los encuentros con su amiga con quien se ve en algunas fotos.
Son pocos en la urbanización que conocen el cuentico este.  Barquisimeto es una ciudad de Venezuela con mucho swingers, pero son muy discretos. enviados a thinchitos@gmail.com


Quiero compartir mi experiencia porque ahora puedo comprender que ser cornudo puede ser placentero. Me casé con una chica de increíbles ojos y culito redondo, una chica normal con un algo que atrae mucho a los chicos. Por suerte, yo siempre he sido liberal y poco celoso. Nuestra vida sexual era sosa ya que ella es muy tradicional y le costaba probar cosas nuevas. Después de 10 años de matrimonio, ella empezó a evitar nuestras relaciones que ya eran escasas. Cuando le proponía algo me respondía:
 -¡Qué pesado! ¡Hazte una paja!

 Me di cuenta que se compraba mucha ropa sexy y tanguitas (que no se ponía para salir conmigo) y que usaba mi máquina cortapelos (y no podía ser para otra cosa que depilarse el pubis) con el baño cerrado. Aprovechaba un día a la semana para ir de compras y me dejaba al cargo de los niños.

 Llegó el verano y salía a tomar el sol a la terraza y se ponía desnuda, una costumbre que le enseñé. Me quedé mirando su culito redondo y tuve una erección pero, cuando se dio la vuelta, se cortó de raíz, llevaba el pubis perfectamente depilado, algo que yo le pedía pero no solía hacer. Estaba claro que no era para mí porque llevábamos 6 meses sin relaciones. Ya tenía claro que andaba con otro y los celos aparecieron. Se lo expuse una vez y me dijo que eran invenciones mías. La segunda vez, dos meses después, me dijo que era mentira y que la dejara vivir. Pero los celos me consumían, así que un día, tras verla hablar por el móvil con la sonrisa tonta que tenía conmigo cuando empezamos, no pude seguir y se lo volví a decir.
 - María, me estás poniendo los cuernos.
 – ¡Joder, qué pesado!
 – Estoy seguro, explícame tu ropa nueva y tu coño depilado.
 – Me gusta sentirme bien.
 – Esas cosas sólo se hacen para enseñárselas a alguien y no es a mí.
 – Si estás salido hazte una paja y te relajas.
 – Ya llevo 6 meses haciéndome pajas porque me rehuyes. Nunca has sido tan fría. No puedo creer que nunca tengas ganas. ¿Ya no eres mujer?
 – Pues claro que soy mujer y me pica el coño (se estaba enfadando, tiene muy mal pronto)
 – ¿Y no me pides que te de gusto?
 – Me hago un dedito rápido y ya está, las mujeres no somos tan salidas como vosotros.
 – ¿Y te depilas para hacerte deditos? Le grité, y cuando parecía que ella iba a pegarme, un grito se bajó y dijo:
 – Mira Luis, pues sí. Te estoy poniendo los cuernos, los tienes así de grandes. Jaja.
 – ¿Quién es?
 – El último es Tomás

 Aunque esperaba este momento, me quedé petrificado y sólo supe decirle:

 – Pero María, yo te quiero mucho, eres mi vida.
 – Y yo no puedo follar contigo, me repeles. Así que a partir de ahora me vas a dejar darme gusto fuera de casa, porque aquí no lo encuentro. Para lo demás seremos una pareja normal.

 Me miró a los ojos y no supe decir nada. Ella salió y yo pasé varios días consternado. Por las noches tocaba su cadera y ella me retiraba la mano. Mi papel de macho duro estaba hecho añicos. A partir de entonces todo se aceleró. El sábado me dijo que salía por la noche y me miró con cara de superioridad y de placer cuando vio la mía de sufrimiento. Se fue al baño a arreglarse pero dejó la puerta abierta. Se desnudó, se duchó y cuando estaba depilándose el pubis me llamó:

 – ¿Me ha quedado bien?
 – Pero...
 – ¿Me ha quedado bien o no?
 – Sí... está muy limpio.

 Ya tenía una erección que podía notarse bajo los pantalones.

 – Acércate, me ordenó.
 – Ya veo que te ha gustado mucho, (me dijo mientras ponía su mano en mi paquete), pero este ya no lo catarás jamás.

 Se fue vistiendo delante mío con sujetador con mucho relleno (ella no tiene casi pechos), una blusa, un tanguita (que ralentizó movimientos para ponerme más salido), una minifalda y unas botas. Me dolía la polla de la erección y el corazón por los celos, pero la erección seguía. Al marchar seguía mi erección, me dio un beso mecánico en los labios y me dijo:

 – Ves como te gusta ser cornudín.

 No dormí hasta que volvió 5 horas después. Suplicante le dije que volvía muy tarde, que no habría hecho nada malo.

 – Claro que no, lo he pasado muy bien, tanto que he perdido el tanga.

 Salieron lágrimas de mis ojos.

 – No seas nenaza, hemos hecho lo normal.
 – Joder ¿qué es lo normal?
 – ¡Ostia! Unos bailes, unos magreos, una comida de polla, otra de coño y después me he sentado encima de su polla, en el coche no hay mucho sitio.
 – Pero... dije tontamente, ¿se habrá puesto preservativo?
 – Mira que eres tonto, si eso te preocupa te diré que no, que quiero disfrutar bien del sexo y me he puesto el DIU.

 Más noches sin dormir. Los celos me mataban pero verme sin ella me destrozaba aún más. Así que seguí tragando. Así fue saliendo más veces. Yo la llamaba a su móvil varias veces cada noche, pero nunca lo cogía. Una noche, sin embargo, sí lo hizo a la segunda o tercera llamada.

 – Hola cornudín, ¿qué pasa? (hablaba con el manos libres)
 – ¿Cuando vuelves? Dije mientras podía escuchar perfectamente jadeos masculinos. Tardó en
responder unos segundos. Sorbió y dijo:
 – Me pillas en lo mejor, enseguida acabo.
 – ¿En lo mejor? ¿Qué es lo mejor?


 Otro silencio mientras seguían los jadeos, también los de ella. Sonidos líquidos.

 – Ya te lo cuenta él que si no no acabo.
 – ¿Él?... ¿Qué es lo mejor?
 – La mamada que me está haciendo cornudín. Calla un poco y escucha que estoy a punto.
– Pe... pero...

 Quedé mudo y pude escuchar los jadeos de ambos, cada vez más fuertes, cada vez más rápidos y tras unos minutos que me parecieron horas él chilló.

- Ah, ah, ahhh... ¡Qué gusto! ¡Qué bien la comes María! Sigue Ah, ah, ahhh.

 Un minuto después María dijo:

 – ¡Pero qué rica, cabrón! ¡Cuánta leche me has dado hoy!
 – ¿Te ha gustado?
 – Siiii. ¡Qué rica y cuánta! ¡Qué polla más dura tenías hoy!
 – Pero... ¿qué ha pasado? dije yo.
 – Qué va a pasar, cornudín, que se ha corrido en mi boca.
 – ¿En tu boca? ¿Dentro?
 – Pues claro, donde se merece un macho como éste.
 – Pero... si no te gusta...
 – ¿Que no? No me gusta la tuya, la de cornudo. La de Tomás es tan sabrosa que me la trago toda.
 – ¿Toda?

 Como todas las noches, y esta con más motivo, yo la recibí despierto y lloroso. Ella me respondía:

 – ¡Pero tonto, disfruta, ¡hazte buenas pajas! ¡Confiesa que te has puesto cachondo escuchando! ¿No te hace feliz saber que yo soy feliz?

 No pude negarlo, había tenido una erección enorme apenas un instante.

 – Ves tonto, tus cuernos te hacen feliz, pero no sabes disfrutar de ellos. A partir de ahora cuando vuelva de estar con mi hombre deberás pajearte para demostrarme que te ha gustado.
 – ¿Por qué has cogido el teléfono en ese momento?
 – Porque ya me he cansado. A partir de ahora, cuando salga, sólo podré llamar yo.


 Ya no podía sentir más dolor. Fui acostumbrándome porque no podía perderla. Dormía algo mejor, pero nunca cuando ella salía. Primero porque no podía, pensando a donde iba y segundo porque me lo prohibió explícitamente. Debía permanecer despierto para recibir sus comunicados, a los que debía responder inmediatamente. Alguna vez más me llamó en mitad de una mamada, un cunnilingus o una follada que él o ella me relataban a veces por si no entendía lo que estaban haciendo.

 Empleaban el vocabulario que me merecía cada vez: “cornudo” “mariquita” “mamporrero” “llorón”. Comenzó a enviarme fotos de penes duros, después penes entre sus labios (yo los conozco muy bien), alguna vez con el semen chorreando y, al final, de penetraciones. Yo debía responderle inmediatamente con expresiones de ánimo como “cómetela”, “saboréalo” “cómo me gusta” o “muchas gracias”. Una de las veces llegó una hora antes de lo acostumbrado. Venía enfadada.

 – ¡Joder! ¡Me ha dejado a medias!
 – ¿Quién, Tomás? ¿No era un buen follador?
 – No, Juanjo, un chico joven. Tomás tiene jaleos con su mujer y lo hemos dejado una temporada. ¡Vaya niñato! Está muy bueno pero me ha dejado más caliente que una perra en celo. ¡Joder, qué calentura! Decía mientras se tocaba el pubis. Se introdujo un dedo y al sacarlo dijo:
 – Ves que caliente estoy.

 Acercó el dedo a mi cara y supuso mi erección. Con cara de dominio introdujo el dedo en mi boca.

 – Hoy te vas a pajear delante de mí para que vea cómo te gusta que te ponga los cuernos y lo vas a hacer mientras me comes el coño, que recuerdo que lo hacías bien, cornudo.

 Se sentó sobre la tapa del inodoro, se levantó la falda y no tenía bragas. Esta era una fantasía que yo le pedí muchas veces y siempre me negó llamándome guarro y pervertido. ¡Come cornudín! Realmente estaba muy mojada. Comencé muy rápido por mi propia excitación. Me separó la cara, me dio una torta y me dijo que más despacio y volvió a hundir mi cabeza en su entrepierna. Llevaba varios minutos comiéndole y hartándome de flujos. Ya no recordaba su sabor o aquél no era el de antaño.


 – Estás muy lubricada, le dije.
 – ¡Calla y sigue comiendo! Hay más cosas que mi flujo.
 – ¿Cómo?
 – ¡COME! Que te voy contando: Juanjo es un amigo de Tomás. Joven, buen cuerpo, pero inexperto. Tiene un rabo considerable que he estado lamiendo 15 minutos. Eso me ha puesto cachonda. Pero me la ha metido y se ha corrido en 5 segundos y, claro, al tener la leche dentro del coño, no ha querido seguir y me he quedado más cachonda que cuando salí. Según decía esto sujetó fuerte mi cabeza para que no la separara de su coño.

 – ¡COME! Y pajéate mientras, disfruta de tus cuernos con sabor a semen. ¡COME!

 Tuvo un buen orgasmo, posterior al mío, pues me corrí en tres meneos de mi polla, lo que la puso muy contenta.

 – Aún sigues teniendo arte para chupar pero fíjate, has comido antes semen que polla. Habrá que remediarlo.

 Al día siguiente me dio una bolsa y me dijo que me vistiera con lo que había dentro. Cuando me desnudé y abrí la bolsa sólo encontré unas medias negras, un sujetador y un tanga. Le dije que se había equivocado, que no había ropa para mí.

 – ¡No me toques los cojones! ¡Póntela ya!
 – Ves que bien te queda, ponte aquí a la luz.


 Tenía el móvil en la mano y me hizo varias fotos en diversas posturas, todas ridículas.

 – ¿Por qué haces fotos?
 – Ya lo verás cornudín, no seas impaciente. Que ahora viene lo mejor.

 De otra bolsa sacó una caja y de ella un consolador más grande que mi polla, que no es pequeña. Empezó a lamerlo y a simular una paja.

 – Esto es lo que suelo hacer a mis machos, cornudo.

 Me empalmé al instante.

 – Túmbate en la cama y menéatela mariquita.

 Se acercó, me subió las piernas y empezó a escupir sobre la polla de plástico.

 – ¿Qué vas a hacer?
 – ¡Calla cornudín! Hoy te voy a hacer más feliz, además de cornudo, vas a ser maricón.
 – Pero no...no quiero...
 – ¿Quieres que me vaya de casa? Dijo, mientras acercaba el juguete a mi año.
 – No... pero no me cabe y sin lubricar
 – A ver, cornudo, si me han cabido a mí con lo estrecha que era, te caben a ti también. Y poniendo cara perversa apretó con fuerza sobre mi ano.
 – No te resistas tonto, que duele más así. Te lo digo por experiencia.

 Enseguida comprendí que era inevitable y relajé el esfínter al tiempo que pensaba en quién la habría desvirgado el culo, porque a mí nunca me dejó. Sentí un dolor intenso, resoplé, supliqué que lo sacara, lloré. Aguantó ella mis esfuerzos por liberarme y al rato el dolor se fue diluyendo. Entonces sacó el móvil. Intente moverme hacia un lado para evitar las fotos, pero ella me cogió la cara, me dio dos bofetones y me ordenó que estuviera quieto y sujetara el consolador con la mano. Realizó varias fotos más.

 – A partir de hoy seré tu ama y así me llamarás. He mandado las fotos a Tomás que las publicará si tú no eres obediente. Perderás trabajo y amistades. A nadie le gustan los cornudos maricones y afeminados. Yo no prestaba atención a lo que decía porque, a pesar del dolor pasado, me estaba corriendo como un cerdo.
 – ¡CERDO, no desperdicies comida! Te ordeno que la recojas en su vaso y te la tomes después. Debes ir acostumbrándote a la leche de macho. Y lo mismo te digo del consolador, acostumbra tu ano a las pollas reales, que las vas a probar.

 Después de aquel día nuestras experiencias sexuales se aceleraron más aún. Mi papel de macho, había pasado a ser primero de cornudo y después de cornudo sumiso. Y lo peor de todo es que comenzaba a disfrutar de esta situación. Mis pajas eran brutales. María me contaba con pelos y señales los nombres de los propietarios de las pollas que salían en las fotos y lo que hacía con cada uno. Después me ordenaba retirarme y cascármela a escondidas. Algunas veces me ordena comerle el coño después de alguna de sus sesiones, si se queda a medias, pero siempre con semen dentro y me dice de quien es. Pero una Ama que se precie debe humillar a su cornudo y sólo puede hacerlo si está presente el corneador.

 Un día me llamó por teléfono y me dijo que dejara esa noche a los niños con los abuelos y que la esperara en la habitación con las medias, el sujetador y el tanga, lo que ella llamaba mi uniforme de trabajo. Y que pusiera un vaso en la mesita. Cuando llegó me metió dentro del armario empotrado y me ordenó no hacer ruido ni molestar. Dejó una pequeña abertura para que respirara. A los dos minutos entró con alguien en casa y en la habitación, era voz de hombre. Se situó junto al armario donde yo podía verlos y empezaron a besarse y meterse mano.

 – ¡Qué ganas tenía de follar en mi cama contigo! Es la manera más humillante de poner los cuernos a mi marido.
 – ¿Más humillante que follarte a la mitad de los amigos suyos?
 – Sí, porque este es aún su territorio y se lo vamos a arrebatar, ya no le quedará nada, ni su aroma en la cama.

 Entonces se agachó, le desabrochó el cinturón y le bajó los pantalones. Le sobaba la polla por encima de los calzoncillos, que ya abultaban bastante.

 – ¡Qué ganas tengo de comerme este rabo!
 – Pues empieza zorra, ¿no querías agrandar los cuernos de tu marido?
 – Si no le caben en casa ya, pobre cornudín.

  Le bajó los calzoncillos y empezó a lamerle el capullo. Desde dónde yo estaba podía intuirlo a contraluz de la penumbra, pues la luz de la mesilla iluminaba escasamente la noche. Ella jadeaba ya, mientras lamía también los testículos.

 – ¡Muy bien, María! ¡Eres una experta! ¡Lo que has aprendido en estos 4 años! ¿Te lo ha enseñado Tomás, Alfredo o Carlos?
 – Y Pedro, Juan, el vecino de al lado y tú también Mariano, menudo cabrón estas hecho.

 Me quedé helado, aunque seguía empalmado. Hacía dos años que yo había descubierto mis cuernos pero ahora entendía que mis cuernos pesaban mucho más. Yo respiraba despacio para no hacer ruido y me acercaba a la ranura para ver mejor lo que pasaba. María tenía agarrado a Mariano de las piernas y se metía su polla en la boca todo lo que podía. ¡Qué puta! A mi no me lo hacía. Estuvo así varios minutos. Ella jadeaba más alto que Tomás y eso que tenía la polla tapándole la boca.

 – Ayúdame, le dijo a Tomás mientras le dirigía sus manos a la cabeza.

 Ella hizo un movimiento lento de ir introduciendo la polla en la boca y cuando parecía que había hecho tope, los dos empujaron y la polla le entró hasta el final. María la sacó rápidamente con arcadas y tos.


 – ¿Tu primera garganta profunda?
 – Sí, pero quiero ser una experta. ¡Venga, otra vez!

Volvieron a repetir en varias ocasiones y en todas la polla desaparecía completa de mi vista dentro de la boca de Maria. Ella lo pasaba mal, pero seguía gimiendo.

 – Ya vale, ¡métemela ya!
 – Estás más puta que de costumbre ¿qué te pasa hoy?
 – ¡Me encanta poner los cuernos en mi cama!

 Mi ama se puso a cuatro patas de perfil para que pudiera verlo perfectamente ¡menuda cabrona! y Mariano le introdujo la polla de golpe. Ama chillaba como una posesa. Estuvieron mucho rato dándole y yo tenía unas ganas terribles de pajearme, pero lo tenía prohibido.

 – ¡Ostias! ¡Tú si que eres un macho! ¡Qué gusto, no pares cabrón!
 – ¡Toma, zorra! ¡Bien de polla y bien de cuernos!
 – ¡Métela por el culo!

 La sacó babeante, escupió en el ano de María dos veces y empezó a meterla lentamente. María sólo decía Uff, uff. Cuando estaba a la mitad le dijo que la metiera entera ya. Así lo hizo arrancando un grito de María, que le conminó a follarle el culo mientras le decía que unos cuernos sin enculada no son cuernos. Los cornudos ceden el derecho sobre todos los agujeros de la esposa.

 – Cuando te vayas a correr me avisas.
 – ¿La quieres en la boca como otras veces, eh, cerda?
 – No, hoy te voy a exprimir y se la voy a dar a beber al cornudo, por maricón.

 María se corrió entre gritos y jadeos.

 – Pero qué cabrona eres... Ya me voy...

 María cogió rápidamente el vaso y se sentó al borde de la cama, agarró su polla y la pajeó hasta que escupió dentro del vaso unos buenos chorros de semen. Después besó la polla y le pasó la lengua. Se levantó y llevó a Mariano al baño. Volvió, me sacó del armario y me exigió que le diera las gracias por el buen rato que me había hecho pasar. Me llevó a la habitación de los niños, sacó el móvil y empezó a grabar el interior del vaso y me ordenó beberlo todo y así lo hice mientras grababa.

 – Se lo enseñaré a mis amigos para que vean lo maricón que eres, a ver si alguno se anima a romperte al culo de una vez. Ahora te pajeas y vuelves a llenar el vaso. Cuando lo hagas me mandas un mensaje que vendré a ver cómo te lo bebes. Hoy dormirás aquí porque yo dormiré con mi macho en tu cama, cornudín.

 Como no podía ser de otra manera el día en que probara un hombre tenía que llegar. Mientras, fue enviándome más fotos, más videos, algunas llamadas cuando conocía hombres nuevos o algunas experiencias con varios hombres. A veces me traía condones usados y llenos de semen que eran mi premio, decía. Ocurría cuando no conocía al macho. Incluso introdujo el arnés para follarme ella a mí, grabarlo y enviárselo a sus amigos. Lo hacía pocas veces porque le repugnaba el contacto físico conmigo. De hecho, ha empezado a dormir noches fuera con alguno de sus machos, cuando no están sus mujeres. Los solteros no le gustan, porque dice que siempre piden más.


 Otro día que ordenó dejar a los niños en casa de los abuelos y que me pusiera mi uniforme esperando en la habitación. Apareció con un amigo.

 – Carlos, este es el cornudo.
 – Encantado maricón, hoy vas a comer polla hasta aburrirte.
 – Ponte de rodillas al borde de la cama, que vas a ver lo que es un macho.

 Como otras veces, se besaron y magrearon, María se bajó a comer polla un buen rato, comiéndosela entera en varias ocasiones. Se notaba que ya tenía experiencia.

 – Cornudo, ven aquí que ahora te toca a ti.

 Me puse frente al falo de Carlos, grande.

 – ¡Abre la boca, coño! ¡pásale la lengua!
 – Comencé con la lengua por el glande, por el tronco y por los huevos como había visto que hacía María. Después me introduje el glande en la boca. La sensación me gustaba. Introduje algún centímetro más de polla hasta que noté arcadas. La saqué.
 – ¿Qué pasa maricón, no sabes tragar un rabo entero? ¡Venga sigue!

 Volví a hacer lo mismo, lamer y después tragar hasta donde podía. Comencé movimiento de vaivén, lento al principio, después más rápido. Carlos jadeó.

 – No la chupa mal este maricón, habrá que hacerle más visitas.

 Seguí chupando hasta que Ama me ordenó tragarla entera. Lo intenté pero no podía hasta que Ama me sujetó la cabeza y Carlos me la incrustó toda de un empujón. Yo quería vomitar, pero ambos me sujetaban la cabeza y no podía sacarme la polla de la boca. Cuando la pude sacar no recuerdo si llegué a vomitar. Sin tiempo a rehacerme me ordenó ponerme a cuatro patas sobre la cama.

 – ¿Seguiste mis órdenes y te has ido dilatando el ano?
 – Sí, Ama
 – Mejor para ti.

 María le chupó el rabo un poco, le escupió y le animó a que me la metiera. Carlos fue poco delicado y me la metió de un empujón. A pesar de tenerlo dilatado me dolió y me folló con brutalidad mientras me daba cachetes en el culo. Ama se animó y empezó también ella, primero en el culo, después en el cuerpo y, finalmente, en la cara. Ama había elegido bien, un macho incansable que estuvo dentro de mi culo sin parar durante 15 minutos mientras Ama le animaba y a mí me decía lo maricón que era, que ya lo sospechaba desde el principio y que no sabía cómo se había fijado en mí.

 Como era de esperar, después de dejarme el culo bien escocido, la sacó, me ordenó ponerme de rodillas y abrir la boca, y escupió su semen en mi boca y cara. Ama fue recogiendo con su dedo los goterones de mi cara e introduciéndoles en mi boca.

– Ya puedes tragar. Ahora vete a la habitación de los niños, te la cascas en el vaso, como ya sabes y vienes aquí a tomártela delante de mi macho. Hoy se queda a dormir.
 
 Como podéis imaginar, esta situación se ha repetido muchas veces y con machos diferentes (a veces varios). Todos son del barrio y cuando salgo a comprar (Ama me ordena ir por sus calles) me los encuentro y tengo que bajar la mirada porque todos saben lo cornudo y maricón que soy.

Me acaba de ordenar que sea yo quien le busque nuevos corneadores, pero tienen que ser machos conocidos, entre los pocos que quedan. Pero yo soy muy feliz, porque ahora disfruto mi sexualidad como nunca lo había hecho antes...






































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