domingo, 22 de abril de 2018

intercambio de parejas
El día de hoy fui infiel a mi esposo por primera vez, pero ex-trañamente no siento remordimiento mi preocupación alguna, sino por el contrario siento una gran satisfacción porque lo disfruté con plenitud, Antonio me hizo sentir la pasión escon-dida en lo más profundo de mi ser, algo que no sentía hacía mucho tiempo, él también la pasó muy bien y de igual forma se sentía complacido. Por mi parte además, siento que salí de la rutina, hice algo distinto, me liberé y seguí mis instintos, tomé la iniciativa en la aventura, me desprendí de ataduras y me centré en mí misma, en encontrar mi propio placer. Este tipo de relación hizo cambiar mi vida y me hizo sentir atractiva por siempre.
Hacía calor por el cielo azul despejado de Arequipa, normal en casi todo el año, especialmente en agosto, bastante gente asistía a la actividad principal por el aniversario de la ciudad, Mi nombre es Johanna, mis amigos me dicen Juanita y paso a narrarles esta historia erótica, fantástica, sin fronteras para mí, espero les agrade:
Estaba yo atendiendo un 14 de agosto en un puesto de comida típica de la provincia de Castilla, pues me tocó partici-par en una actuación por el día de la ciudad en el colegio de mi único hijo, ubicado en Umacollo , en el distrito de Yananhuara. Tengo 48 años, soy esbelta, tengo mis nalgas bien redonditas y mis senos son medianos, turgentes y en su sitio, soy trigueña, mi sonrisa es esplendorosa, aunque parezca mentira no hago deportes, ni voy al gimnasio, pero por alguna razón mi cuerpo está en buena forma, pienso que es por herencia de mis padres.

Estaba ese día con un peinado con trenzas francesas, lle-vaba un traje típico de la provincia de Castilla, compuesto por una falda color granate con dos rayas blancas horizontales en la tercera parte inferior, me llegaba hasta los tobillos que mos-traba mi cuerpo en toda su belleza, llevaba además una blusa blanca con un tira blanca que ceñía mi cintura, se complemen-taba con un hermoso sombrero de paja con una cinta roja en la copa y por último calzaba una lindos zapatos negros de taco de 4 centímetros, que levantaba muy bien mis nalgas; todos el público me miraban con admiración, estaba mostrando los platos típicos, cuando en eso se me acerca Antonio un padre de familia, conocido por mí, bastante jovial, maduro y muy guapo, me saluda y como de costumbre me hace siempre halagos, como: que guapa estás hoy día, lo que daría por salir contigo, etc.
Debo señalar que estoy casada con un hombre mayor que yo hace 25 años, él ya no me acaricia, ni me piropea como antes, solo vive su vida, antes me encantaba hacer el amor con él, pero actualmente, Félix que así se llama, es indiferente en la cama, probablemente no tenga nada que ver con que tan atractiva estoy, tal vez tiene un problema personal, co-mo depresión o estrés que provoca que su deseo se-xual disminuya, quizás tenga problemas no resueltos, resenti-miento, emociones contenidas, entre otras cosas, no lo sé.
Con Antonio estuvimos conversando unos 15 minutos, so-bre los platos típicos, al cabo de un momento se retiró, despi-diéndose con un beso cerca a mis labios y un nos vemos Jua-nita, estás guapísima, enredándose nuestros dedos instinti-vamente.
Luego de una hora terminó mi turno y decidí retirarme, cuando se acerca Antonio otra vez sonriente y me pregunta si ya se retiraba, le dije que sí, pero que todavía se iba a quedar un ratito más, Antonio entonces me cuenta lo que había pasa-do, comenzando una amena conversación, al cabo de una media hora de charla con él, me despido indicándole que debía devolver el traje típico ese mismo día, si no tendría que pagar un sobrecosto, Antonio me dice, ah que bien, yo voy por el centro, ¿te puedo acompañar?, sintiéndome impactada y alagada por su amena conversación, sin pensar le dije que bueno sí. Luego de unos minutos esperamos un taxi, durante la espera recordaba la relación que tuvimos hacía una año en un campeonato de fútbol en el colegio, en ese evento sentíamos una atracción fuerte ambos, yo me sentía apreciada por él y llena de sensualidad, pues en ciertos momentos sentía el rose de su manos grandes con mis nalgas o con mis senos, lo cual me excitaba de sobremanera.
Ya en el taxi, conversábamos de los tiempos de soltería, él me decía que si me hubiera conocido en ese tiempo la hubiera pretendido, conversábamos de varias cosas, cuando descen-dimos del carro y me doy cuenta que no llevaba ropa para ponerme luego de entregar la ropa alquilada, le comento a Antonio y él me dice, no te preocupes, te compro un bonito vestido ahorita, que he visto aquí cerca, acepté y nos dirigimos rápidamente, ya en la tienda, me lo mostró, efectivamente era un bello vestido amplio de seda a rayas rojas y blancas, ceñido a la cintura, largo hasta las pantorrillas, con amplio escote, que hacían juego con mis zapatos negros, no lo pensé dos veces y acepté el regalo, me cambié y cuando salí del cambiador, Antonio quedó maravillado como me quedaba. Fuimos a devolver el traje típico a la tienda, quedando libres, Antonio me invita entonces a tomar unos helados, salimos luego a pasear por el centro de la ciudad, cuando en eso una ráfaga de viento hizo que mi vestido se levantara quedando mi trasero completamente expuesto, no tuve más remedio que poner mi mejor sonrisa, este acontecimiento hizo que mi compañero se emocionara profundamente, entonces se acerca a mí y me dice al oído: ¿eres feliz? Yo con una cara de extrañeza le dije que sí, y le dije que tenía buena familia y un buen trabajo, An-tonio me dice entonces, este… no te gustaría probar cosas nuevas?… En ese momento me sonrojé y le pregunte: ¿Qué clase de cosas nuevas? y él me respondió: pues vamos a un ambiente íntimo, un hostal y te explico, es que aquí hace mu-cho ruido, sumamente turbada acepte la propuesta indecente.
II
Pues bien, no fuimos a un hostal bonito y bien escondido, llamado el Marqués, en el distrito de Mariano Melgar, eran de esos donde entraban parejas para tener sexo, con suites con sauna y jacuzzi, habitaciones alfombradas, TV cable, servicio de restaurant, cocheras privadas; estaba nerviosa, el vestido de seda que Antonio me había comprado, se levantaba con el viento otra vez, dejando al descubierto mis piernas bien tor-neadas. Entramos rápidamente al cuarto con baño, corrimos la cortina y Antonio comenzó a besarme y a desvestirme rápi-damente, yo colaboré ávidamente, hasta quedar con mi calzón blanco y en sostén, los cuales volaron por los aires en unos segundos y de pronto me encontré encima de Antonio que comenzó a proferir términos eróticos como: que hermoso culo tienes Johannita, todo este tiempo he esperado este momento, déjame penetrártelo por favor, yo que había tenido sexo anal con mi esposo hacía unos años, llegó a agradarme, pero dejamos esa actividad pues mi marido se diluyó por razones religiosas, quedando para el olvido; le dije que sí pero tenía que lubricarme bien con un instrumento que Antonio había comprado. Él estaba echado de espaldas en la cama, con su formidable pene bien erecto, me coloque a un costado de él y puse mis senos a la altura de su boca, dejado que me lubricara el ano plenamente con sus largos dedos, gastándose todo un sachet que había comprado, me introducía un dedo, luego dos y hasta tres dedos y solo sentía placer, lo más excitante era de que me chupaba las tetas unas tras otra, haciendo de que éstas se erectaran de una forma poco común, sentía que me las mordía, jugaba con mis pezones con sus dientes deli-cadamente, estaban totalmente mojados y al mismo tiempo continuaba Antonio lubricando mi ano con sus largos dedos el cual estaba totalmente abierto, como nunca. Gracias a este pre calentamiento sentía que estaba al borde de un gran orgasmo, el continuaba ahora chupándome con más fuerza mis tetas y agarrándome las nalgas, especialmente el culo, yo me monté con avidez encima de ese formidable falo erecto, haciendo que la cabeza de éste penetrara mi culo, ¡despacito! por favor le decía, ¡la cabecita nomás! Él lo hacía con mucho cuidado levantado su cintura hasta la parte más alta de mis nalgas, para sentir mejor la excitación me recline hacia atrás, ahora Antonio me agarraba las tetas poderosamente con sus dos manos, yo le decía así, despacito, solo la cabecita de tu rico pene, respondiéndome él con ironía sin dejar de manipular mis tetas con su manos grandes, ¿cuál cabecita? ya te lo metí todito; efectivamente su pene me penetraba por el culo en toda su magnitud y el lubricante cumplía efectivamente su papel , yo sentía que me venía en un orgasmo inmenso, de pronto él se mueve y me hecha en la cama, me levanta rápidamente las dos piernas y se las pone en sus poderosos hombros y me penetra rápidamente por el ano con su pene, que además de estar lubricado naturalmente, se había aplicado el resto del lubricante que estaba tan resbaladizo que se introdujo fácilmente, sin el más mínimo dolor; comenzó a galopar fuerte y sincronizadamente, y yo a punto de estallar en un orgasmo espectacular, gimiendo de placer, ponía con fuerza mi trasero para que me penetrara más y sin robarle un centímetro, de pronto siento que Antonio comienza a ser más frecuente sus movimientos y yo estallo en un orgasmo inmenso que dura unos 10 a 12 segundos gimiendo y gritando de placer, en ese instante maravilloso siento que a él se le hincha el pene y eyacula sobre mí, profiriendo tres gemidos roncos llenos de placer absoluto, sacudiéndose la cabeza de puro placer, luego me besa tiernamente, echándose luego al costado mío, dejándome su semen caliente en lo más profundo del recto, quedando ambos inertes totalmente, fuera de este mun-do. Cuando acabamos Antonio me dijo: ¿te gusto?, en ese momento le quería decir con una satisfacción que me había encantado! lo que hicimos, pero a la vez me sentí confundida por la infidelidad con mi esposo, pero aun así le dije que sí, que si me gustó bastante, Antonio solo se echó a reír y me dijo: cámbiate rápido que ya casi es hora de ir a almorzar, te invito a comer un cebiche en los Calimares. Yo solo hice caso me vestí y fuimos a ese lujoso restaurante en la urbanización Santa lucía en el distrito de Bustamante y Rivero a festejar el acontecimiento, aunque algo en mi me decía que tenía ganas de más de ese fortuito evento.
Javiero







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