RELATOS EROTICOS

CHIMPAR

Categoría(s): Swingerfantasías
Esmerado, imaginativo y en su punto, un carpacho de lubina con erizo de mar; intercambio de puntos de vista sobre penetración anal. Magnífica textura y perfecta cocción de un sabroso pulpo al horno; distintas interpretaciones sobre el significado del término “kinky”. Excelente suavidad la del besugo a la parrilla; acuerdo sobre ver a tu pareja disfrutando con otra persona como una de las bellas artes. Delicioso helado de mandarina cubierto de negro y candente chocolate fundido; cómplices sonrisas que taladran la ropa, cortan el aire, atornillan las miradas. Envidia vibrando en las mesas de alrededor. Un rioja de los que quitan el hipo inspira el banquete; pareja swinger prometedora, cautivadora, encantadora… defraudadora. Porque el que insinúa, afirma, confirma y luego no da nada, simplemente, estafa.

El resultado de una espléndida velada en Galicia, incluyendo cena, flirteo, deseo y erotismo, se fue al “carallo” en cuanto, ya en la cama del hotel, dio comienzo la danza. Dicen ser como esas parejas de los portales swinger que indican en su perfil: “intercambio completo, en la misma habitación”. ¡Y una mierda! Mira que hubo un par de detalles que deberían habernos hecho saltar las alarmas, que aquello era un timo, pero el clima creado desmentía cualquier suspicacia (en gran parte por mi culpa, al dejarme engatusar por las alabanzas sobre mi forma de escribir). Durante un instante, mientras el gallego y yo estrechábamos redes, sentí que algo raro ocurría a mi lado, pero en la penumbra no pude apreciar con exactitud lo que estaba ocurriendo. Según supe después, ella rehusaba besar o ser besada por mi chico; sólo agitaba sin gracia su pene de manera convulsa, dolorosa e interminable. Él se empleó a fondo intentando deshelarla (recursos y sensibilidad no le faltan, os lo aseguro), pero salvo unos dedos en que ella chapoteó un instante mientras disfrutó de un silencioso orgasmo, el resto del tiempo se mantuvo apática, desdeñosa y distante. Mientras tanto, mi gallego de marras, intentó penetrarme sin condón; imbécil de mí, debería haberle mandado a tomar viento en ese punto. Aunque mi chico se rindió pronto, ella persistía en el paripé masturbatorio, a la espera, suponemos, de que su pareja terminara la faena. Lo peor es que mi chico no quiso hacer publicidad del asunto, porque se figuraba que yo estaba disfrutando. Si hubiera sabido que el tipo besaba como el culo y follaba bastante mal... En otras ocasiones ha sido al revés: quien se ha comido el marrón he sido yo mientras él se divertía considerablemente. Aunque, si lo pienso mejor, no se puede comparar; que a tu “partenaire” se le encasquille el arma puede deberse a un exceso en el consumo de alcohol, cansancio, o a deficiencias que podría solucionar con una pastillita azul pero que por orgullo o vergüenza no se atreve a comprar, no por falta de deseo; eso no llega a perturbar tu autoestima, sólo tu placer.

“Se ha bloqueado, le pasa a veces”, dijo él. ¡Ni de coña! Estoy segura de que éste es su “modus operandi”. Ella, obligada por amor (o lo que sería peor: por conservar un nivel de vida elevado), le acompaña en sus aventuras y, sin participar en ellas, finge una mínima actividad con la que dar tiempo a su marido. Frustrante. A mi chico, como dicen ellos, “chimpárono do leito”.

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